miércoles

Con trenzas y flequillo.




Cada tarde repetía el mismo ritual, subir la escalera, cruzar el puente de hierro con piso de madera hasta la mitad y allí esperar que su figura  de metal  se anunciara a lo lejos con su  música de rieles  y durmientes estremecidos por la velocidad. Me pregunto qué me llevaba hasta él, a ese temor que su imagen representaba, sería un anunció de lo que la vida traería en su devenir, no lo sé.
A medida que se acercaba, me asomaba para verlo, primero tímidamente, ya que el miedo me conmovía, su soplo me pegaba en la cara con sus manos de tierra, despeinaba mis trenzas y dejaba mi flequillo en posición de remolino. Y cuando nuestro encuentro ya era inminente, el ruido era ensordecedor, me sujetaba con fuerza al borde de hierro del puente y tenía el sobresalto de que el viento me iba a llevar en su vuelo.  El piso de  madera gemía con el impulso  del tren, miles de voces unidas en un grito, era extraordinario. Duraba pocos segundos, hasta que al alejarse se llevaba en su viaje mis estremecidas sensaciones y su música de acero se perdía  lentamente hasta ser sólo un  murmullo. Le gritaba adiós y me iba pensando en regresar al día siguiente.
Hoy lo espero aferrada al borde de mi balcón, cierro los ojos, me llega el crepitar de los vagones al cruzar la estación y a pesar de la distancia  el viento me vuelve a golpear la cara y mi melena  vuelve a ser un remolino enloquecido.

23 comentarios:

Omar enletrasarte dijo...

me gustó,
fue una amena lectura
saludos

José Manuel dijo...

Aferrada al recuerdo que le hizo vibrar de emoción...como si el tiempo no hubiese transcurrido.

Un abrazo

elisa lichazul dijo...

cuando era nena la casa de mis padres quedaba cerca del paso del tren
tu trabajo me abrió la nostalgia

besitos

Rafael dijo...

El tren siempre ha dejado recuerdos y nostalgia en los poetas y escritores.
Un abrazo.

maria del carmen nazer dijo...

Hola María Rosa ! Impecable tu relato COMO SIEMPRE. A mí me encantan los trenes.
Por acá no pasan más o yo ya no los miro.
Me gusta mucho leerte.
Besos de luz.
FELIZ TARDE NOCHE.

TIGUAZ dijo...

Por delante de la casa de mis abuelos, pasaba la vía del tren, un maquinista que era de un pueblo cercano cercano, su nombre era Lillo, tiraba brinquetas de carbón que era el combustible de aquellas antiguas máquinas y que servía de alimento a las estufas. Me hiciste revivir por un instante mi niñez. Un placer leerte como siempre. Mi admiración y cariño.

TIGUAZ dijo...
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Anónimo dijo...


En el mundo de los recuerdos, siempre hay alguno que se destaca por haber causado una impresión imborrable, de manifiesta ansiedad, de vívida imagen que se repetirá cuando la nostalgia invada la privacidad de tu cofre de las cosas lindas.Jun Angel Petta

Mª Jesús Muñoz dijo...

María Rosa, me ha encantado este relato por su intensidad emocional, que nos deja un mensaje muy claro de la protagonista de la historia...Hemos de seguir sintiendo la vida, vibrando con ella, asombrándonos...por encima del tiempo y la distancia, porque es la única manera de sentirnos vivos.
Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu capacidad de síntesis, tu claridad y creatividad,amiga.
Feliz semana, María Rosa.
M.Jesús

Carlos Alberto. dijo...

Hoy lo espero aferrada al borde de mi balcón, cierro los ojos, me llega el crepitar de los vagones al cruzar la estación y a pesar de la distancia el viento me vuelve a golpear la cara y mi melena vuelve a ser un remolino enloquecido.

PARECIERA QUE EL TIEMPO NO TRANSCURRIÓ

BESOS
CARLOS

Karima dijo...

Eres tan buena escribiendo que has conseguido que sintiera en el rostro el remolino que dejó aquel tren tras su paso por la estación.
Hoy lo espera aferrada al balcón para sentir la vida de frente.
Un abrazo y buen fin de semana, Mariarosa.

disancor dijo...

Quizás será el ruido infernal, el volumen o nuestra imaginación viajera, que un tren produce sensaciones que no produce otra cosa. Me ha gustado el relato.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Mirella S. dijo...

Tenés la capacidad de tomar pequeños hechos cotidianos o recuerdos, para convertirlos en algo poético.
Personajes dibujados con trazos mínimos, pero no por ello con menos vuelo.
Me gustó mucho, Mariarosa.
Un abrazo.

Felicidad Batista dijo...

María Rosa, me encanta arribar a tu tren de vagones cargados de historias que emocionan y nos atrapan desde el primer instante . Volver a esta estación en los que tantos y buenos momentos disfruto.
Muy agradecida amiga por tu precioso y amable comentario en Letralia
Un abrazo muy grande y muy feliz de regresar en la medida que la delicada salud de mis padres me lo permitan.

ReltiH dijo...

BUENO, CREO QUE LOS ENCUENTROS AMOROSOS POR LO GENERAL NOS DEJAN DESPEINADOS. JEJEJEJEJEJEJE.
BESOS

PEPE LASALA dijo...

Un tren que viene cargado de recuerdos y aromas de niñez. Me ha gustado mucho Rosa. Un abrazo y buen fin de semana.

Lola dijo...

Pero qué bonita entrada, si hasta yo misma he sentido ese viento que trae la atracción del viento, la fuerza de su correr casi eterno, y me he visto yo misma hace unos años, de la mano de mi nieta viendo pasar el tren que a ella tanto le gustaba, y que ahora llega a mi recuerdo de tu mano. Encantada de leerte. Un beso.

Diana de Méridor dijo...

Me gustan los viejos trenes y las estaciones. Tienen algo muy romántico, mucho más que otros medios de transporte.

Feliz fin de semana

Bisous

MaRía dijo...

Hola Mariarosa
Un relato muy, muy hermoso. Una secuencia del pasado en el presente, que mima los sentidos.


Feliz fin de semana, amiga


Te dejo mis cariños agradecidos

María Socorro Luis dijo...

Un relato-evocación precioso, con un título encantador y un final que lo prolonga hasta el presente.

Te felicito

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Para mi fue un asombro ese monstruo de acero, en los viajes que hacía de pequeño, entre Bucarmanga y Puerto Wilches...lo que más me gustaba era que hubiera derrumbes...así pasábamos la noche en el tren, mientras despuntaba el día.
Que bella nostalgia de cuento. Un abrazo. carlos

Meulen dijo...

recuerdo también un tren
en mi infancia ...nos remonta a esas historias felices en que sabemos que hay algo que fue mucho mejor que ahora...

José A. García dijo...

De seguro ha de pasar lo mismo con el verbo 'amar', cada uno debe de darse sentidos diferentes, por eso es tan difícil congeniar.

Saludos

J.

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