De tanto leer sobre aquellos años y sus escritores, Buenos
Aires del ayer me resulta familiar.
Me parece que estuve
allí, que viví esa época en que los carros tirados por caballos cruzaban la
calle Corrientes, cuando no era avenida y era angosta. Eran los años en que
Carriego celebraba sus “Misas herejes” y
se perdía por Palermo, que era otro, con las mismas calles, pero otros
edificios y otra gente. Y Borges
recorría el barrio sur, buscando historias de cuchilleros y malevos. Nadie
soñaba con la segunda guerra mundial y en Buenos aires se paseaba en tranvía
sobre calles empedradas y aromadas por paraísos.
¿Desde que rincón de mi mente salen las leyendas de una ciudad
que no conocí?
Serán las historias que mi abuela joven había leído en el
diario Critica y que, pasados los años, ya anciana, las transformaba en cuentos
y mientras otras abuelas, relataban Blancanieves y Cenicienta, ella me hablaba
de los conventillos y su gente, de Leopoldo Lugones, sus versos y su muerte en
un hotel del Delta.
Seres que fueron y que en mi niñez ya no estaban, los había
tragado la vida, eran recuerdo, pero la abuela los rescataba de su memoria y
los hacía actuales. Y de tanto escucharlos, quedaron grabados en alguna neurona
que a veces se despierta y crea con ellos personajes que habitan relatos,
personajes sin infancia ni vejez y que llegan a vivir el tiempo justo de un
cuento.


16 comentarios:
Cuentos donde la mayoría de las veces, el villano era encarcelado y la vida se normalizada.
Hoy ya no hay héroes
, si los hay los quitan del medio.
Pero hay algo que es la memoria y en ella están los cuentos de la abuela.
Un besote grande 😘🌹
No olvidemos los cuentos, enmascaraban la realidad pero ayudaban a segur, hoy cuesta mucho, con tu manera de escribir nos ayudas a meternos en el cuento, en la historia en lo que se avecina. Abrazos
Hay textos que nos devuelven a un tiempo que no vivimos, pero que sentimos como propio. Este relato tiene esa cualidad rara: la de abrir una puerta a un Buenos Aires que ya no existe, pero que sigue respirando en la memoria de quienes lo contaron y en quienes lo escucharon.
La figura de la abuela es el verdadero corazón del cuento. Mientras otras narraban historias de princesas, ella transmitía un mundo más áspero y más real, hecho de tranvías, conventillos, poetas y vidas que se cruzaban en silencio. Ese legado, tan distinto al de los cuentos tradicionales, es el que termina modelando la sensibilidad de quien recuerda.
Lo hermoso es cómo el texto muestra que la memoria no es un archivo, sino una fuerza creadora. Lo que la abuela vivió, leyó o imaginó se transforma ahora en personajes que habitan nuevos relatos, como si la literatura fuera una forma de resurrección. Y así, entre evocaciones y calles que ya no están, el cuento nos recuerda que también nosotros somos hechos de voces que nos precedieron.
Un fuerte abrazo, María Rosa.
Tu abuela te dejó una gran herencia imaginativa, María Rosa...quizá desde el cielo te sigue impulsando e inspirando, todo puede ser, porque sabes que, cerca de nosotros existen otras dimensiones que no vemos...En tus cuentos nos has hablado de ello con gran maestría, amiga.
Mi abrazo entrañable y felices días de abril.
Esos cuentos tienen màs valor al estar basados en la realidad. Un beso
mariarosa, hermoso cuento, los carruajes eran tranvías y la abuela contaba en cada cuento parte de su vida que quedaron grabadas en tu alma, me encanto leerte.
Que tengas un hermoso y feliz día
Besitos y te dejo todo mi cariño
Hola Maria Rosa, muchas gracias por tu visita a mi blog para ver si me encontraba bien, y así es gracias a Dios, pero ya ando por aquí aun que con mucha pereza, porque de inspiración sigo igual de mal, :))).
Un relato precioso el que cuentas. Una suerte tener una abuela que te contaba lo que en su época se vivía, con lo cual ya son unos bonito recuerdos para ti aunque no los hayas vivido.
Como siempre es muy gustoso leer tus historias tan bien contadas.
Un abrazo grande y muchas gracias.
Buenas noches, querida amiga, q tal. ahora Corrientes volvio a ser angosta jiji :D
Un relato tan entrañable, tiene la delicadeza de esos recuerdos que no nos pertenecen del todo, pero que igual laten en nosotros como si fueran propios.
Las historias en la voz de la abuela son inolvidables, siguen vivos, imperfectos, con conventillos, poetas tragicos pero profundamente vivos.
Adoro esa sensacion tan intima, creo q quizas todos estamos hechos, en parte, de las historias que alguien nos conto , y que se transformarian en recuerdos añorados.
Dulces sueños y bello amanecer. Un beso.
Querida Rosa. Gracias a las abuelas y abuelos como a nuestros padres, pudimos ir más de los cuentos para niños, y sentir la mítica y leyendas de nuestros pueblos que fueron suficientes para despertar nuestro imaginario y escribir, nuestras propias historias. Un abrazo y mi aprecio.
Carlos
Las historias que contaban las abuelas nos dejaban absortos mientras nos las narraban.
Un abrazo
Tu abuela sabía muy bien contarte unos cuentos reales que siempre tendrás en tu memoria.
Abrazos.
Excelente exposición de una realidad que fue, es, vívida y vivida!
Un placer, Mariarosa.
Abrazo.
Nadie hablaba de una segunda guerra mundial, pero los fascismos ya estaban dando vueltas...
Saludos,
J.
Hay mi amiga, son historias
inolvidables, cuando los
abuelos nos entretenian, cada
noche para irnos a dormir,
y nos encantaba que lo hagan.
Besitos dulces
Siby
Me encanta este tipo de cuento, porque me transportan a esa realidad que muy bien describes. Un abrazo
Y si las historias de antaño , sembradas
por las abuelas son los mejores recuerdos de este hoy...
Abrazo.
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