miércoles

La pregunta.

 

Pintura de Leonid Afremov



 


 

Se ajustó la bufanda en un gesto automático y coqueto, lo miró esperando una respuesta, él desvió sus ojos a la calle, había comenzado a lloviznar, desde el  cristal del bar, la imagen resultaba una pintura, le vino a la memoria un cuadro de Afremov que había visto en un museo, hacía mucho tiempo.

—Roque te hice una pregunta —dijo la mujer.

Él continuó  mirando la calle, parecía perdido entre la maraña de hojas mojadas que se debatían entre el agua y el viento.

—¿Por qué tendría que ayudarte?—preguntó.

—Vos sos buena persona y estás enamorado de mí…

Lo dijo con voz clara y casi con soberbia. Él siguió observando la calle, apretó los labios en un gesto de rabia.

—Nunca te dije que te amaba, de dónde sacas esas cosas…

Volvió la mirada y fue directo a los ojos de ella, se perdió en ellos y le dijo:

—Sos una cualquiera, tenés amigos de todo tipo y nivel ¿por qué me elegís a mí para semejante ayuda?

—Ya te dije, porque sos buena persona y  me querés de verdad, nunca solicitaste favores cuando te pedí dinero, aparte… sé reconocer por la forma en que me miras que sentís algo especial por mí.

Ella volvió a acomodarse la bufanda, pidió un café y estiró la mano hasta alcanzar el brazo de Roque que se dejó acariciar. Él volvió a mirar la calle, la gente corría apurada bajo una llovizna tupida, ya las hojas eran una alfombra  de un difumado color.

—Roque van a llegar de un momento a otro a buscarme, saben que vos sos mi amigo y  en el barrio todos te respetan, tu palabra es sagrada.

Él se puso de pie, la miró con pena, dejo unos billetes sobre la mesa y le preguntó:

—¿Qué carajo hiciste para querer mezclarme en tus macanas?

—Maté a un tipo –lo dijo con tanta naturalidad que lo hizo estremecer— pasé la noche con él y de pronto y sin motivo comenzó a pegarme, si te mostrara la espalda comprenderías que no tuve otra opción, debía defenderme, siempre llevo conmigo una navaja.

Roque quedó en silencio,  se volvió a sentar, la escuchaba absorto y pálido.

—La navaja forma parte de mi equipo de trabajo, a muchos, basta con amenazarlos, ven el brillo del metal y se calman, pero ese bruto  no se asustó, se me vino con una furia que me hizo perder la razón, me tomó del cuello, estaba borracho y los reflejos le fallaron. Lo maté, sin pena.

Roque la escuchaba cada vez más pálido, le temblaban los labios, le costaba hablar, ella lo hacía como si hubiera matado una mosca,  volvió a insistir.

—Qué te cuesta, decís que pase la noche con vos y no van a creer al tipo del hotel que me vio entrar acompañada por ese bestia, es tu palabra contra la de él… vos sos un tipo creíble.

—Para salvarte arruino mi vida, eso a vos no te importa.

—Me van a meter en cana por más de treinta años.

Volvió a levantarse y le dijo con firmeza:

—No Sabrina, no.

Giro para irse y la escuchó decir por lo bajo:

—¿Qué clase de sacerdote sos? Así salvas las almas perdidas, dejándolas abandonadas…

No se volvió, llegó a la puerta, se subió el cuelo del abrigo y salió a la calle, apuro el paso, el viento y lluvia le lavaron las lágrimas.  Llovía con más fuerza.


23 comentarios:

Susana Moreno dijo...

Vaya giro de la historia. Un beso

Ester dijo...

Una historia bien tejida para un final sorprendente, me has recordado un libro que lei hace muchos años pero que no he olvidado "El comprador de horas" Abrazos

Alfred dijo...

El toque del sacerdote le da un dramatismo más especial.

Abrazos.

Rafael dijo...

Ese final... (Me gusta)
Un abrazo.

Bertha dijo...

Dificil decisión para él mentir si se hubiera terciado, por su compromiso con la verdad...

Excelente relato y sobre todo ese matiz final.

Un abrazo

retazosmios dijo...

Otro precioso relato con un final que no lo esperas. La mujer no se andaba con rodeos y en el fondo era una gran persona. Muchas veces la vida nos sorprende en los momentos más cotidianos de la vida.
Hermoso, amiga María Rosa.
Un gran abrazo y feliz mes de diciembre.

Campirela_ dijo...

Maravilloso, ese final es espectacular, una situación complicada para él ya que infligiría en un pecado mortal, matar a otro ser humano. Aunque fuera como es en este caso en defensa propia por su vida. Un besazo grande, me encanto

Carmen Silza dijo...

