Están por llegar esos jóvenes que se van hacer dueños de mi
casa, y porque tienen dinero se van a apoderar de mi jardín, mi cocina, mi
sillón de pana azul, ese que he cuidado con tanto amor y en el que mi padre
leía el diario todas las mañanas.
Cada detalle de esta casa tiene su historia, fue de mis
abuelos, ellos la construyeron, de mis padres y ahora solo quedó yo; Barbarita
Fuentes, pobre y vieja, y como no puedo pagar los impuestos atrasados, la
municipalidad les ha entregado a esos dos prepotentes mi casa, parece mentira
cuantas cosas se compran con dinero. Prepotentes, si, eso son, llegaron con sus
amigos a mostrarles cada detalle, se enamoraron de las cortinas de terciopelo,
dijeron que era algo raro de ver, pero que les encantaba y mientras recorrían los cuartos, me observaban de reojo, hablaban
en voz baja y comentaban entre risas. ¿Qué tiene de gracioso una mujer de
noventa y dos años?
Les gustó mi cama, se subieron y saltaron sobre ella sin
respeto a mi presencia.
¡Mal educados…!
¡Mira la cocina, es antigua y como brilla!
Dijeron mientras pasaban sus manos por la mesada, en ella mi abuela
me enseñó a preparar la torta de manzanas y amasé mi primer pan, ellos no
sabrán nunca cuánto amor sembraron las mujeres de esta casa en cada detalle de
esta cocina, en la mesa, sillas, el mantel de hule y en los platos de loza con
florcitas azules.
Mañana tomarán posesión de la casa y está noche viajaré a
Olavarria, mi prima Jacinta me espera y se alegró de que viviré con ella. Seremos
dos viejas juntas, anulando la tristeza y la soledad.
Era de noche cuando doña Barbarita cerró la puerta y salió
caminando despacio, la calle era una boca oscura, no le dio miedo, cargaba un
bolso con poca ropa. El micro para Olavarria saldría en una hora. No volvió la
vista atrás, no hacía falta, sabía que las lenguas rojas y amarillas en pocos
minutos consumirían toda su historia, pero la verdadera, esa la llevaba
guardada en su memoria y en su corazón.

1 comentario:
Me gusto el relato. Te mando un beso.
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