martes

lucas y yo.


 


 

 


Miraban las fotos sin entender que significado tenían, las encontraron en el altillo del caserón familiar, guardadas en pequeño arcón y bajo llave. Creyendo que encontrarían joyas,  Elsa y su hermano, rompieron la cerradura, sólo hallaron un puñado de fotos antiguas, con el borde recortado como se usaba en años lejanos y siempre, el marco era Mar del Plata.

Les extrañó que  la parte de atrás de las fotos,  guardaba la fecha y unas  pocas palabras evocando el momento que se reflejaba en la imagen, quien había guardado ese recuerdo intentaba grabar en su memoria cada instante.

Las llevaron al comedor y las fueron acomodando sobre la mesa, por mes y año. No había dudas la mujer era la abuela Esperanza muy joven, en la primera foto, del 3 de enero de 1940 se la veía con dos jovencitas sonrientes, que como ella, lucían elegantes vestidos y  capellinas.

Las demás fotos eran de la abuela y un joven desconocido y según decía el escrito se llamaba Lucas.

“Lucas y yo paseando por la rambla 6 enero 1940.”

“El día más feliz de mi vida, Lucas me besó, 8 de enero 1940.”

Varias fotos de  la abuela Esperanza y Lucas, durante  enero del mismo año.

Luego las fotos regresan, pero pasados tres años.

“Lucas y yo nos reencontramos. Que bella tarde a escondidas de mi madre y de Juan. 10 de enero 1943.”

Elsa levantó la mirada de las fotos y dijo a su hermano:

—Juan era el abuelo y en 1943 estaban  casados, en octubre de ese año nació el tío Oscar…  ¿la abuela engañó al abuelo con ese Lucas…?

—No prejuzgues, no sabemos nada más que lo que dicen las fotos… aparte fíjate un detalle, en todas las imágenes la cara de la abuela demuestra felicidad, ¿vos la viste alguna vez, así de feliz?

—No, siempre tenía cara de limón,  pensá que en esa época era joven y nosotros la conocimos mayor…

Elsa fue  leyendo los mensajes y las fechas.

—Las fotos de siguen son  una o dos al año, 1944, 45, 46, hasta el 50 y en todas están los dos solos, dice siempre lo mismo; Lucas y yo visitamos Balcarce, Lucas y yo en el casino, se veían durante las vacaciones y el abuelo no se daba cuenta que se escapaba con otro —buscó el celular y marco un contacto— voy a preguntarle al tío Oscar…

La llamada duro unos momentos, mientras hablaba la cara de Elsa cambiaba  de la sorpresa, al desencanto, al fin cortó y mirando a su hermano le dijo:

—El tío desconocía lo de las fotos, pero sí que la abuela había tenido  una aventura con ese Lucas, durante varios años se iba sola a visitar a una amiga que vivía allá, se quedaba unos días y luego regresaba…—Elsa hizo silencio, le costaba hablar, al fin se repuso y siguió— cuando ella enfermó y antes de morir le dijo la verdad al abuelo, él lo había sospechado pero nunca lo habían hablado, en el verano de 1950 Lucas falleció en un accidente con su moto, a partir de eso la abuela se convirtió en una sombra, siempre triste.

—Así la recuerdo, una zombi, ¿porque no se separó del abuelo?

—Quien sabe, por los hijos, porque en esos años no estaba bien visto la separación, solo ellos saben la verdad y con ellos se la llevaron.

Siguieron mirando las imágenes de una abuela joven y feliz con un joven moreno de ojos aindiados.

—Te fijaste que el tío Oscar tiene los mismos ojos de Lucas… —dijo Elsa, su hermano asintió mientras juntaba las fotos y las volvía a guardar en  el cofre.

—Voy a colocar una cerradura nueva y llave en el cofre y vamos a guardar de nuevo las fotos que queden como la abuela las dejó.

—Me siento culpable de haber descubierto su secreto —dijo Elsa.

—Ya no era secreto, el abuelo y sus hijos lo sabían, me daba pena su cara siempre triste, ahora comprendo que al menos por un tiempo fue feliz.

 

 


23 comentarios:

Susana Moreno dijo...

Una historia terrible. Un beso

Enrique TF dijo...

Terrible y entrañable, María Rosa. Yo tengo cientos de fotografías que he escaneado y guardado en formato digital de esos mismos años, incluso anteriores a esas fechas, y de la mayoría solo descubro parecidos. Quizás estén mejor así, como parecidos.
Feliz martes.

