lunes

Misterios humanos.


 

Miré la hoja de hierba y me acordé de Whitman, filósofo y viejo sabio, cada frase de él lleva a la meditación; “No dejes de pensar que las palabras y la poesía pueden cambiar el mundo”

¿Puede el hombre cambiar el mundo?

Si quisiera, sí. Pero los intereses de unos son más fuertes que los sueños de libertad y paz de otros.

La naturaleza toda es bella, cada flor nace sin pretensiones, embellece cumple su ciclo y se va, deja el recuerdo y su imagen en la memoria. Nos deslumbra, color y tersura son la muestra de que es única. Nada se le parece ni otra flor de la misma especie; es perfecta. No tiene inteligencia ni razonamiento, solo cumple su tiempo.

El ser humano nace inteligente, único y casi perfecto. luego la vida con manos invisibles va sembrando virtudes… o sombras. A veces por el contrario ambas habitan juntas.

Intentando entender el porqué de las guerras y la maldad, terminé perdida en un laberinto que no me llevó a ningún lado, solo me quedó claro que mi razonamiento es muy humilde para embarcarse en tanta filosofía.

Y, sin embargo, el mismo ser humano: que descubre, perfecciona formas de hacer la vida más cómoda; el que, tras estudios sistemáticos, logra curar enfermedades que antes lo llevaban a la muerte, es también quien por ambición y egoísmo destruye naciones e incendia la tierra.

Cuesta entender que un mismo ser salva vidas y crea guerras. Un humano que se deja caer en la oscuridad creyendo que es inmortal y solo es   un ser incapaz de salvarse por sí mismo.

El mayor de todos los misterios es el hombre

Sócrates.




 

 

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