La chica
del subte B
La
pequeña tenía unos diez u once años, subía al subte B en la estación Medrano, sonreía
con carita angelical vendiendo ramitos de flores, todos los días entonaba su
cantito: “Flores, florcitas, para las chicas bonitas”. Era simpática, miraba a
todos y seguía…
Un día al
llegar a Malabia, no llevaba ramitos de flores, seguramente las había vendido, se
sentó a mi lado y comenzó a hablar, tenía en los ojos y en la voz, la viveza de
los chicos de la calle, que parecen no tener miedo a nada. Cada tanto se recostaba
a mi lado como si estuviera cansada, me dijo que su mamá cosía ropa para los
negocios de la calle Avellaneda, que sus dos hermanitos eran pequeños y
llorones, y de cómo les costaba pagar el alquiler de la pieza en que vivián, no
paraba de hablar, las palabras salían de su boca como mariposas abriéndose en
primavera hasta que llegamos a la estación Echeverría, allí bajó.
Al llegar
a Rosas, bajé, salí a la calle y fui a comprar unas golosinas, allí me di
cuenta; no tenía la billetera que guardaba en el bolsillo de mi abrigo, primero
me dio rabia, luego sonreí, la muy picara se recostaba con los vaivenes del
vagón para sacarme la billetera, se llevó algo de dinero, no era mucho y
rápidamente con el celular di de baja la tarjeta de débito, fue justo a tiempo,
un rato más y hubiera vaciado mi cuenta.
No la vi
más en el subte B, pero la casualidad nos volvió a encontrar meses después, fue
un domingo, necesitaba unos recibos, me acerqué hasta mi negocio, me reconoció,
fui hasta ella; intentó bajar, la tomé del brazo y le dije:
—Es muy
bueno que ayudes a tu mamá vendiendo flores, pero robar es muy feo, a tu mamá
no le gustaría.
Se
encogió de hombros y me respondió:
—Ella
está presa, no se va a enterar.
Se
abrieron las puertas del vagón y se alejó corriendo.

15 comentarios:
Una historia terrible. Un beso
Es una historia tan real, que parece vivida.
Besos.
Cuántas Cáritas de ángel hay así
La sociedad , la vida , hay tantos factores que es una pena como una i infancia se puede malograr.
Un besazo y muy feliz fin de semana 😘
María Rosa, este relato tiene una verdad que golpea despacio, como lo hace la vida cuando se muestra sin adornos. La niña del subte, con su cantito y su carita de ángel, encierra esa mezcla de ternura y desamparo que conmueve y duele a la vez. La escena está narrada con una sensibilidad que ilumina incluso lo más áspero, y por eso la historia se queda en uno, como una pregunta que no termina de cerrarse. Gracias por esta mirada tan humana que sabe encontrar luz incluso en los rincones más difíciles.
Un fuerte abrazo, María Rosa.
Entramos contigo en la historia de la pequeña ladrona...Nuestra sociedad con su falta de valores e injusticias está provocando víctimas, que luchan por la subsistencia de cualquier forma...Nos lo cuentas con realismo y fidelidad, que duele y tomamos conciencia de que este desorden y pobreza va aumentando, mientras los gobernantes no ponen freno a todo esto...Un buen relato, amiga escritora.
Mi abrazo entrañable y feliz julio, María Rosa.
Una muy triste y descorazonadora historia, muy bien hecha, por cierto, lástima de chiquilla perdida para el futuro.
Un abrazo.
Una triste historia, que por desgracia, puede ser muy real.
Un abrazo
Una historia que tiene todo lo que la realidad nos ofrece hoy, al menos en nuestro Buenos Aires. Tristísimo clima, pero no soy yo de los que culpan a los que caen en ese mundo turbio de la delincuencia, porque hay toda una historia, seguramente, detrás de ella y también detrás de la madre.
Una sociedad injusta genera eso.
Un abrazo.
A veces, detras de un gesto equivocado, hay una realidad muy dura que no siempre alcanzamos a ver. Es un relato conmovedor, muy humano querida amiga. Feliz fin de semana, cuidate. un beso.
Una historia muy bien planteada y escrita, triste, ,vibrante, y realista.
Muchísimas gracias y un buen fin de semana.
Me encanta ese cierre. Como un nocaut al lector. Un abrazo. Carlos
La vida misma.Triste y muy real.
Han merecido llegar los mejores Mariarosa...Sufriremos un poquino y mucha suerte para los dos.
Buen domingo.
En algún lado tuvo que haber aprendido...
Saludos,
J.
Tanto dolor como ternura. Pero esto es muy habitual lamentablemente. Saludos
Qué historia triste María Rosa! Lo malo es que no es "puro cuento", seguramente hay miles de historias reales como la que tan magistralmente relatas.
Abrazo
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