Un relato excelente, y si,más excelente, por ese final inesperado.Feliz día.Un abrazo.

Margarita HP dijo...

¡Vaya giro! Me encantan tus giros María Rosa. Una maravilla de relato. Besos :D

Enrique TF dijo...

Impresiona tu relato ... el final, por inesperado, me dejó pensativo.
Magnífico.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Debería de entenderse que Sabrina mató para defenderse. Que fue legítima defensa. Pero ella sospecha que no le creerán, que sus actividades la hacen sospechosa, despiertan prejuicio. Lamentablemente, puede ser que tenga razón.
El ser sacerdote católico implica que prometió celibato. Incompatible con pasar una noche en un hotel, con una mujer. Incluso sin celibato, sería mal visto. Por lo que no ayudará a Sabrina, a pesar de que como la mira.

Tu relato es toda una denuncia a una sociedad de apariencias.

Me recordó a un canción de G.I.T. LA calle es su lugar.

Un abrazo.

Nocturno Náufrago dijo...

Amiga, siempre sorprenden tus finales. Una historia que forma parte de las realidades que nos rodean. Se puede charlar largo rato sobre lo que contás con muy buena pluma. Ambas posturas se comprenden, al menos desde mi visión.
Un abrazo.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Uffffffff, tremendo, María Rosa...Dos vidas, dos vocaciones, que se juegan su destino ante la vida y ante los demás...Nadie vale más que nadie y cada cual lucha por salvar su vida y su reputación. Me apena la mujer, pero también me apena el sacerdote ante la encrucijada que se encuentra...Gran tema e inteligente exposición nos dejas, realmente impactante, amiga.
Mi felicitación y mi abrazo entrañable por tu constante buen hacer.
Feliz mes de diciembre,M.Rosa.

Franziska dijo...

Siempre logras sorprendentes relatos pero éste, además, me puso los pelos de punta... menuda situación. Vuelvo a felicitarte. Es un acierto más. Un abrazo.

Ana dijo...

Qué cuadro más bonito, me ha llamado muchísimo la atención.
Y menuda situación para el sacerdote, hiciese lo que hiciese, tenía el sufrimiento asegurado.

Un abrazo

Hada de las Rosas dijo...

Oh, que atolladero, es una situacion realmente dificil para los dos, pero él es un sacerdote... estan en una encrucijada; creo que ella le pide demasiado. Sera mejor que pague al tipo y de paso medite un tiempo sobre su vida y como seguira despues. Lo que parece malo, despues de todo quizas se torne en una oportunidad para barajar y dar de nuevo.
Me compenetre con la historia desde el mismo momento en que vi la obra del artista ruso; perfecta consonancia, mi querida amiga!
Te mando abrazos de flores amarillas caidas de arboles imponentes que alfombran intensamente a mi plaza querida.

J.P. Alexander dijo...

Uy genial relato. Te mando un beso.

Meulen dijo...

Al final cada quien debe cargar con su propia vida y de como la hayas vivido será lo que debes asumir en esta vida y en la otra.

Un abrazo.

José A. García dijo...

Salvan las almas que les conviene, como siempre.

Muy bien escrito.

Saludos,
J.

Emilio Muñoz dijo...

Inesperado desenlace, amiga!!! Varias sorpresas en el relato. Un relato que atrapa desde el principio despertando la curiosidad. Una curiosidad que se sacia sobradamente.

Y un estilo literario admirable. Combinado con tu sensibilidad y con tu capacidad para detenerte en los detalles, hacen un conjunto sobresaliente.

Encantado de leerte, y disculpa por los retrasos.

Y un enorme abrazo, querida amiga!!!

Somos Artesan@s de la Palabra dijo...

Un atrapante relato realmente, el final totalmente inesperado, me encantó leerlo, es muy bueno.
Una brazo, PATRICIA F.

Volarela dijo...

La lluvia le lavó las lágrimas...
Con que sutileza y a la vez emoción terminas... Me ha encantado. Demuestra que él la amaba, pero como sacerdote era imposible ayudarla sin echar a perder su vida.
El inicio y el final con la lluvía es de gran belleza y me gustan los contrastes que has logrado de la personalidad de los dos: uno es un hombre bueno, el otro una mujer interesada.
Enhorabuena una vez más!
Un beso muy grande

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

De sorpresas el relato, y manteniendo en vilo al lector. UN abrazo. Carlos

María Pilar.

      María Pilar.          El viejo me miró de arriba abajo, yo me quedé prendida en su cara, eran tantas sus arrugas que me sorprend...