viernes

El velorio.




Ofelia caminaba y gemía, las plantas de sus pies se iban abriendo a cada paso. Se secó el sudor de la cara y siguió más lenta en su andar. Faltaban tres cuadras para llegar a la casa del compadre Montero.
—¡Buen día doña Ofelia!
La voz de la carancha resonó en la calle y la saco de sus pensamientos. Siempre andrajosa, la carancha, era la curandera del pueblo. Especialista en curar la pata de cabra y mal de ojo. Su casa era un ir y venir de vecinos enfermos y acongojados. Ella sabía curar con la palabra y a veces hasta con algún tecito.
—Camina despacio ¿Qué le pasa? —pregunto mirándole los pies con curiosidad.
—Me duelen —se saco la alpargata y le mostró las llagas. La otra frunció la cara.
—A la tarde, después del velorio voy para su casa y la curo —siguió andando.
Pasaron la panadera y doña carmen, saludaron y siguieron. Doña Ofelia se iba quedando atrás. Hasta la vieja Deolinda con sus noventa años, cruzó a su lado y se adelantó. Parecía que todos estaban apurados para ir a una fiesta, no a un velorio.
En la esquina como un poste esperando la nada, estaba el José. Tan borracho como siempre. Sin palabras, se saco el sombrero, inclinó la cabeza y volvió a su posición de estaca. Pensar que de joven me arrastraba el ala, se dijo Ofelia, de buena me he salvado. Bah… mi marido no fue una joya, no era bebedor, pero era mujeriego, dicen las vecinas que debe haber dejado hijos guachos por ahí. Que cosas tiene la vida, y conmigo ninguno. Pero era bueno, siempre regresaba a mí lado. Ofelia se conformaba con pensar que regresaba porque la quería., en verdad nunca creyó que dejara mujeres preñadas y se mandará a mudar como contaban las chusmas del pueblo.
Ya el sol daba de pleno con fuerza sobre su cabeza. Ofelia bufaba, el cansancio se le licuaba en el cuerpo. Faltaban dos cuadras.
Vio llegar por la calle del río, a don Soler, el que fuera patrón de su marido. Buen hijo de perra es este también, dijo en voz baja. Él hizo como que no la vio y siguió por la vereda de enfrente. Las veces que lo habré mandado a la mierda, siguió hablando sola. Se me venía al rancho cuando el Gaspar salía a entregar reses al matadero, siempre ofreciendo regalos, previo paso por la cama del señor patrón, claro está.
Ella era leal a su marido, aunque él a veces desaparecía por semanas, a veces meses. Nunca se le cruzó por la cabeza engañarlo. A veces de reojo lo miraba al patrón. Era buen mozo, siempre de punta en blanco. Pero ella no se dejaba tentar. Aunque las escapadas de Gaspar la sumían en la soledad y la carne le reclamaba amor, ella se daba una ducha de agua fría y borraba los malos pensamientos.
El viejo Soler cruzó a su vereda. ¿Y ahora que quiere? Nada. No dijo nada, la miró con ojos libidinosos y adelanto su paso.

La muerte de su compadre la tomó por sorpresa ni sabía que estaba enfermo. Que hombre extraño, pensó, siempre solo, sin hembra al lado, hasta aquella tarde que se apareció en el pueblo con la Jacinta embarazada. Todos nos sorprendimos, ella era tan joven. Jacinta tenía dieciocho y el pasaba con holgura los treinta, aunque aparentaba más.
Era tan parco, siempre evitando a la gente. Su mujer resultó igual, encerrada en su casa, hasta al bebe mezquinaba cuando nació. Los vecinos, todos fuimos a visitarla con alguna chuchería para el crío. Ella agradecía y decía que el chiquito dormía, no lo mostraba.
Cuando el chico cumplió trece años lo mando a la casa de su madre, a la capital, para que estudie y se haga un hombre de bien, así decía. Ahora debe tener unos veinte años.
Sentía la boca salada, menos mal ya faltaba poco.
La casa del compadre estaba de puertas abiertas. Un coro de sollozos y el olor a flores salió a recibirla. Al entrar se apoyo en la puerta, no daba más. Detrás de ella entraron las hermanas del compadre, se santiguaron, entre gemidos y gritos que se notaban fingidos. Ella esbozó un apenas audible: Buenos días y buscó con la mirada a la Jacinta, no la encontró. Se acercó al cajón. Un coro de mujeres rezaba. El humo de los cirios cubría el ambiente con un celaje gris. Se estremeció, había algo en el aire o era ese maldito dolor en sus pies. Se apoyó en la pared, alguien le acercó una silla.
Qué está pasando, se preguntó, todos la miraban a ella. Sus miradas eran diferentes, algunas eran de conmiseración, otras de burla, tuvo ganas de gritarles: ¡Oigan, no es mi marido el que está ahí! ¿Por qué me observan así?
Las velas dejaban caer su cera formando en el piso un charco blanco. Los ojos de Soler la seguían raros, descubrió en ellos una mezcla de ternura y pena.
¡Qué mierda está pasando!
Y de golpe, como si una mano fuerte le hubiera dado vuelta la cara de un sopapo: entendió.
En el marco de la puerta que daba a la cocina, estaba la Jacinta de pie, abrazada a un muchacho de unos veinte años. Tembló, intento ponerse de pie y no lo consiguió. Soler la tomó del brazo, la sostuvo.
Se acercó al joven, sin dejar de mirarlo. No lo podía creer. Era la figura, el porte, la mirada de su Gaspar.

