—Es
amable, encantador, creo que Charlie va a ser el amor de mi vida…—Sandra
hablaba revoleando los ojos.
Laura
miró a su amiga, su sonrisa fue un gesto que no llegó a sus ojos. Era lunes y
el ambiente en la confitería era tranquilo apenas cinco o seis personas, cada cual
en su mundo, afuera llovía y el viento de otoño amenazaba llevarse los árboles.
—Sandra
eso lo decís cada vez que conocés a un tipo nuevo, en lo que va del año te
enamoraste tres veces y eso que estamos en mayo.
—No me comprendés,
está vez es real, tiene un departamento en Palermo y el domingo me llevó a
conocer su casa de fin de semana en Pilar, quedé deslumbrada, tiene todo lo que
me hace feliz.
Laura se
encogió de hombros y no dijo nada, miraba tras el ventanal las hojas que caían
sobre la vereda mojada.
—¿Estás
celosa? —la voz de Sandra sonó chillona y la trajo a la realidad— es eso, los
celos te corroen.
No
merecía esas palabras, le dolieron.
—Sabes
que me pasa, me dan lástima los tipos, los desplumas como gallina para puchero
y luego te mandas a mudar… ¿qué puedo envidiar? Sos una estafadora con cara de
ángel, ¿o no te das cuenta de que tu comportamiento es de mala persona?
La risa
de Sandra sonó como burla, se acomodó en la silla y dijo:
—Esta vez
no, él me mira arrobado, se nota que le gusto de verdad. No me ve como una
aventura, es algo serio.
—¿Y vos
cómo lo ves? Un tipo en esa posición no es un tonto como los que vos engatusas
y le sacas los ahorros, ten cuidado… —Laura tomó un sorbo de café y le dijo— no
quisiera verte presa.
La risa
de Sandra está vez fue estridente hizo que todos en la confitería la miraran.
Se
despidieron, Laura se fue caminando y volvió a su trabajo en la oficina, Sandra
subió a un taxi y se perdió entre la hilera de coches que surcaban la avenida.
El
viernes siguiente Sandra la llamó, su voz era pura emoción.
—Laura, estoy
muy feliz, Charlie me preguntó si quería casarme con él, que podría ser en
enero o febrero según como cerrarán unos negocios que tiene entre manos… ¿qué
me decís?
—Me
parece bien, ¿estás segura de lo que vas a hacer?
—Claro
que sí, estoy loca de amor.
Por
varias semanas se comunicaron solo por WhatsApp, Sandra viajó con su amorcito a
Pinamar y según dijo en un mensaje se preparaban para radicarse en Miami.
Pasó más
de un mes sin tener noticias de Sandra, pensó que el viaje a Miami la debía
tener ocupada.
En un WhatsApp
breve Sandra la citó en la confitería de siempre. Cuando Laura la vio entrar
creyó que era el fantasma de aquella que meses atrás resplandecía de emoción y
romance. Tomó asiento y pidió café, Laura no hablaba solo la miraba.
—Todo
terminó —dijo en un susurro— Charlie no era Charlie, es Ramón, y es un hijo de
mala madre, me robó.
Se largó
a llorar, una angustia contenida salió enronquecida de su pecho, las palabras
fueron un torrente que Laura escuchó en silencio.
—Me dijo
que las inversiones que tenía entre manos lo habían dejado sin dinero, que
debíamos viajar a Miami para cobrar allí el paquete mayor y que luego le
pasarían el resto por transferencias —se secó los ojos y siguió contando— le
entregué mis ahorros, para que arreglara desde aquí los detalles, el alquiler
de un departamento, viajes, quedamos que él sacaría los pasajes y nos encontraríamos
en el aeropuerto de Ezeiza para partir a Miami en el vuelo del lunes a la
mañana, hace una semana.
Quedó en
silencio, Laura también.
—Quedé esperando
en el aeropuerto como una tonta, él desapareció, el celular no responde esta
fuera de servicio, el departamento de Palermo cerrado, la casa de Pilar cerrada,
me estafó…¡¡Me estafó!!
Las
últimas palabras las dijo gritando, nuevamente como la vez anterior, todas en
las miradas se volvieron hacía ella.
—Hice la
denuncia y me dijo el oficial a cargo, que lo conocen, se llama Ramón Cardenas,
se dedica a engatusar y robar a mujeres tontas, tontas me dijo el policía, su
elegancia y su labia pulida lo favorecen, vive de eso es un estafador.
