miércoles

La lluvia y los duendes.


 


 

Qué habrá sido de aquellas tardes en que la lluvia aburría mis sentidos en este mismo patio, al que el agua, dejaba brillante cual espejo, y donde la higuera se reflejaba, poblada de hojas enormes escondiendo la miel roja del fruto abierto.

Regresan imágenes que no he llamado, me acompañan y la sonrisa se renueva entre las deshiladas gotas que lavan las baldosas que ya no son las mismas, ni yo soy igual.

Dicen que desde el pasado, los duendes nos llaman y cuando están aburridos juegan con nosotros, nos convierten en piezas en un tablero de ajedrez y buscan en un jaque mate hacernos llorar y perder la partida.

Dicen que dicen, o son mentiras que la imaginación de algún loco soñó, tras una noche de alcohol y mala yerba, y que alguien me contó.

Pero algo sucede en tardes de lluvia, mientras las pesadas hojas que dejó el otoño se van fundiendo entre el césped y la tierra, acunadas por la armonía que las chispas hilvanan en el pentagrama de la tarde, algo sucede, llegan voces que cuentan historias, vidas ajenas que quedaron escritas con tinta invisible en las viejas paredes de la casa, casa que según me contaron levantó mi bisabuelo al llegar de Italia. Había dejado atrás su ciudad: Verona y una historia difícil. Él era un pobre trabajador, enamorado de una niña rica, que, en su locura de amor, dejó todo y se embarcó con él, rumbo a un país desconocido y lejano del hemisferio sur. Atrás se cerraron todas las puertas y aquí hubieron de comenzar de cero. La tierra nueva fue generosa con ellos, les regaló trabajo, hijos y amor, que los acompañaron hasta sus últimos días.

Los duendes saben y cuentan esas leyendas que fueron pasando de padres a hijos, se escudan en la lluvia y el sonido de las gotas les da resonancia musical.

Mi madre me contaba que los duendes no existen, que esas voces que se escuchan y las pequeñas luces que circulan por el patio cuando llueve, son los fantasmas de la casa, ellos siguen aquí, nos acompañan, nos protegen, no se dan por vencidos ante la realidad.

Y como decía Borges: “Ajedrez misterioso es la vida, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto”.

 

 Reeditado.

 

 

 

 

 

 

 

 

4 comentarios:

Campirela_ dijo...

Serán duende o fantasmas, algo hay de misterio en esas luces, y esa vocecita que alguna vez oímos dentro oído, y las cosas que nos esconden y aparecen en otros lugares, quien sea no lo sé, pero segura que alguien es. Un besote, y muy bien hecho de volverle a traer.

Rafael dijo...

Cerrar los ojos ante la lluvia, tras los cristales, y evocar el "ajedrez" de Borges...Gracias.
Un abrazo.

Citu dijo...

Me gusto mucho tu relato y me encantó la frase de Borges. Te mando un beso.

Hada de las Rosas dijo...

Ay, esos duendes traviesos, que juegan con nosotros como piezas de ajedrez, quieren hacernos llorar..! hiciste un jaque mate emocional, amiga!
Creaste un relato dentro del relato, que bien porque nuestros antepasados no solo son un recuerdo, sino presencias vivas en las paredes de la casa y en el sonido de la lluvia 😭
Preciosa fotografia, tambien 🤗
Besote

La lluvia y los duendes.

    Qué habrá sido de aquellas tardes en que la lluvia aburría mis sentidos en este mismo patio, al que el agua, dejaba brillante cual e...