30 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Buen relato.

Bien escrito.

Gaspar era bravo, parece.

Un abrazo.

William dijo...

Que buen cuento! en algunas frases me atrevo a decir que había un aire a Cortázar.
Me encantó la vuelta inesperada y esperada a la vez del final (no encuentro otra forma de explicarlo).
Un gusto leerte! (como de costumbre)
Besos!

Paco Merlo Ansin dijo...

Hola!! Ya sabrás que sigo tu blog y seguramente el mio te interese. Disfruto y aprendo mucho con tu ingenio, tu manera de ver la vida, de vivirla, tu arte ... y de lo que nos transmites. Yo humildemente intento aportar lo que pueda, te regalo mis flores, te dejo paraguas, comparto contigo mi gente (compañeros de trabajo, familia,mis mascotas, mis vecinos, también mis vecinas!) y quizas estes esperando a que publique más fotos. En esto último mi cabeza divaga, duda y parece que nunca me voy a decidir... Y tú esperando ...

Josep Capsir dijo...

Bueno, bueno, bueno... Un relato muy ameno y con ese final tuyo, que ya no solo resulves en la última frase, esta vez has esperado a la última palabra.
Enhorabuena

Soñadora dijo...

Sorpresas nos da la vida! Qué bien describes Mariarosa, casi casi estuve ahí.
Besitos,

ADELFA MARTIN dijo...

Excelente...Uyy..cuantos de esos "sofocones" se llevò mas de una, y digo se llevò, porque ahora es mas dificil ocultar ciertas cosas...aun en los pueblos...

abrazos

Gladys dijo...

Hola amiga como siempre tu cuento muy entretenido, me parese que de otra epoca por que creo que hoy
en día no hay muchos que crean en curandero,o si, bueno pero tu escribes muy bien llevas al lector enganchado de principio a fin.
Un gran abrazo amiga que tengas un feliz fin de semana.

Gladys dijo...

Hola amiga como siempre tu cuento muy entretenido, me parese que de otra epoca por que creo que hoy
en día no hay muchos que crean en curandero,o si, bueno pero tu escribes muy bien llevas al lector enganchado de principio a fin.
Un gran abrazo amiga que tengas un feliz fin de semana.

Mª Teresa Alejandra Francesca dijo...

Buen relato y bien descripto y adeamásmuy largo, buena prosa!1

un abrazo

Marisa dijo...

Un relato muy bueno, con el sabor lingüístico de Hispanoamérica, y con una trama y estructura que no tiene nada que envidiarle a los grandes escritores de cuentos de tu país.
Excelente. Me ha gustado mucho. Nunca nos defraudas, Mariarosa.

Un abrazo.

mariarosa dijo...

Hola a todos.

Gracias por los lindos comentarios, me alegran.

Quiero aclarar para los que no conocen las costumbres de mí país, que las curanderas, existen. No es una costumbre de otra época, son una realidad.
En las ciudades grandes, no son tan comunes, pero en los pueblos del interior, como el que se cuenta en mi relato, sí, están, y se confía en ellas.

Es más, he leído que en algunos países de America Latina, se cree en Gnomos y duendes. Yo no lo creo, como no creo en curanderas, pero es una realidad y me gusta tenerlas presente y transmitirlas para darle mayor vivencia a mis cuentos.
Quería aclarar este detalle.

Un beso a todos y gracias.

mariarosa

MAJECARMU dijo...

