sábado

La gran obra.



Cuando la humanidad quedó estéril, la ilusión se borró de la vida de los hombres.

Con esta frase, puso punto final a su gran obra: Julián Amendola.
El gran escritor contemporáneo de ciencia ficción. Pero todo gran artista suele no ser reconocido en su ambiente.
Los que lo rodean, no lo comprenden. Mientras escribía su obra, fueron sucediendo situaciones ajenas a su mundo de escritor.
Su esposa, furiosa porque no le prestaba atención, preparó sus valijas y lo abandonó.
Su madre cansada de llamarlo constantemente a su celular y encontrarlo apagado, decidió casarse con un joven que prometió cuidarla y amarla hasta el fin de sus días.

Cuando Julián finalizó su libro, y quiso retomar la vida familiar. Surgieron problemas.
No encontraba a su esposa ni a su madre. Sus amigos lo habían abandonado.
Nadie había comprendido la profundidad de sus letras ni su investigación. Su tema era la soledad del hombre. Él no podía inventar, tenía que escribir con fundamento, así que estudio con seriedad e investigó con los mejores referentes en el tema. El tiempo fue pasando sin que él se diera cuenta.

Ahora, el desamparo había venido a instalarse en su casa, se siente enfermo en el silencio, sin teléfono, sin voces queridas. Sus amigos no lo llaman como antes a tomar un café y charlar de bueyes perdidos.
¡Solo, igual a un perro callejero! Así se siente.
Decidió que sería bueno que él tomara la iniciativa. El primero que llamó para invitarlo a comer, fue a García.
Luego de hablar con la hija, su corazón comenzó a golpear como una marimba y cayó sentado en la silla; ¡García había muerto!
Cuando se repuso, llamó José Filiberti, su compañero de toda la vida. Habían estudiado juntos desde la primaria hasta a la universidad. Nadie respondió.
Llamó a Bermúdez, su vecino del cuarto B, acostumbraban a tomar juntos el café de la tarde. Atendió la esposa y le dijo que estaba internado en un geriátrico con demencia senil.
-¿Demencia senil? pero es muy joven- respondió
-Tiene ochenta y nueve años- aclaró la esposa.
Colgó.
¡Ochenta y nueve años!
Pero si teniamos la misma edad –exclamó en voz alta— mientras desde el espejo del living, la cara apergaminada de un anciano desconocido lo miraba.

26 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Que bueno!

Que bueno!!

No puedo decir otra cosa.

Excelente.

Un abrazo.

Pluma Roja dijo...

Una entrada genial, tanto tiempo perdido o ganado, quien sabe. Pero así es la vida de los seres humanos.

¡Fabuloso María Rosa!

Saludos cordiales.

mariarosa dijo...

Gracias Gaucho, gracias Aida, siempre es un placer tenerlos por mi casita.

Besos.

mariarosa

Mabel dijo...

Hola María Rosa, el tiempo pasa y trae sus consecuencias, muy real lo relatado.
Paso a saludarte, agradecerte tu visita y dejarte la dirección de mi nuevo blog, http://miguitasmimosyregalos.blogspot.com
Besos

Man dijo...

Cuando he empezado la lectura no sabía si era real o ficción y un escalofrío ha corrido todo mi cuerpo cuando he terminado de leerlo.
He buscado en Internet Julián Amendola para ver si encontraba algo.
No sé si habrás escrito algún relato mejor que este, pero este merece estar el los libros de texto-
Me h gustado muchísimo y me está haciendo pensar.
Gracias y un abrazo

Josep Capsir dijo...

Eres un genio Mariarosa, magnífico giro de timón final. Ya es verdad que cuando uno escribe, llega a perder la noción del tiempo...
Un beso

Rosa dijo...

Es realmente precioso no se puede decir mas amiga
Un besito Rosa

Ligia dijo...

Una historia muy buena. Toda una vida resumida en pocas palabras. Abrazos

angel dijo...

Vuelves a tener algo en mi blog.

Bikiños. Ángel.

Poeta del Cielo dijo...

lindo texto... mucho sentir de esa historia de principio a fin.... una vida con obra al fin al cabo..... dejo huella en ella....lindo amiga

saludosç
abrazos

linda semana

ADELFA MARTIN dijo...

La soledad del anciano, algo que tristemente a veces nos pasa desapercibido, no se compara a la senilidad...a olvidar...a dejar de estar presente en su propia vida, en sus recuerdos...

abrazos


muy hermoso

Netomancia dijo...