Rafael dijo...

¡Qué recuerdos más bonitos encierran esas fotos...!
Un abrazo.

Carmen Silza dijo...

He quedado en la historia atrapada, me ha resultado familiar, yo también tengo fotos antiguas de mis antepasados, y con algunas he quedado muy asombrada.Un placer Marirosa. Feliz semana amiga. Besos

Campirela_ dijo...

Unas fotos que fueron la vivencias de dos enamorados, un relato que encierra secretos de toda una vida. Precioso.
Gracias, por compartirlo.
Besos.

Recomenzar dijo...

Aplausos señora!

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Me encanta el juego de composición del relato, la carpintería de que hablaba García Márquez, a partir de una fotos encontradas fortuitamente para desvelar ha historia. Un abrazo. carlos

J.P. Alexander dijo...

Profundo y triste relato. Me gusta mucho te mando un beso.

Hada de las Rosas dijo...

Hola mariarosa, que tal!
hermosa historia pero no para vivirla
porque debe haber sufrido mucho la abuela,
vivio toda su vida en carne viva.

Que tema y dilema ese de revisar las cosas de quienes se nos adelantaron
yo tengo algunas cajas que todavia no deseo revisar. Lo estoy analizando...
Pero, en fin, las mujeres siempre dejamos nuestra historia y las del arbol familiar en las fotografias, somos tejedoras de raices!

Yo especialmente realizo mi arbol ancestral, siempre agrego una ramita nueva y ya es practicamente inentendible
pero es algo sumamente apasionante. Es un viaje al pasado lleno de historias
mas o menos felices. Toda mi familia recurre a mi para buscar sus ancestros.


Con respecto al invento de la fotografia que comentabas, yo lo interpreto como que a algunos le habra encantado y otros, se vieron amenazados. Como suele suceder habitualmente
con las novedades.

Te dejo un fuerte abrazo caluroso, especialmente caluroso :DD

Elda dijo...

Que bien lo cuentas María Rosa. Es una historia preciosa a pesar de las circunstancias, pero ya se sabe, lo prohibido o no sabido por los demás, siempre sabe mejor (digo yo por lo que se oye). Seguro que si se hubiera casado con Lucas, la historia de amor ya no habría sido lo mismo.
Me ha encantado, como siempre tus historias son fantásticas.
Un abrazo y feliz semana.

Alfred dijo...

Buen relato para esas fotos que casi todos encontramos.

Un abrazo.

Emilio Muñoz dijo...

Este relato tiene mucha "tela que cortar", como decimos, al menos, aquí.

Lo primero, una pregunta sin reprimirme: hablas de tus abuelos? Ya sé que todo lo que narras no puede pertenecer a tu vida. Qué vida más ajetreada tendrías!!! Pero lo he presentido desde el principio como una posibilidad. Así que pregunto. Además, este tipo de cosas ocurren muy a menudo.

Y lo segundo, voy a dar una charla ética que incluye una crítica muy seria a nuestra sociedad, y a lo absurdo de nuestro comportamiento en sociedad. Perdona si te incomodo, pero este relato, magnífico como todos los que escribes, me tienta sin que pueda resistirme.

No me extraña que la abuela estuviera triste después de morir el amor de su vida. No es para menos!!! Seguro que el abuelo era una persona excepcional. Y tal vez hasta estaba al tanto y lo permitía. Y si lo hacía es porque se trataba de un gran sabio.

Como he dicho alguna vez, nosotros no elegimos al amor. El amor nos elige a nosotros. Y como he leído en algún sitio, ningún amor es malo cuando es amor. Pero ha dos verdades incuestionables: que no siempre se conoce al gran amor de una vida a la primera. Y que cuando no se conoce a la primera, es muy complicado vivir los amores.

Después de lo que he vivido, y de mucho, mucho, mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que debemos vivir todos nuestros amores en la medida que sea posible, que las circunstancias de la vida lo hacen imposible a veces, pero que en muchas ocasiones es la moral social imperante, más basada en la propiedad que en el amor, la que nos hace sentirnos culpables, renunciar sin que sea necesario, y malvivir nuestros amores.

En mi opinión, el amor (hablo de amor, no de cualquier otra cosa que se le llame amor y se trate de sucedáneos) siempre hay que intentar vivirlo, y nuestra mentalidad debería cambiar para que pueda vivir y convivir allá donde surge intenso. Lo demás es castrar la más bella de las emociones.