Laura no
hablaba, la noticia le dolió en el cuerpo, era algo que tarde o temprano iba a
suceder, por ahora lo mejor era callar, no mortificarla más, pero por dentro,
pensaba; te dieron a tomar de tu misma medicina mi querida amiga, ya llegará el
momento en que se lo iba a decir clarito y sin dramas; fuiste siempre una
estafadora, hoy te llegó tu karma.

21 comentarios:
Una de las primeras cosas que se aprende en la vida es a no confiar en nadie, mucho menos si hay o va a haber dinero de por medio.
Algunos lo aprendemos más rápido que otros/as.
Saludos,
J.
Perdón, el tabulador está jueguetón; decía que el karma existe y ella probó de su propia medicina.
Los desengaños amorosos son ya de por sí duros, pero cuando hay dinero de por medio, aún más. Un besote, feliz comienzo de semana.
Me gusto tu relato. Te mando un beso.
Bueno, ya se dice...al final comprender que muchas veces , como se hace se paga
ahora le toca llorar y que bien merecido lo tiene.
abrazos.
Me gusta la historia con moraleja. Un beso
Una buena historia que terminó mal, bueno, solo le pasó lo que ella hacía. Seguro que de ahí en adelante aprendió a no fiarse a primera vista y ser más cauta.
Como siempre muy bien elaborada la historia.
Un abrazo María Rosa, y que tengas una buena semana.
La estafadora estafada. Una muy buena historia, que nos habla de que núnca estás indemne, ante un estafador.
Saludos.
Desde luego se lo tenía merecido. La próxima vez, antes de engañar alguien se lo pensaría. ¡Digo yo! Una historia muy bien hecha.
Un abrazo
Mariarosa, este cuento tuyo avanza con un pulso firme: la amistad tensa entre Sandra y Laura, la frivolidad que se vuelve advertencia, el enamoramiento desbordado y, al final, el golpe seco del engaño. La escena en la confitería, con Sandra derrumbada al descubrir que Charlie era Ramón y que la había robado, concentra toda la ironía trágica de la historia. Y ese cierre, donde Laura calla pero piensa que el karma ha hecho su trabajo, deja una reflexión clara sobre las consecuencias de jugar con los demás.
Un fuerte abrazo, Mariarosa.
Por aquí hay u n refrán que dice; "Donde las dan, las toman". Se ajusta perfectamente al magnifico relato que nos has contado. Un abrazo.
Me pregunto cómo una estafadora, que se conocía seguramente varios de esos trucos, cayó en la trampa con tanta facilidad.
Un abrazo.
Donde las dan, las toman.
Está claro que no era una buena profesional.
Un abrazo.
Amiga, mi padre me decía que siempre hay alguien mas astuto que un astuto (en jerga porteña: "siempre hay un vivo más vivo que otro vivo, así lo decía"). Está muy bueno tu relato que contiene una ironía moral, el que es engañado sufre un engaño mayor, es la moraleja que deja. Buenísimo.
Un abrazo.
Bien dicen que quien a hierro mata, a hierro muere.
Una historia contada con maestría, midiendo los tiempos, midiendo la amistad, que se balancea, los pensamientos que acentúan ese proceso y ese resultado final, que duele pero que tus letras van profetizando a medida que trascurre el relato...Mi felicitación por tu sencillez y claridad, que nos dejan ver la ceguera y estupidez humana cuando no sabe comportarse con dignidad...
Mi abrazo entrañable y admirado, amiga escritora.
Bueno bueno , ¿vale decir que "quien mal anda mal acaba"? Buena historia María Rosa y, por cierto, muy similar a tantas que suceden en la vida real.
Lo extraño es que ella haya confiado ciegamente...¿Podía ser tan ingenua? Seguramente habrá aprendido la lección En fin.
Abrazo
Que buena vuelta de tuerca tiene la historia. Aunque senti un poquito de pena por Sandra, despues se me paso. Hubo justicia poetica, fue un final acertado. Un beso, feliz noche 😊🌺😊🌺🌺🌺
Por lista se la dieron con queso. Y eso que la advirtieron.
Buena semana Mariarosa.
Un abrazo.
Excelente cuento, Mariarosa.
Las estafas del amor corren como galgos en el día a día. Cierto que no es que abunden, pues se requieren personas proclives a ser "estafadas". ¡Pero haberlas, hailas!
Abrazo.
Publicar un comentario