domingo

El Chino.



Lo contemplaba con la admirada ignorancia del que es joven y no entiende, como se puede trabajar tantas horas y terminar cada noche  en la borrachea más absurda que se pueda imaginar.

El chino era así, laburador y borracho. El pelo largo y lacio le caía sobre los ojos aindiados y negros. Amanecía con la mirada turbia y salía temprano para el taller mecánico, la ropa de trabajo ajada  era parte de su piel, un sello que lo identificaba.

Llegaba al boliche al atardecer y buscaba siempre la misma mesa. La primera copa, llamaba a otra y así perdía la cuenta. En qué pensaría, cuando sus ojos se hundían hasta el fondo del  vaso de vino oscuro, buscando  algo o alguien. Nadie conocía su pasado, ni su vida actual, sólo su trabajo y que alquilaba una pieza en la pensión de doña Santa.
¿Qué lo hacía beber de esa manera, qué buscaba olvidar? Nadie sabía; con ninguno hablaba. A veces, sólo a veces,  una lágrima resbalaba por su cara, sería producto del alcohol o un recuerdo que pugnaba por  salir buscando luz.
Al irse saludaba con un gesto, levantando la mano derecha. Se despedía llevándose las estrellas titilando en la  mirada. y zigzagueando salía a la calle. Caminaba barajando sombras y conociendo de memoria cada baldosa.
No fue la primera vez, si sería la última, aquella noche que el Chino  salió del boliche a los tumbos, más vino que sangre llevaba en las venas.

Se quedó dormido y no despertó, fue un ángel en curda que llegó al cielo  sin pedir permiso. Uno de esos seres que pasan por la vida sin levantar la voz y que se van camino del olvido, llevándose sus penas,  con el mismo silencio con que llegaron.



23 comentarios:

Rafael dijo...

Breve pero bonito relato.
Un abrazo.

Diana de Méridor dijo...

Qué maravilla. Es un relato muy emotivo. Con pocas palabras lo convierte en un ángel al que ya habíamos comenzado a querer. Un relato precioso.

Feliz día

Bisous

Sara O. Durán dijo...

Murió con las emociones anestesiadas. Añoranza, quizá.
Un abrazo.

Mari-Pi-R dijo...

Una dulce muerte tuvo ya que bien se había preparado para ella.
Un abrazo.

Franziska dijo...

La terrible soledad devorando a un hombre que, seguramente, solo ganaba dinero para invertirlo en vino, eso fue lo que le sostuvo y también lo que se llevó su vida. ¡Qué dura puede llegar a ser la vida y que terrible la soledad en compañía!

Me has impresionado más aún que de costumbre, lo cual es mucho decir. Un abrazo. Franziska

Magdeli Valdés dijo...

Cuanta realidad cuentas aquí...

me recuerda aún muchos casos que no son lejanos a la vida real
esos abandonados , de la vida.. o por ello mismos
que no se perdonan o no perdonan y se hunden irremediablemente en ese dolor...

si...es justo darle esa posibilidad de redención por así decirse
en su último vuelo...
quizás ahí uno comprenda en definitiva
cual es la razón de haber venido a esta vida...

tú nos enseñas a mirar a nuestro alrededor
donde hay muchos que quizás con una sonrisa
cambiarían mucho de su forma de ver la vida...

besos.

PD: gracias por acompañar mis palabras.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Hay seres humanos así. Nunca se les conocen las penas. Bebedores íngrimos, u mueren en santidad de licor y soledad. UN abrazo. carlos

Anónimo dijo...

Me es imposible dejar de aplaudir tu historia....Que no es mas que un retazo de la vida,...Es muy triste ver una persona ebria,...su comportamiento...y la languidez de su mirada...
Lo que el sujeto no dice, queda expresado en cada movimiento, en cada copa de vino que ingiere, en cada lagrimón que rueda por su mejilla....El cree estar ahogando las penas....pero las penas lo ahogan a él...triste paradoja...Quiere matar la miseria que lo apena,...pero las miserias no se matan. resurgen cada día con mas fuerza...más virulencia...
Como si estuviera pagando en vida alguna deuda con la vida...saludos amiga...Juan Ángel Petta

MaRía dijo...

A veces, en una mirada sin saber, se sabe que se bebe para olvidar...o para acabar cin lo que la pena no deja vivir la vida..

Hermoso y triste relato

Un abrazo grande

maría del rosario Alessandrini dijo...

Muy bello relato María rosa, fue un placer leerlo, gracias.
Abrazo

Rosana Marti dijo...

Sus penas se llevó con el silencio de su alma.

Abrazos!!

Mirella S. dijo...

Con pocas pinceladas describiste a un personaje sumido en la mayor de las soledades.
Ese vino, que ya era su sangre, se había convertido en el cloroformo de su alma.
¡Muy bueno, Mariarosa!
Besos.

Pedro Luso dijo...

Excelente narrativa, com um personagem forte,
muito bem criado, que deu força à história.
Gostei muito. Parabéns, Maria Rosa.
Abraço, Pedro.

TIGUAZ dijo...

Como siempre, magnífico. Mi admiración y cariño.

Julia L. Pomposo dijo...

Me ha estremecido este cuento, se durmió en el sueño eterno llevándose su secreto con él, algo le debió ocurrir en el pasado pero ya nunca lo sabremos.
Besos

jorge luis dijo...

BUEN TEXTO MUY BIEN ELABORADO UN ABRAZO

Diego Sánchez dijo...

No hay cosa más triste que un hombre que se emborracha solo. Siempre esconden tremendos problemas.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Carmen Estany dijo...

Este relato no es ficticio;por desgracia hay multitud de personas desengañadas de la vida que se refugian en el alcohol.Viven y mueren solos sin nadie que les tienda una mano, o sin querer ayuda.
Por suerte para él ya descansa en paz
Un abrazo.

Ambar dijo...

Un buen relato con estupenda narrativa. Un placer leerlo.
Besos

Sneyder C. dijo...

La soledad quizás le llevó a beber....Murio de la misma manera que vivía solo y ahogado en sus penas...
Muy emotivo tu relato.

Un cálido abrazo

el oso dijo...

Personajes como este Chino abundan en los pueblos y los barrios. Se llevan consigo sus cicatrices a veces sin mostrarlas más que en ocasiones. Sin orgullo ni desazón, circulan.
Besos, muy lindo.

Ernesto. dijo...

Excelente relato sobre alguien, conocido o que conocimos alguna vez. Y sí, hay personajes que vienen y van sin dejar apenas huella.

Un abrazo, Mariarosa.

María Socorro Luis dijo...


Buenísimo. Sin mas. Con tu auténtico estilo.

milbesos

Cristal roto.

Te escuchaba, pero estaba cerrada a tu voz. Tus palabras caían, saltaban en la mesa de aquel bar y rodaban hasta el suelo, se...