sábado

Solo dormir.





Apareces en el parpadeo del sueño, te presiento cercano, te desvaneces con la primera luz del día y la soledad en mi habitación me dice que nada es real. El espejo me pregunta cómo logro crear situaciones en las que tu presencia deambula por la casa, si eso es imposible.
Ayer surgiste por la tarde, vestías aquella vieja camisa de color indefinido —nunca supe si era blanca, amarilla o si el sol le había gastado su color—, tu flaca figura se perdía dentro de ella. Fuiste a la cocina, te escuché abrir y cerrar las puertas de la alacena, buscabas algo y no me acerqué a preguntarte qué necesitabas. Te ignoré y vos hiciste lo mismo. Fue la primera vez que te vi preparar un té.
Abrí el refrigerador buscando una cerveza o un vino helado con que calmar mi sed y no había nada más que agua, maldito seas, quiero mis botellas, grité. No respondiste, llevabas la taza a tu boca y mirabas por la ventana el cielo oscuro que amenazaba lluvia.
Durante el día los estados permanentes de sueño caminaban conmigo y me transformaban en un zombi sin voluntad, mis párpados se cerraban y al entrar a mi dormitorio, la cama era el refugio y perdía la noción del tiempo. Por momentos me despertaba el ruido de tus manos torpes, manipulando cacerolas, sartenes y vos tratando de cocinar, ¿quién sabe qué? eras lo suficientemente molesto para arrancarme de mi descanso.
Mi mente se confunde, algo sucede en ella, cabalgan en mi memoria nuestros diálogos, que siempre iban por diferentes caminos y terminaban en discusiones y, en esos momentos, tu voz que siempre fue fría como el hielo, se acaloraba y se volvía violenta. Recuerdo mis temblores y aquella frase de mi madre que siempre rondaba mi cabeza: “Algún día, ese hombre te va a matar;” yo respondía que seguramente sería yo quien te mandaría al infierno.
Creo que descubrí lo que sucedió. Las imágenes de un altercado se presentan y se desvanecen por momentos, no sé cuál fue la causa, seguramente alguna tontería; pero lo suficientemente importante como para hacerte enfurecer y tus gritos: ¡Cómo me trastornaban tus gritos!
Estábamos en la cocina, me había sentado y te observaba dar vueltas y gritar, yo también gritaba. Allí todo se cubre de bruma, debe ser el olvido que me niega la verdad. Mis miembros piden descanso y no quiero obedecerlos, necesito saber, me obligo a volver atrás y entender por qué tu figura me persigue, si estás muerto, qué venganza absurda estás buscando con tu presencia silenciosa y permanente.
Por momentos me falta el aire, debe ser que vivo recluida, que voy de mi cuarto a la cocina y no quiero o no puedo quebrar ese círculo que me encierra.
Volvieron las imágenes de aquel día, son flashes sin color: yo había comenzado con una cerveza y ya iba por la tercera, ese fue el desencadenante de tu furia, ahora lo recuerdo. Alzabas los brazos y dabas vueltas cerca de mí, tu cara se había convertido en una máscara intimidante, estabas alterado y me insultabas. Recuerdo que me puse de pie y abrí el cajón de los cubiertos, agarré la cuchilla y llevándola en alto me lancé contra tu pecho. Tu fuerza era superior a la mía y, ante ella, caí al suelo como una bolsa pesada, y sólo tengo memoria de tu mano empujando mi brazo y el cuchillo penetrando en mi garganta y la vida escapando a borbotones. La niebla se va despejando, debió haber sido el alcohol que nubló mi mente y me hundió en este estado de ceguera con mi realidad y sólo quiero dormir.


26 comentarios:

Ernesto. dijo...

Una inquietante historia con un final inesperado... Buena trama.

Abrazos Mariarosa.

Rafael dijo...

Interesante relato, felicidades.
Un abrazo.

Elda dijo...

Ah que bueno, todo al revés de como se supone que termina la historia.
Genial e ingenioso relato M. Rosa, me encanta como lo escribes.
Felicitaciones y un abrazo.