Grandioso Mariarosa, en esa eterna búsqueda del reconocimiento, la muerte se regocija al final del pasillo. Para uno o para otros, da igual. Todo nos toca.
Saludos!

disancor dijo...

Excelente entrada, y naravilloso joven con 89 años.
Un saludo.

William dijo...

wow!!! me encantó tu entrada. En serio, me dejaste sin palabras.
Abrazo desde el fin del mundo!

lemaki dijo...

Es cierto, vaya manera de escribir!!

la soledad, tan difícil de llevar y aceptar, aún más a determinada edad, recuerdo a mi abuela...

Para llevar el alma hasta sus estratos más profundos,
hasta la llama última en que se quema permanentemente,
basta empapar los ojos un poco en el recuerdo o en la noche sin lámparas o en la soledad o en el amor que es como la soledad, el recuerdo o la noche cuando caen de súbito sobre los párpados.
Basta cerrar los ojos todavía mojados en la luz subterránea
y abrirlos a un espacio de cenizas y lágrimas.

Dionisio Aymará

Me gustó mucho este relato. Desde la frase con la que concluye el libro, las respuestas que le van dando a sus preguntas acerca del paradero de su familia y amigos hasta las últimas líneas, cuando descubre su edad... la mente y el cuerpo a veces no se llevan bien entre ellos.

saludos.

Mª Teresa Alejandra Francesca dijo...

A veces la vida es muy injusta como relatas en tu texto.

No se reconoce el mérito de la persona hasta que ésta muere. Qué pena.

un abrazo

Soñadora dijo...

Y así se le escapó toda la vida? Que triste no?
Besitos,

Marisa dijo...

De una fuerza descomunal tu texto, Mariarosa.

Narras, a través de la ficción, y con una sencillez y elegancia, el eterno y gran problema de aquellos ( que son muchos) que no desean vivir y sentir el calor del amor de quienes le aman, prefiren amarse a sí mismos con el aroma del egoísmo, en el mar de la propia soledad que, inexorablemente, les acaba por ahogar.

Excelente. Un texto perfecto, de un contenido demoledor, de una verdad absoluta.

Mis más sinceras, sinceras, enhorabuenas.

Un abrazo.

Gladys dijo...

Muy interesante relato amiga.
te comunico que en mi blog de premios tienes un premio para ti.
Abrazos que estes muy bien.

reltih dijo...

qué interesantes son tus escrito. un gustazo leerte.
besos

Mercedes dijo...

Creo que, a pesar de todo, es lo mejor (¿o quizás lo más lógico?) que le podía pasar a un escritor de ciencia ficción...!

Excelente, Mariarosa, excelente! Qué bien volver a leerte! Porque sí, se me acabaron las vacaciones y ya he regresado, snif...!

Un abrazo!

angel dijo...

Hola mariarosa: Acabo de llegar de mis vacaciones, y ya me estoy poniendo al día en todos los blogs.

Excelente relato, en el que se puede comprobar una vez más que el Tiempo y la Soledad. Son 2 de los descubrimientos de la vida.

Habrá quien esté a gusto, sólo/a y viejo/a y otros/as no.

Bikiños. Ángel.

Reìna de Cåmelot ♥ dijo...

OYEEEE!!! Me Puedes Prestar Dinero....Es Que Necesito Llamar Al Cielo, Hablar Con Dios Y Darle Las Gracias Por Haberte Traido A Mi Vida. ***Te Quiero Demasiado***

Abrí mi Corazón.

Hablé de nostalgia,

arrullé sueños

Desperté recuerdos

Creí en el bien,

Y finalmente,agradecí a Dios.

Y cuando me di cuenta,

¡Estaba rodeada de Amig@s!.

¡Había conquistado la amistad

¡TÚ AMISTAD!

MI DESEO PARA TI, ES QUE EN ESTE DÍA

LO PASES LLENO DE,

HERMOSAS BENDICIONES Y MUCHA ALEGRÍA

TE DEJO TODO MI CARIÑO CON TODO MI CORAZÓN...

No olvides pasar por mi blog a retirar unos premios que quiero compartir con vos!!!

San♥

Alexander Camelot dijo...

Hola!
Gracias por tu visita y comentario...
Un amigo es la persona que nos muestra el rumbo y recorre con nosotros una parte del camino.
Un abrazo envuelto en cariño

Alexander♥

Robërtier dijo...

Te felicito, me tomaste de la mano a beber de la imagen.

Primavera en Otoño dijo...

Como me ha gustado este relato y el final sorprendete.
voy a mirar todo lo que escribe porque realmente me gusto mucho.
Primavera

Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé, que me han contado o que escuché el un micro de viaje y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa