miércoles

Entre talismanes y una máquina de escribir.


 

 

 

No lo conocía, había escuchado a mi madre hablar de él, como de un ser anti sociable y de mal carácter.

Hace unas semanas llegó la noticia que el abuelo Tito había muerto. Murió solo, como él quiso vivir, sin cariño, ni familia, ni amigos.

¿Qué fue que lo volvió tan ogro? Según conjeturaba la familia, fue la muerte de la mujer que había sido su amante desde que eran muy jóvenes, y al quedar viudo de mi abuela, pasó a ser su esposa.

El abuelo había sido periodista  y cuando cerraron el diario en el que trabajaba se convirtió en escritor. Según contaba mi madre  escribió varios libros que fueron éxito, luego su estilo fue pasando de moda y quedando  en el olvido y se dedicó a escribir colaboraciones en revistas y diarios,  trabajos que le aportaban algún dinero,  junto con su jubilación. 

Días después de su muerte recibí una carta suya. Una carta  a mí, que no lo conocía, curioso y extraño, en ella me decía que me regalaba su máquina de escribir, nada más, ninguna palabra de afecto o el por qué me la dejaba, nada.

La máquina la trajo un escribano, era encargado de la venta de la casa y  pertenencias del abuelo Tito.

¿Por qué a mí? Pregunté y me respondió que el abuelo Tito leía mis cuentos que aparecían publicados en el diario zonal. ¿Le gustaban? Pregunté: “Nunca me lo dijo —respondió— pero si la leía debe ser que sí.” El escribano se fue y yo quedé mirando la máquina de escribir como si fuera un bicho raro. En este tiempo en que todos escribimos en una notbook, escribir con una Olivetti 82, no iba a ser fácil.

Intenté escribir y resultó sencillo, pero nada se me ocurrió, pasé horas intentando plasmar alguna idea y fue en vano, al fin cansada me fui a dormir y la hoja quedó en blanco.

Me despertó el sonido de las teclas con su música rápida de tic tac, me levanté y allí donde la había dejado la encontré, la hoja seguía limpia de letras, seguramente fue un  sueño, me dije.

Por la mañana, descubrí que el papel ya no estaba en blanco. Apareció escrita media carilla  con una historia de amor sin final. Me asaltaron las dudas; ¿Seré sonámbula?

No era sonámbula. Era la máquina del abuelo Tito que parecía embrujada. Leí  el cuento, desarrollé un argumento y le di un final. En los días siguientes aparecieron tres  nuevos relatos a medio escribir, historias misteriosas que me encantaban y a las que yo continuaba hasta  darle forma y conclusión. No creo en fantasmas, pero la maquina escribía sola.

Fui al estudio del escribano y le pedí ver la casa del abuelo, antes de que se vendiera. Me acompañó, me entregó la llave y me dijo que al terminar mi visita se la  acercara nuevamente.

La casa olía a humedad, a viejo  y el desorden era rey y señor en cada cuarto. En el escritorio de Tito, encontré hojas  garabateadas con frases ininteligibles y en las paredes colgaban algunos talismanes extraños que de solo verlos, intimidaban.

De pronto un aroma a azufre se filtró, me ahogaba, debí cubrir mi boca con un pañuelo a forma de barbijo, no pude descubrir de dónde llegaba ese olor. En lo que había sido su dormitorio, hallé fotos de personajes ataviados como los brujos que vemos en las películas, rodeados de una densa selva de  quien sabe que remoto lugar de África.  Por lo que veía, el abuelo Tito gustaba y creía en brujos. Volví al escritorio y al mirar los talismanes, estos comenzaron a moverse y mi cuerpo a temblar y la sensación de que un sudor helado bajaba por mi espalda me paralizaron. Intenté escapar pero la curiosidad fue más fuerte.

Atardecía y el sol otoñal que  entraba por la ventana daba al lugar un aire de misterio, en un costado descansaba un sillón desvencijado que alguna vez había sido de pana marrón y al que la luz le daba un reflejo dorado.

En una carpeta encontré varios folios y en cada uno de ellos, relatos sin título. El olor a azufre crecía, me secaba la garganta, pero la intención de fisgonear era más fuerte que el miedo. Leí el primero de los relatos y  fue tal mi asombro que caí sentada en el sillón, eran cuatro folios con sus respectivas hojas. Al leerlos descubrí los cuentos que habían aparecido en la máquina de escribir a medio terminar. Pero lo que me hizo temblar fue que todos ellos, los cuatro, escritos por el abuelo Tito, estaban desarrollados  con el mismo argumento y final que yo había escrito en la  Olivetti.

Escapé de la casa, salí tan apurada que casi me caigo al tropezar con una maceta sin plantas, sólo contenía lo que parecían huevos negros. Busqué la salida de forma atropellada, llegué a la calle y respiré hondo el olor a azufre se fue borrando, llegué a una plaza y me deje caer en el pasto, el contacto con la tierra fue un alivio.

Recordé la llave, otro día se la alcanzaría al escribano.

Me quedó la duda, ¿esos talismanes qué significado tenían?

Fue demasiado evidente que en esa casa sucedía algo secreto a lo que yo no lograba darle explicación; el movimiento de los talismanes, el olor a azufre y mi temblor inexplicable, todo era un misterio.

Y por último:

¿Había escrito yo el final de los cuentos o el espíritu del abuelo seguía en la máquina?



31 comentarios:

José Luis Asensi dijo...

Un gran misterio y un buen relato en torno al abuelo y la máquina de escribir. Tal vez te la regaló con la intención de seguir escribiendo esos cuentos a través de ti.
Tal vez este es uno de ellos. A que asusta pensarlo?
Abrazos.

Rafael dijo...

Todo es posible y para eso está la imaginación del escritor, (y del lector)...
Un abrazo.

Susana Moreno dijo...

Uñ relato muy intrigante. Un beso

Campirela_ dijo...

Bravo, qué misterio nos dejas por descubrir , tal vez ambas mentes están conectadas la de ella y a de su abuelo, pero que estuviera el final en esas hojas en su casa, todo indica que tal vez el espíritu del abuelo entró en su mente ...
Desde luego es un buen relato que te deja esa duda. Un fuerte abrazo

eli mendez dijo...

Wowwwww con que gran relato fantastico nos has despertado hoy!!!
aunque sea cuento, en algunas cuestiones es inevitable creer..y en esto de las brujas/os...que las hay...las hay..
Por lo demás me gusta mucho eso de pensar en aquellas personas que tal vez nunca estuvieron fisicamente presentes en nuestra vida, pero que sin embargo, si estuvieron...
Eso de dejar su "tesoro" a quien sabe que va a continuar escribiendo y dandole sentido y proposito a aquello que no pudo terminar de decir..Me encantoooooo...gran dia Mariarosa!!!

" R y k @ r d o " dijo...

Um conto/relato muito bonito de ler. Deixo o meu aplauso e elogio
.
Cumprimentos
.
Pensamentos e Devaneios Poéticos
.

Agapxis dijo...

Un magnífico relato!!

Con esa incertidumbre final que lo deja todo en misterioso secreto.

Me gustó mucho.


Saludos.

Mi nombre es Mucha dijo...

lindos tus textos te invito a conocer mi otro blog abrazos

Carolina Häus dijo...

Esta historia parece como El Resplandor!!
estas poseida mi querida amiga!!!

Me encantan tus historias atrapantes, son muy vívidas.
Te dejo un abrazo grande.

Hada de las Rosas dijo...

Esa chica que comento ahi arriba como Carolina, soy yo, el hada de las rosas
disculpas, fue mi alter ego que del julepe me poseyo...
nah, simplemente entre con otro perfil por error
Besos . 。 • ゚。
  . . . 
。。.
 . 。 ඞ。. •
•. 。.
    。 ゚ 
  . .
,. . . 。

J.P. Alexander dijo...

Buen relato hasta miedito me dio con lo que la maquina escribía. El final es genial te mando un beso.

Sandra Figueroa dijo...

De principio a fin estupendo relato amiga, creo que si estaba embrujada la maquina de escribir, todo tiene vida.... Saludos.