Alicia dijo...

Me encantan tus sorpresas finales amiga. Buenísimo relato. Besos

Susana A dijo...

Una historia con fuerza. Un beso.

Mari-Pi-R dijo...

El efecto de la bebida hace sentir ciertas vivencias.
Bonito relato, un feliz domingo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Una inquietante historia. Con un final sorpresivo y a la vez anunciando por algunos indicios.
Un abrazo.

Sara O. Durán dijo...

Fue otro el muerto. Genial!
Besos de anís.

Magdeli Valdés dijo...

Algo me decía que me hablaba un fantasma
El sino ...lo que vive atado de esa manera nunca escapa al martirio

Una verdad encierran siempre tus cuentos

Abrazos

🌺💙🌺💙🌺💙🌺💙🌺

J.P. Alexander dijo...

Uy la culpa nunca lo dejará dormir de nuevo. Buena historia

Mirella S. dijo...

Ese final es excelente... no es la borrachera la que le hace ver visiones.
Muy bien contado, Mariarosa.
Besos.

Rosa dijo...

Un final inesperado, muy bien narrado.

Gracias por tu visita, María Rosa.

Un beso.

Mª Jesús Muñoz dijo...

La conciencia vuelve una y otra vez a vivir el pasado, tratando de entender el porqué de las
cosas...Y es que en una vida hay muchas vidas, que no descansan en busca de la paz....
Mi felicitación por tu temple y tu vocación tan bien llevada en las letras, María Rosa.
Mi abrazo y mi cariño.

sakkarah dijo...

Muy bueno tu relato, narra una situación fuertísima.

Me encantó.

Muchos besos.

Carmen Estany dijo...

El alcohólico tiene tal confusión mental que no puede vivir centrado en la realidad.
Un relato muy fuerte en el que se ve claramente las consecuencias de la bebida.
Te felicito Mariarosa
Un fuerte abrazo

Margarita HP dijo...

Madre mía María Rosa, como siempre, impactante. ¡Enhorabuena! : D

Rafa Hernández dijo...

Mala consejera la bebida, y muy buen relato, porque en los finales siempre nos guardas sorpresas.

Besos. María Rosa.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Con la bruma de irrealidad, y la constante de los muertos que tienen la memoria de su muerte, o vuelven a la vida, sin que se note su presencia. Qué bien logrado. Un abrazo. carlos

Campirela_ dijo...

Una interesante entrada donde el final es inesperado además un fuerte tema .
Un abrazo feliz jueves .

Sandra Figueroa dijo...

Muy buena historia...como muchas en esta vida.............un excelente final....un gusto leerte.

TIGUAZ dijo...

Aun sin que medie el licor,algunas sensaciones que bien describes pueden hacerse realidad, en ocasiones los sueños pueden trocarse a sueños reales´.
un pacer disfrutar de tu lectura.

Lujan Fraix dijo...

Un relato intenso como todo lo que escribes con esos finales intempestivos.
Excelente María Rosa.
Un beso grande.

joaquín galán dijo...

Magnífica historia,entretenida y con un final inesperado.Me recordó a la película dirigida por el español Alejandro Amenabar "Los otros" (no sé si la has visto),pues aunque la temática no es la misma ,el desenlace sí se le parece.

Abrazos María Rosa

Kasioles dijo...

Eres fenomenal escribiendo, es más, tienes arte para enganchar al lector y que se meta de lleno en la trama de tu relato.
¡Estupendo final!
Agradezco tu entrada y aprovecho para desearte un buen fin de semana.
Cariños.
kasioles

maría del rosario Alessandrini dijo...

Hola María Rosa, que gran narradora eres, como sabes crear misterio y llevarnos lentamente entre la niebla a un final de película, gracias poetisa.
Abrazo

José A. García dijo...

Los sueños y la facilidad para confundir el tiempo, el espacio, los sentimientos, la vida y la muerte...

Saludos,

J.

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