martes

Un pueblo, allá lejos.



 

 

La rutina de ir a la plaza, sentarme a escribir o dibujar se había convertido en una necesidad.

Yo había llegado a ese pueblo en busca de paz y en plena recuperación después de un accidente que me tuvo dos meses en cama y que recién después de cuatro meses me permitió caminar normalmente.

Los médicos dijeron; descanso en un lugar tranquilo.

Una de mis amigas, Clarisa,  me ofreció su casa en un pueblito perdido de la provincia de Buenos Aires.

“Es un pueblo misterioso, pero mayor tranquilidad que allí —me dijo— es imposible”.

El lugar era pintoresco, no tenía más de seis manzanas, una plaza, la Iglesia, la municipalidad y el río cercano. Solía recorrer sus calles, todo me resultaba interesante, en especial una casa que debió ser casi un palacio, extraño en un simple pueblo perdido en la Pampa y que se veía destruida, seguramente un incendio.

 

Me encantaba el lugar, su plaza arbolada, silenciosa y solo alborotada por las tardes, por un grupo de niños, algunos con sus patinetas, otros simplemente  disfrutaban de los juegos.

Algunas veces se acercaba una anciana, comenzamos hablando del tiempo y nos fuimos haciendo amigas, se llamaba Lucia, se sentaba a mi lado y me contaba historias del pueblo, a veces mientras la escuchaba, dibujaba parte del paisaje, era una mujercita encantadora, una abuelita de cuento de Disney, muy prolija en su vestir y con el cabello blanco y muy corto.

Luego al llegar a la casa me sentaba ante mi notbook y escribía parte de las historias que había escuchado.

Los días transcurrían lentos y sin mayores problemas.

Una tarde se acerco una niña, tendría unos diez años, quería ver mis dibujos, le gustaron y me pidió que le hiciera un retrato. “No es mi fuerte, le dije, solo dibujo paisajes”

Insistió y al fin me convenció, se sentó frente a mí y quedó quieta por más de una hora. Lucia observaba el movimiento  de mi mano sin decir palabra.

Atardecía, deseaba volver a mi casa y le dije a la niña que volviera al día siguiente, me faltaban detalles en el retrato.

Extrañamente la niña no volvió, la esperé  durante días, hasta que cansada seguí con mi rutina de dibujar paisajes y escribir.

 

Días después y para mi alegría, mi amiga Clarisa llegó de visita.  Recorríamos juntas el pueblo, en especial el sendero que bordeaba el  río, hasta que llegamos al caserón destruido hacía más de treinta años.

Clarisa relató con pesar el drama que fue para ella y los habitantes ver las llamas consumir la casa, era la más linda  y en ella vivía el único doctor del pueblo, que había fallecido con su hija en el siniestro.

“La hija del doctor tenía mi edad, éramos muy amigas e íbamos juntas a la escuela.” Comentó Clarisa con pesar.

Luego de unos días ella regresó a  la ciudad y retomé mi rutina de ir a la plaza. Lucia y la niña, no regresaron, así que pasaba la tarde sola contemplando el ir y venir de los niños. Pregunté a varios de ellos si sabían donde vivía la señora que se sentaba a mi lado por las tardes, la respuesta de todos era; “no sabemos”

Pasado varias semanas regresé a mi casa en la capital y lentamente retomé mi trabajo en la revista semanal en la que trabajaba, las historias de Lucia me sirvieron para dar impulso a mi imaginación, fui escribiendo nuevos cuentos y logré que interesaran a los lectores.

 

Fue en ese tiempo en que sucedió el motivo de mi relato. Llegó Clarisa de visita, yo me encontraba con mis dibujos esparcidos sobre la mesa, los fue mirando y al ver el retrato de aquella niña que se  me acercó una tarde, tomó la hoja, pareció emocionarse, cambió el color de su cara mientras me decía; “Es Maruja, la hija del doctor Agüero”. Yo no entendía nada, le expliqué que la pequeña había llegado a pedirme el dibujo, es para regalarle a una amiga, me había dicho, pero nunca regreso a buscarlo.

“Maruja falleció en el incendio de su casa” exclamó llorando. Yo no sabía que decir, estaba turbada, no podía entender que había sucedido. “Seguramente es alguien que se le parece”. Dije tratando de consolarla. “El vestido, el vestido de marinerita era el que más le gustaba y es el que dibujaste.”

Clarisa conmovida aún, se fue llevándose el dibujo.

Yo seguía sin entender, al fin, me dije, la niña había dicho que era para regalar a su amiga, se cumplió su deseo.

Pero Lucia… ¡quién habrá sido? También desapareció de la plaza y nadie me supo dar noticias de ella… es más, los niños respondieron cuando les pregunté por la señora que se sentaba a mi lado por las tardes: “Usted siempre estaba dibujando, pero sola…

 

 

 (La realidad de este cuento es que verdaderamente sufrí un accidente y estuve cuatro meses, de octubre a febrero entre la cama y la silla de ruedas, sin poder caminar y en ese interin nació esta historia, no en la plaza de un pueblo sino en mi casa recuperandome. Hoy eso paso, fue un tiempo de meditar y escribir.)

María Rosa.

18 comentarios:

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

Bueno el cuento te sirvió no solo para un relato en la línea de tus historias sino para recuperarte. Un abrazo. Carlos

Hada de las Rosas dijo...

Buenas noches, querida amiga

tu historia es magica y misteriosa, tal cual tu sello. Tiene la magia de lo inesperado, entrelazaste la rutina de un pueblo tranquilo con la sombra de un pasado doloroso. Tambien tiene un toque, una pizca de melancolia, esta precioso.

Espero que ya estes mucho mejor del accidente; al final ese mal momento fue solo temporal, los obstaculos sacaron la buena inspiracion que vive en vos.

Un besito.

Soñadora dijo...

Querida Mariarosa, tus cuentos siempre me atrapan, escribes muy bonito. La niña de tu historia logró lo que quería, que el dibujo llegase a su amiga. Que bueno que te recuperaste del accidente. Bálsamo reparador es la escritura.
Un abrazo.

Ester dijo...

Hay cuentos que curan las heridas, este es muy bonito y nos sirve a todos. Un abrazo

Susana Moreno dijo...

Pues nació una bonita historia. Un beso

Rafael dijo...

Es un bonito relato que me recuerda algún viaje y también, alguna visita a una plaza, entre piedras labradas y "alguien", escribiendo un poema y un relato por Castilla. (Gracias por ello, María Rosa).
Un abrazo y feliz día.

Campirela_ dijo...

Una historia que atrapa, el misterio es lo que tiene, a todos nos gusta saber si nuestra mente lo sintió o lo imagino. Muy bonito y misterioso.
Beso mariarosa.
Un feliz miércoles te deseo.

Juan L. Trujillo dijo...

Habrá que darle las gracias a tu accidente, (que espero no fuera grave), por ser el motivo de este original y bello relato.
Besos.

Mª Jesús Muñoz dijo...

María Rosa, a veces la ficción es más real que la vida misma. Tu relato lo hemos sentido en profundidad, ha sido real por unos instantes. Muy bueno, amiga...Me alegro por esa inspiración que te ayudo en esos meses de recuperación...Nada es en vano, hoy nos hace reflexionar e inspira para seguir escribiendo...La mente puede tocar otras dimensiones.
Mi abrazo entrañable admirado y agradecido por tu generosidad y amor a las letras.

Rosana Martí dijo...

Del dolor siempre sale algo bueno, que necesitamos que vea la luz. Estupendo cuento amiga, te deseo lo mejor.
Un abrazo!!

ETF dijo...

Siempre sorprendente, Mariarosa, intrifante ... emocionante al máximo nivel. Escribes de maravilla. Me ha encantado.
Feliz miércoles.

Lu dijo...

No sé si vale pero me sale decir "No hay mal que por bien no venga"
Intrigante, precioso, estupendo y todos los adjetivos posibles que puedan destacar el relato surgido en tu tiempo de recuperación.
Me gusta, particularmente, que la "niña fantasma" haya logrado su objetivo: que su retrato llegara a su amiga de infancia.

Felizmente te has recuperado y felizmente siempre tienes un gran relato para compartir en tu casita de letras.
Abrazo va

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

Te recuperaste del accidente y lograste escribir un maravilloso y fantástico relato.

Un abrazo.

Laura. M dijo...

Tu convalecencia te inspiro esta historia que intriga y a la vez nos conmueve.Gracias Mariarosa.
Buen fin de semana.
Un abrazo.

José A. García dijo...

En los momentos de soledad suceden las cosas más extraña e interesantes, como la creación artística.
Espero que tu recuperación continúe de la mejor manera.

Saludos,
J

Conchi dijo...

Estar en casa a causa del accidente te inspiro un bonito y enigmático relato.

Abrazos.

Mari Carmen dijo...


Hola María Rosa, no me había enterado de tu accidente, lo siento. Hace tiempo que no te veo.
Te estás recuperando bien y es lo importante. Eso has logrado un texto muy conseguido, me gusta mucho.
Te mando un fuerte abrazo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Aprovechaste la recuperación de tu accidente, para escribir este cuento.
Un abrazo.

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