domingo

Mi casa vieja.


 


 

Están por llegar esos jóvenes que se van hacer dueños de mi casa, y porque tienen dinero se van a apoderar de mi jardín, mi cocina, mi sillón de pana azul, ese que he cuidado con tanto amor y en el que mi padre leía el diario todas las mañanas.

Cada detalle de esta casa tiene su historia, fue de mis abuelos, ellos la construyeron, de mis padres y ahora solo quedó yo; Barbarita Fuentes, pobre y vieja, y como no puedo pagar los impuestos atrasados, la municipalidad les ha entregado a esos dos prepotentes mi casa, parece mentira cuantas cosas se compran con dinero. Prepotentes, si, eso son, llegaron con sus amigos a mostrarles cada detalle, se enamoraron de las cortinas de terciopelo, dijeron que era algo raro de ver, pero que les encantaba y mientras recorrían  los cuartos, me observaban de reojo, hablaban en voz baja y comentaban entre risas. ¿Qué tiene de gracioso una mujer de noventa y dos años?

Les gustó mi cama, se subieron y saltaron sobre ella sin respeto a mi presencia.

¡Mal educados…!

¡Mira la cocina, es antigua y como brilla!

Dijeron mientras pasaban sus manos por la mesada, en ella mi abuela me enseñó a preparar la torta de manzanas y amasé mi primer pan, ellos no sabrán nunca cuánto amor sembraron las mujeres de esta casa en cada detalle de esta cocina, en la mesa, sillas, el mantel de hule y en los platos de loza con florcitas azules.

Mañana tomarán posesión de la casa y está noche viajaré a Olavarria, mi prima Jacinta me espera y se alegró de que viviré con ella. Seremos dos viejas juntas, anulando la tristeza y la soledad.

 

Era de noche cuando doña Barbarita cerró la puerta y salió caminando despacio, la calle era una boca oscura, no le dio miedo, cargaba un bolso con poca ropa. El micro para Olavarria saldría en una hora. No volvió la vista atrás, no hacía falta, sabía que las lenguas rojas y amarillas en pocos minutos consumirían toda su historia, pero la verdadera, esa la llevaba guardada en su memoria y en su corazón.



13 comentarios:

J.P. Alexander dijo...

Me gusto el relato. Te mando un beso.

Susana Moreno dijo...

Una historia dura y real. Un beso

Campirela_ dijo...

Tus historias son muy bonitas y siempre nos dejan pensativas, porque hay mucha realidad en ellas.
Un besazo, feliz semana 😘

Cabrónidas dijo...

Si es que todo está condenado a envejecer.

ETF dijo...

Qué historia tan honda, María Rosa. Lo que más conmueve no es solo la injusticia de ver cómo una vida entera puede ser desplazada por el dinero o la burocracia, sino la dignidad silenciosa con la que doña Barbarita atraviesa ese despojo. Cada objeto que mencionas (el sillón de pana azul, las cortinas de terciopelo, la cocina donde se amasó pan y memoria), está cargado de afecto, de generaciones que dejaron allí su huella. Por eso duele tanto la mirada frívola de esos jóvenes, incapaces de comprender que una casa no es un conjunto de cosas bonitas, sino un territorio de historias. Y, aun así, la protagonista no se quiebra: camina hacia la noche con la serenidad de quien sabe que lo esencial no se pierde, porque lo lleva dentro. Ese final, con las lenguas de fuego consumiendo lo material mientras ella conserva intacta la verdadera casa (la de la memoria y el corazón), es de una belleza triste y luminosa a la vez.
Gracias por este relato que toca fibras profundas y nos recuerda que la vida de una persona cabe en un bolso pequeño, pero también en un mundo interior que nadie puede arrebatar.
Un abrazo.

Lu dijo...

Hola María Rosa. Triste relato. Lo narras tan bien que esos detalles nos dan una clara idea de cuánto amor hay puesto en esa casa, de cuántos recuerdos y apego siente por ella esa anciana.
Pero, si vale... ¡luminoso final! (Y no solo por las luces del fuego)
Ella llevará siempre su corazón impregnado de los recuerdos del tiempo pasado en ese hogar.
Y, seguirá su vida junto a su prima Jacinta
Beso ¡buena semana!

Ester dijo...

Tan bonito como triste, dejar una casa no es un abandono es un desconsuelo porque no cabe todo en el bolso. Un abrazo

Soñadora dijo...

Impactante relato. Cuantas injusticias se cometen bajo la protección de "la ley". Tomo una decisión drástica, arrasar con la parte material de la historia, el resto, lo valioso, va con ella en el corazón.
Abrazos

Antorelo dijo...

Una historia demasiado triste, pero, desgraciadamente, bastante habitual. Como siempre, muy bien cantada,. Un abrazo

🌺 Hada de las Rosas 🌺 dijo...

Es una historia maravillosamente triste y real pero, no entendi del todo... ella prendera fuego la casa? parece que si, quizas es un ultimo acto de amor torcido, prefiere verla arder antes que verla profanada. Tomo una decision radical.
Perfecta historia, mi querida MR!

Ernesto. dijo...

Entrañable historia. Muy humana!
Abrazo, Mariarosa.

Laura. M dijo...

El dinero ese poderoso "caballero" que todo lo puede. A Barbarita le quedan los buenos. recuerdos. Gracias Mariarosa.
Buen domingo.
Un abrazo.

Conchi dijo...

Tierna y a la vez muy triste la historia que nos traes María Rosa, los buenos recuerdos los llevará siempre en su corazón.

Abrazos.

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