lunes

Volvió una tarde.


 


 

Regresaste sin que nadie te hubiera llamado. Regresaste sola, como te fuiste. La verja semiabierta te estaba esperando, solo ella, los demás ya se habían ido.

¿Qué viniste a buscar? Te preguntan los rosales que han trepado hasta cubrir las ventanas. No los escuchás, pero ellos sí, oyen tus pasos, te observan. Desde el limonero te miran los azahares, los mismos que cada primavera prendías en tu pelo.

Recorrés el pasillo y la galería te abre los brazos, con sus viejos sillones de mimbre. Todo está igual, abandonado, pero igual, un velo de polvo cubre cada recuerdo, un viento desconocido surge desde el fondo del tiempo y gime, agita tu pelo y al cerrar los ojos, volvés a escuchar las voces lejanas que te hablan, te rodean los besos que no diste, los abrazos que negaste, el amor que dejaste arrumbado en un rincón. Cuantas cosas perdiste. ¿Habrá valido la pena?  Sólo vos, tenés la respuesta.

Abrís la puerta, suena a oxido la llave, huele a humedad y abandono la casa, te estremece el frío de años, que reina en los ambientes.

¿Por qué nos abandonaste Raquel? Te preguntan los fantasmas del ayer, que abren la puerta, te van empujando y te llevan sobre una alfombra de hojas acumuladas, y te dejan en la puerta de calle, y la verja se cierra y el sonido enmohecido de una llave invisible, te dice que ya, ya no volverás a entrar.

 


Reeditado.

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