Maria Rosa,te agradezco los mensajes que me has dejado en estos meses..Ya os dije que no os olvido y volvería..Lo hago poco a poco y quedo encantada de nuevo con tu relato de un realismo constumbrista impecable.
He llegado paso a paso al velorio,saboreando la vida,la humanidad y la esperanza,que fluye en el camino..Magistral ese final,que deja desconcertada a la protagonista.
La vida nos sorprende siempre,tú me has sorprendido gratamente.
Te dejo mi abrazo y mi ánimo siempre,amiga.
M.Jésús

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Mariarosa:

Después de todo el Gaspar se salió con la suya y la pobre Ofelia se llevó la sorpresa de su vida.

Buen relato, con todos lo ingredientes que resaltan las costumbres y tradiciones de nuestros pueblos.

Abrazos.

Esmeralda Martí dijo...

Qué bueno volver y encontrarte en tu salsa, ofreciendo una prosa interesante, llena de personajes de peso, con una trama profunda... Caminamos pasito a paso al final magistral y sorprendente... Qué buen regalo, amiga. Gracias.
Besitos

disancor dijo...

Hermoso relato, bien escrito, y que mantiene el interés hasta la última palabra.
Un saludo cordial.

lemaki dijo...

Sí, es muy agradable tu lectura. No conocía la existencia de las curanderas, pensé que eran de otra época.

Pero al final Gaspar sí tenía algún por ahí, a pesar de que Ofelia confiaba en él.

Leer tus relatos y cuentos es adquirir conciencia de cómo se vive otras culturas diferente a la mía. Es interesante, con otras expresiones y puntos de vista.

saludos.

Alexander Camelot dijo...

Hola Maria Rosa...bello post, felicitaciones!
Vengo a saludarte y desearte una hermosa semana..

Cuando te duele mirar hacia atrás y te da miedo mirar adelante, mira hacia la izquierda o la derecha y allí estaré, a tu lado.


Acabo de publicar dos capítulos juntos de mi novela.
Según tus deseos te pego el link para que puedas leerlos con más comodidad..

http://creatividadyletras.blogspot.com/2010/09/regreso-casa-capitulos-vi-y-vii.html

Que la vida te sonría hoy y siempre..

Alexander♥

Leo dijo...

Que trama tan buena y que final inesperado, jajajaaa me dejó asombrada, escribes muy bien, precioso, no contaba con ello.
Gracias Maiarosa por compartir.
Abrazosssss
Leonor

Mercedes dijo...

Me alegra que, como siempre, a mi vuelta estuviese esperándome uno de tus magníficos relatos, en esta ocasión con un inesperado final. Ha sido un placer volver a tu casa.
Nos seguimos leyendo en esta nueva andadura bloguera.
Un abrazo y hasta pronto.

Mabel dijo...

Ay como me gusta eso finales inesperados, que define el relato en las últimas palabras.
Me encanta como escribís!
Como le he dicho a otros amigos, te leo siempre aunque no deje comentarios, son tantos hoy por hoy, los amigos, y tan poco el tiempo que tengo para comentar a todos.
Besos

campoazul dijo...

¡Que bueno! Es un relato precioso y muy real por los pueblos, donde todos se conocen y no hay donde esconderse de miradas que te estudian muy detenidamente. Sinceramente me encanto.

Besitos.

tia elsa dijo...

Bueno siempre dicen que el último en enterarse es el cornudo/a, cruel descubrimiento. Muy bueno el relato, besos tía Elsa.

medianoche dijo...

Excelente relato narrado muy bien.

Besos

Alexander Camelot dijo...

Me da mucho gusto saber que mis escritos sean de tu agrado,espero poder seguir compartiendo mis letras contigo.

¡Gracias! por tu visita.

Saludos cordiales y un fuerte abrazo fraterno para ti.

Sinceramente...

Alexander♥

El ave peregrina dijo...

Mariarosa, un relato hermoso donde describes muy bien esa vida en conjunto...pero el final es el que lleva ese aire...especial.

Un placer leerte,amiga.

Besos.

Carla dijo...

Escelente escrito! Muy bien puesto en escena!

La abuela frescotona dijo...

hermoso escrito, relato de los pueblos chicos, tan lleno de color.
muy ameno, Mariarosa.
dejo mi saludo para ti, amiga mia

Robërtier dijo...

Siempre es un placer leerte.
La cadencia del relato, me hace vivir en los personajes.

Un abrazo,

angel dijo...

Hola mariarosa: Excelente y entretenido post.
Con un final inesperado.

Bikiños. Ángel.

caracola dijo...

¡Que placer descubrir tus letras!

Agradezco tus atenciones y la oportunidad de descubrir tu espacio.

Fabuloso relato.

Mi aplauso y mi abrazo.

Retazos.

Nací en un barrio-campo, entre el verde de la alfalfa y calles de tierra, con mariposas mañaneras y luciérnagas nocturnas, dond...