-Abuela cuéntame
la historia de la casa pintada de azul.
-¡Otra
vez! Ya te lo he relatado muchas veces, es muy triste.
-No
importa, creo que cuando paso por la puerta veo a esa niña en la ventana.
-Vamos
María, es tu imaginación que siempre vuela e inventa cosas.
La abuela
volvió a relatar como había sido el incendio de esa casa y como el abuelo había
entrado y salvado a tres niños, pero no había podido llegar a una de ellas que
quedó atrapada entre las llamas, cuando llegaron los bomberos ya era tarde, encontraron
a la pequeña de ocho años; muerta.
-Debe ser
por esa historia tan triste -dijo María- al pasar por las ruinas, veo a una
niña saludándome, algún día voy a entrar y vere si es real.
Una tarde
al salir del colegio, se armó de coraje y entró.
Todo era
desorden, suciedad, restos quemados de lo que había sido un hogar, por un
momento se estremeció al escuchar un ruido. No había nada, solo un gato gris jugando
con un raído ovillo de lana. Ya se iba, cuando una voz la detuvo;
-Hola
extraña, te conozco, cuando pasas por la puerta te saludo y no me respondes.
No vio a
la dueña de la voz, quiso irse, correr, pero fue difícil entre tanto desorden,
quedó quieta, sus piernas no respondían a su deseo de escapar.
-jaja… ¿tienes
miedo?
Entonces
la vio, era casi de su edad, su piel era transparente, sus ojos hundidos, daba
miedo, llevaba un largo vestido que alguna una vez había sido blanco y que se
movía con la brisa, comenzó a temblar, su voz se había perdido en su garganta,
mientras la pequeña la miraba sonriente y jugaba con un gato gris, que
ronroneaba en sus brazos.
-No te
voy a hacer daño -le dijo- te pido que cuando pases por la puerta y yo agite mi
mano me saludes.
María asintió
con la cabeza, la niña del vestido blanco sonreía.
-Regresa
a tu casa -dijo moviendo la mano como en un saludo- estás temblando, tráeme un
libro, me gusta leer…
María
salió corriendo y tropezando con lo que encontraba a su paso. Nada dijo a los
padres ni a la abuela.
Durante
varios días no dejó de pensar en ese encuentro, ¿fue real, o fue pura
imaginación?
No se
animaba a volver para llevar el libro, hasta que un día, tomó valor y fue. Entró…
nadie salió a su encuentro, el miedo la estremecía, dijo en voz alta:
-Hola… te traje un libro -y como nadie respondió, pensó que lo mejor era irse.
Salió a
los tropezones, igual a la vez anterior.
Meses
después volvió, el libro estaba donde lo había dejado. ¿Entonces aquel
encuentro no fue real, tenía razón su abuela? Su imaginación había creado el
encuentro con la niña fantasma.
Nunca
logró saber la verdad.
Pasaron
los años, la casa azul quedó allí, encallada en el tiempo y el olvido,
crecieron arbustos entre sus paredes y hasta su color azul se perdió con el
tiempo, las telarañas cubrieron los restos de lo que fueron muebles y varios
gatos callejeros encontraron allí un hogar.
María
creció y se fue del barrio sin saber que, entre las ruinas de aquella casa, una
niña fantasma con un largo vestido blanco sigue jugando con un gato gris,
mientras lee un libro de cuentos.
4 comentarios:
Qué pena. Un beso
Es un bello cuento con esa intriga de siempre. Felicidades.
Un abrazo.
Nos dejaste con la intriga.
Un abrazo.
Parece que los fantasmas nunca te acaban de contar toda la verdad.
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