Me alegró
volver a verte y descubrir la emoción que brilló en tus ojos.
Se
reavivaron las migajas de ternura que habían quedado dormidas en algún rincón
de nuestra memoria. Y fuimos repasando aquellos días, sin ver que la tarde
agonizaba en las calles y mi té y tu café estaban helados, nuestras manos, se
unían tratando aferrar el ayer perdido.
De
pronto, despertamos a la realidad, justo para darnos cuenta de que los dos
habíamos cambiado, nuestra vida era diferente y en ella, los
sueños blandos de nuestra juventud no cabían. ¿No cabían…?
Nos
despedimos con un beso profundo, nos costaba separarnos. Al fin me besaste las
manos y me dijiste un adiós ronco, sin fuerzas. Caminé unos pasos y al
volverme a saludarte, seguías de pie, mirándome con una angustia que me congeló
el alma y despertó en mí una pequeña esperanza y no sé qué me sucedió, volví
sobre mis pasos y olvidando todo lo que habíamos dicho, llegué a tu lado y nos
abrazamos, habíamos perdido años, por miedo, por inseguridad, era tiempo de
arriesgar y comprobar hasta donde éramos capaces de renovar nuestro amor.

16 comentarios:
Muy hermoso. Un beso
La vida es literatura o al revés, y nos da oportunidades en el amor. Un abrazo. Carlos
El que no arriesga ni gana, las segundas oportunidades hay que aprovecharlas, tal vez sea el último tren.
Precioso, un besote, feliz tarde
Precioso, hay que insistir, no es volver a empezar, es retomar con mas sabiduría. Un abrazo
Que bonita historia! adoro los finales felices. 🌺🌺🌺🌺🌺🌺🌺🌺🌺
Hay que darle la oportunidad de seguir amando. Siempre!!!
Besos.
Un relato precioso, María Rosa.
– Esas “migajas” de ternura que despiertan al reencontrarse están contadas con una delicadeza que hace que uno sienta la escena casi en la piel.
– Me ha gustado cómo dejas que la tarde se apague mientras ellos repasan el pasado, sin darse cuenta de que el tiempo también se les enfría entre las manos.
– El giro final, cuando ambos descubren que aún queda un hilo de esperanza pese a los años perdidos, está narrado con una emoción contenida que conmueve sin necesidad de grandes gestos.
– Y ese abrazo que desafía el miedo y la inseguridad es, quizá, la mejor imagen del cuento: la vida ofreciendo una segunda oportunidad a quienes se atreven a tomarla.
Gracias por regalarnos historias que hablan del amor sin artificios, con verdad y con alma.
Un abrazo
Qué bella historia María Rosa! Y una maravilla tu manera de contarla.
Las miradas, los gestos, el café que se enfría, el tiempo que pasa...
Lo que no se lee, se intuye y eso es dado por tu magnífico estilo, escritora.
¡Y adoro ese final! Lo bien que han hecho en darse una segunda oportunidad. El sentimiento está intacto.
¡Que tengas una muy linda tarde! Beso
Bonita historia la de tus protagonistas. Después de dudas y despedidas pudo más el sentimiento y decidieron darse una oportunidad. Me emocionó.
Fuerte abrazo
Una bonita historia, Mariarosa, más real de lo que pudiera parecer...
Sea con ese final grato, o con el adiós definitivo que, circunstancias a superar, debieron hacerse valer!
Abrazo.
A veces no hay que pensar tanto las cosas, por si se nos escapan de las manos. Besitos
Yo no creo en las segundas oportunidades, pero seguramente, alguna resultará bien.
Saludos
Por suerte se arrepintieron de la despedida.
Y decidieron jugarse por las emociones.
Me pone muy feliz leerte, amiga, adelante, es el mañana, esta vez no lo dejes escapar...
Posiblemente la segunda oportunidad les depare un final totalmente feliz.
Abrazos.
Las migajas nunca son suficientes.
Saludos,
J.
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