He vuelto
a pasar por la casa de la calle Machain, aquella de mi infancia. Está
transformada. Más moderna, otro color, sus líneas cambiaron, la reja del balcón
desapareció, era mi puerta de escape a la calle para ir a jugar mientras las
tías dormían la siesta, tiempos en que los chicos corríamos por esas veredas de
baldosas con vainillas, dibujando rayuelas, sin celulares, ni las Tablet
actuales.
Recuerdo
que por las noches, trepaba la escalera que daba a la terraza, me sentaba en el
último escalón, escuchaba las voces de los tíos, subiendo y bajando sobre las
macetas del patio, hablaban de futbol, carreras y la fija del domingo que casi nunca se realizaba.
Yo miraba
el barrio, las ventanas a lo lejos se vestían de un color amarillo en la
oscuridad y desde esa altura parecían brillar, la lámpara de la esquina colgaba
de un poste inclinado y se hamacaba con el viento, la luz y la sombra jugaban dibujando
fantasmas bailando en la calle, el grito de la tía Juana me sacaba de mi
ensueño: ¡A dormir…!
Aquella
casa chorizo quedó en mi memoria sin olvido, un pasillo, el patio de enormes
macetas con helechos y begonias verdes como un jardín entre cemento, las
habitaciones de techos altos y puertas con persianas, todo cambió, como cambia
el mundo, como he cambiado yo.
A veces
me pregunto si aquella casa habrá sido así como recuerdo, tan cargada de
felicidad o mi imaginación la eleva a una perfección que no era tal, son
simulacros de mi memoria que extraña esa niñez sin preocupaciones, donde era
feliz con poco y nada.

15 comentarios:
María Rosa, cuando somos niños, las rejas, las ventanas, las macetas, las escaleras y las luces de la noche adquieren personalidad propia, nos hablan y se quedan prendidas en nuestro interior...Las voces son inolvidables, asi como los juegos, escapadas y rayuelas...Todo está eternizado y de vez en cuando aparecen, nos sorprenden y nos preguntamos...porqué todo cambia tan deprisa?
Preciosa tu recuerdo-reflexión interior, que nos ha permitido conocer un trocito de tu niñez; nos la has contado con sencilla claridad, dibujando imágenes y sentimientos poéticos, que a todos nos maduran y nos van modulando a medida que pasa el tiempo...y volvemos a vivirlos.
Mi abrazo entrañable y agradecido por tu generoso y sentido post, amiga poeta.
Las cosas que retenemos en nuestra retina cuando somos pequeños las visualizamos de un modo especial; cuando regresamos al lugar, a veces todo cambia. Un besote con mucho cariño.
Me gusto la historia. Te mando un beso.
Muchos recuerdos no son como fueron, pero qué importa si atesoramos las emociones que traen acollaradas, de la misma manera que tan bien las describís. Saludos
Esa pregunta final sobre cuanto hay de realidad y cuanto de memoria me encanto. Nuestra mente tiende a rellenar los recovecos vacios y, aunque quizas las casas cambien, hay lugares que permanecen felices dentro de nosotros. Un beso, querida amiga.
En los rincones de la memoria hay certezas que nos ayudan en la madurez a seguir cuerdos.
Un abrazo.
Un relato encantador de recuerdos y añoranza... ¿Quién no los ha vivido, de niño, y ya de adulto, en el cálido recuerdo de aquellas casas entrañables? Las propias, las de los abuelos, tíos, amigos. Todo un mundo desaparecido hoy para nosotros.
Quienes vienen detrás, hijos, nietos, también ellos construirán ese baúl de recuerdos con el paso de la edad.
Abrazo, Mariarosa.
Por cierto, has dejado muy bien arreglada, tuj nueva casa.
Besos.
Un comentario anterior se lo ha tragado las fauces hambientas de Blogguer.
Hola María Rosa, de regreso, paso a saludarte y encuentro este entrañable relato que nos cuenta sobre esa infancia que atesoras.
Y poco importa si has "idealizado" o fue así tal cual. En todo caso es lo que te hace vibrar hoy -y así lo trasmiten tus letras- y sin dudas ha sido una muy buena época.
¡También viví en una casa chorizo! Amé y sigo amando ese tipo de construcción.
Fuerte abrazo y ya estoy reincorporada a este mundillo Blogger tan particular.
Creo que con el tiempo idealizamos un poco las cosas. A mí también me gusta mucho recordar aquellos tiempos lejanos de la infancia, la casa, los juegos, la ciudad, la familia...ha quedado todo guardado como algo muy bonito y entrañable que pasó, pero seguramente cuando estaba pasando no tenía la misma percepción. Sea como fuere, el recuerdo es feliz y eso solo ya merece la pena.
Un abrazo
Hola, nadie sabe si lo que se recuerda no tiene algo de fallido, los recuerdos tal vez mienten un poco.
Lo importante es nuestra manera de recordar y el efecto que tiene sobre el ánimo.
Muy bonito.
Un abrazo.
Inolvidable esos años, los juegos, las escapadas en la siesta cuando nos mandaban a dormir, recuerdos y felicidad. Hermosa niñez
Abrazo
Y que cierto es que con poco y nada eramos felices. Mucho ha cambiado todo, también nosotros. Pero esos recuerdos siempre estaran con nosotros.
Buena semana Mariarosa.
Un abrazo.
En efecto, la casa era así como lo dice la memoria, aunque la memoria no lo recuerde todo.
Saludos,
J.
Publicar un comentario