En definitiva, yo no habría querido ver a la abuela triste nunca. Ni siquiera si hubiera sido yo el abuelo. El amor es un bien del alma inagotable. No es necesario racionarlo, ni encauzarlo artificialmente.

Como verás, Rosa, no solo valoro tu maravillosa forma de escribir. También las temáticas que eliges.

Un enorme abrazo, querida amiga!!!!

Margarita HP dijo...

Una historia triste, aunque con una buena moraleja. Besos cariño 😘

Ana Mª Ferrin dijo...

Tu relato guarda ese aroma que tantas veces queda, no ya en el olvido, sino en la ignorancia de quienes rodearon a los protagonistas de una historia desconocida.

La pregunta que surge en tus líneas, el ¿porqué no se separaron?, seguramente hoy sonará extraña a la gente de esta generación, pues si alguien no es feliz lo juicioso ahora sería seguir cada uno su camino. Pero como bien mostró Clint Eastwood en sus "Puentes..", no es fácil ser feliz para quien sabe que los suyos sufrirían con su marcha.
Un saludo, María Rosa.

Nocturno Náufrago dijo...

El relato tiene la fluidez acostumbrada según tu estilo, nos vas llevando y mostrando la verdad de a poco, lo que lo hace muy llevadero.
Me quedo pensando en la otra parte, la serenidad del marido ¿qué habrá sido de él? ¿qué sentiría realmente o cómo sería su vida? Tal vez algún día tu febril imaginación nos lo cuente.
Un abrazo.

Emilio Muñoz dijo...

Gracias por todas tus explicaciones. Y no me han cansado. Me gustaría más!!!

Creo que la actividad más bella que se puede vivir es la de descubrir el alma y el corazón del ser humano. Y eso es lo que has hecho. Eso es lo que dejas en todo lo que escribes. Pero conocer lo que hay más allá del resultado es fascinante.

Y me ha encantado saber como piensas. Pensar como pienso, como te expuse aquí me ha granjeado más de una crítica negativa, más de un alejamiento.

Sabes, Rosa? En general, preferimos vivir una vida ajena a nuestra esencia humana, pero tranquila, que ser coherentes con los que pensamos y sentimos. No nos damos cuenta de que haciendo esto somos como un guiñol, como un personaje de una obra de ficción.

Y es que hay que cuidar del prójimo, es cierto. Y hacerlo con ternura y amor. Pero sin descuidarnos a nosotros mismos, sin iniciar la senda del propio olvido, de la amargura del ser que no es.

Un enorme abrazo, querida amiga. Y muchas gracias. Y si me permites decirlo: querría más!!!

Meulen dijo...

A veces hay historias que es mejor nunca saber de su existencia, menos si ya no tienen nada que hacer a este tiempo...
Aunque bien se sabe la verdad siempre sale a la luz...
Abrazo 💐🏵️🌸

Ernesto. dijo...

Bueno bueno Mariarosa...
Una excelente historia, bonita y real, entrañable y dulce.
Me viene a la mente algo que se suele decir, en ocasiones, sobre los autores de novelas... :))))))
¡Que dejan girones de sí en sus obras! (Sonrío con cierta inocencia)
Abrazo. Siempre un placer!

José A. García dijo...

La felicidad es eterna mientras dura, pero nunca dura eternamente.
En cuántas familias habrá historias similares.

Saludos,
J.

Joaquín Galán dijo...

¡Cuántos casos como este! Econtramos el verdadero amor casi siempre tarde y a destiempo. Unos lo ignoran por comodidad o por creencias religiosas mientras que otros, los más valientes, rompen con todo con tal de vivirlo.O lo sobrellevan como pueden como es el caso de esta abuela tuya que eligió la felicidad a las conveniencias.
Bello relato Mariarosa, y muy romántico.
Saludos.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Descubrieron algo que joyas, que al menos fue feliz, durante algún tiempo.
Un abrazo.

Jorge M dijo...

La verdad suele surgir de la forma más inesperada, supongo que dentro de su triste algún momento grato sostenía su existir.
Quizá fue feliz en algún momento como lo describes.
Un abrazo amiga

Laura. M dijo...

Son otros tiempos, pero historia se repite también hoy. Al menos conoció un tiempo la felicidad.
Buen otoño para ti Mariarosa.
Un abrazo.

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