Elda dijo...

Caray María Rosa, ¡vaya historia más genial!. Realmente eres una contadora estupenda con mucha imaginación e ingenio.
La narración como siempre estupenda, ha mantenido mi atención pegada a tus letras con ese halo de misterio que tan bien sabes darle.
De más esta decir que me ha encantado.
Un abrazo.

Milena dijo...

Qué magnífico y misterioso relato, Maria Rosa, me mantuviste en vilo a lo largo de todo él... ¡fantástico, mágico!

Buen jueves, abrazo

Ernesto. dijo...

Los misterios de Mariarosa... Que suelen alterar el ánimo de quienes los leen. Todos con ese misterio hasta el final del relato. Y, sin duda, bien desarrollados!

Lo que me llama hoy la atención, es que teniendo esa "carita angelical", que se ve por algún lado en el blog, seas capaz de desarrollar temas tan..., en ocasiones tremebundos! :))))))

Abrazo.

Margarita HP dijo...

¡¡Me encantaaaaaa!! De verdad, soy una forofa de tus historias. Y bueno, esa máquina... ay, ay. Qué bien narrado y qué misterio. Besos cariño :D

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

La genialidad de los cuentos entre el género negro y el suspenso son proverbiales en tu escritura- Este de la vieja Olivetti, un ensalmo. Un abrazo desde Colombia. Carlos

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

La genialidad de los cuentos entre el género negro y el suspenso son proverbiales en tu escritura- Este de la vieja Olivetti, un ensalmo. Un abrazo desde Colombia. Carlos

Mª Jesús Muñoz dijo...

Qué maravilla, María Rosa...!! El abuelo estaba ahí, en espíritu, con sus letras. No sólo inspirando a su nieta, también a todos nosotros, inspeccionando su casa y sus talismanes...Muy bueno, en imaginación, en suspense y en argumento.
Mi felicitación y mi abrazo entrañable por tus buenas historias, amiga.

Ayelén Aikén dijo...

Hola, María Rosa! No me esperaba ese giro sobrenatural. pero el resultado fue fantástico.

Anónimo dijo...

makasih atas artikelnya,


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Meulen dijo...

Intrigante dilema
Hay cosas inexplicables o que son explicables pero que muy pocos realmente quieren saber la verdad subyacente en ese místerio...quien juega con fuego
Al final puede terminar quemandose infinitamente.

Muy buen relato estimada.

Te dejo un abrazo grande.

Rainbow Evening dijo...

the end is mystery ...

Good story... love it

José A. García dijo...

Yo me evito estas cosas al no tener contacto con la familia y cambiar de número teléfono al menos una vez al año.
Todo bien, pero que los fantasmas (y las deudas) se queden bien lejos.

Saludos!

J.

lanochedemedianoche dijo...

Seguramente tu inspiración fue compartida , tu abuelo lo quiso así. Muy interesante.
Abrazo

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Un personaje considerado antisocial, pero que sufrió una pérdida dolorosa. La de su amante convertida en esposa, a la que seguro quería.
Regalar una máquina de escribir a alguien que también escribe, podría ser todo un mensaje, que no necesita palabras cariñosas.
Aunque el final, todo un giro argumentar. ¿Cómo se puede tener la seguridad de no ser un personaje de alguien más y que ese alguien más...?
Muy bien escrito. Un abrazo.

silvioafonso dijo...

Um beijo cheio de saudade de
você, minha amiga.
Muito boa postagem.

el oso dijo...

¡Qué buena historia!
Me encantó cómo la desarrollaste-
Besos

Contratar a Gonzalito de CQC dijo...

Me ha encantado tu relato, estaré volviendo pronto. Abrazo

Volarela dijo...

Con qué imaginación nos llevas a mundos tenebrosos...
Excelente relato!
Un abrazo (espero que la prota se deshaga de la máquina cuanto antes...)

Laura. M dijo...

Buen suspense.
Consigues siempre ponernos alerta amiga.
Buen fin de semana. Cuídate.
Un abrazo.

La Bohéme.

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