martes

La niña del subte.





Los ojos negros, las pestañas lacias y esa mirada de animalito asustado; llamaron mi atención.
Subió al subte, cargando un chango descolorido, miró a los pasajeros, uno a uno y luego se sentó a mi lado. Tendría unos diez años y pertenecía a ese grupo de chicos  que llevaban marcada la villa en la piel, en la ropa, en el olor peculiar que deja el humo y la humedad. Intenté una conversación, y ella apenas hilvanaba alguna respuesta con frases cortas, como si las meditara, mientras el movimiento del vagón la iba acurrucando a mi lado.

Me dijo que iba todas las noches a una panadería del centro a buscar el pan y las facturas que sobraban. Sentí pena, tan chica y tan sola buscando el sustento para ella y sus hermanos.

Me bajé en Plaza Italia y mientras caminaba por la calle  Borges, me dije que necesitaba una café.
La noche recién apuntaba sus sombras y desde el ventanal del bar contemplaba el ir y venir humano que cruzaba sin apuro buscando quizá el encuentro con amigos o simplemente una copa que alivie el cansancio del día.


No dejaba de pensar en la pequeña. El café me revitalizó el cuerpo y al  llamar al mozo, noté que no tenía la billetera. Siempre la dejaba en el bolsillo de mi abrigo, el bolsillo al que la mano pequeña de una futura actriz de telenovela, había visitado, mientras el vaivén del subte la acercaba a mi lado.




Subte; es el tren subterraneo que en algunos países se llama metro.

30 comentarios:

Ernesto. dijo...

Entrañable relato, después de todo, pues ello son: "las cosas de la vida"...

Abrazo, Mariarosa.

Rafael dijo...

La picaresta llega a todas partes, como en este caso que relatas.
Un abrazo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Todo un giro argumental. La pequeña se aprovechó de la empatía.
Bien contado

Elda dijo...

Encantador relato, aunque no tan encantadora la acción de la niña después de la amabilidad mostrada por parte de la sustraída.
Siempre un gusto leer tus cuentos.
Un abrazo.

Mª Jesús Muñoz dijo...

La necesidad enseña a subsistir, aviva la imaginación y la picaresca...Asi es la vida.Un buen relato, muy entrañable, donde la inocencia cambia de estancia.
Mi felicitación y mi abrazo, amiga.
M.Jesús

Franziska dijo...

Has vuelto a emocionarme y, por supuesto, a sorprenderme con ese final. El hurto es un camino seguido por la miseria, la enseñanza que ha recibido de su madre, la envían a ella porque no levanta sospechas, porque da lástima, porque aunque resulte al final que te robó aún la compadecemos. Interesantísimo. Un abrazo. Franziska

Magdeli Valdés dijo...

Esta plagado de historias semejantes
En cada metro...bus o en la calle...la inocencia violentada...el dolor de esos niños y niñas que solo es un inicio de una enseñanza que les arruina por siempre la vida...una sociedad ciega...el abandono y el descaro por decir lo menos de los padres irresponsables...

Al menos el protagonista si acaso llegue una comprension.

Abrazo.

Ambar dijo...

Un relato cargado de ternura y estremecedor. Los niños impulsados, por la miseria y por los adultos encargados de su cuidado, a convertirse en ladrones.
Besos

Mirella S. dijo...

Es la tremenda realidad que nos toca vivir.
Los chicos que están en esas condiciones aprenden cada vez más rápido a desenvolverse en este mundo caótico. Es su forma de supervivencia, es lo vieron y les enseñaron en su entorno.
Tierno y duro a la vez. Me gustó mucho, Mariarosa.
Besos.

Sneyder C. dijo...

La necesidad obliga, aunque quizás ese sea su oficio como tantas niñas que no levantan sospechas y se aprovechan de las personas.
Muy bueno final.

Un cálido abrazo

Sara O. Durán dijo...

Por desgracia, siguen habiendo niños, sin la posibilidad de serlo y la vida les resulta muy difícil. Y bueno, se la ganan trabajando y hasta de vez en cuando bolseando a algún adulto amable.
Lo borraste deliciosamente.
Un abrazo de anís estrella.

TIGUAZ dijo...

Es un bello relato, gracias por dejarnos disfrutarlo. Se te admira. Un abrazo.

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Un verdadera maestra del engaño, y tú procupada por la suerte de esa pequeña bribona.

Un abrazo.

Mari-Pi-R dijo...

La necesidad hace obrar gestos que no deberían producirse, que bien todo iba a ir si nadie tuviese que pedir una limosna ni tener que robar una cartera.
Buen relato, un abrazo.

Susana A dijo...

Impresionante. Un beso.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Me hizo recordar a los otrora "gamines" bogotanos, de manos diestras para sustraer carteras, y hoy cacos de adultos. Un beso. carlos

Abuela Ciber dijo...

La vida que les ha tocado vivir las lleva a situaciones asi
Otras logran salir de ella
Cariños

Diego Sánchez dijo...

La verdad que cuando es un niño quien nos perjudica no sabemos bien como reaccionar, hasta se puede convertir en bello relato. Me ha encantado.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Existe Sempre Um Lugar dijo...

Boa tarde, é uma historia que me faz pensar a facilidade com se condena sem se conhecer a causa, nada acontece por acaso, com a certeza lhe digo, que o maior culpado(s) é quem marginaliza, infelizmente quem tem tem o poder e se acha que foi eleito democraticamente, acha-se no direito de retirar a dignidade de vida a uma população tão digna como outra qualquer.
AG

ReltiH dijo...

EXCELENTE CIERRE. JEJEJEJEJE.
ABRAZOS

PEPE LASALA dijo...

Me ha encantado Mª Rosa, muy buen relato.
P.D.: Perdona mi tardanza en venir, pero he estado ocupado preparando una serie de entradas hechas de forma distinta a la habitual (para que me conozcáis tod@s un poquito más) que ya he empezado a publicar. Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Kasioles dijo...

Si te soy sincera, no me esperaba un final así, pero no debe sorprenderme, tu imaginación da lugar a relatos que enganchan tanto como éste.
Ya sabes lo que se suele decir: Con el cuento de la lástima...
Créeme, a mí, de pequeña, me pasó algo parecido, con el cuento de la enfermedad, yo daba todas las tardes mi merienda y dos reales a una viejecita que le encantaba el aguardiente y yo ignoraba en qué se gastaba el dinero.
Abrazos.
kasioles

maría del rosario Alessandrini dijo...

Muy especial este relato, que nos habla de seres tristes e ignorando muchas bellezas de la vida que no pueden disfrutar, ni ver, muy conmovedor poetisa. María Rosa.
Abrazo

Maru dijo...

Belleza en tu relato y en la serenidad con que lo cuentas, intuyo que es un acontecimiento que te ocurrió a ti, pues hablas en primera persona, es muy descriptivo de tu personalidad grande y generosa. Un abrazo.

R. Ariel dijo...

Un relato muy emotivo, María Rosa, con un final que no esperaba. Los niños, como el personaje de tu historia, son el último eslabón de la cadena de la culpa y, lamentablemente los más perjudicados.
Un saludo.
Ariel

José A. García dijo...

De seguro la niña ya conoció a su propio Sr. Fagin...

Saludos,

J.

Anónimo dijo...

Muy bueno,..final inesperado...pero bien pensado...Saludos

Margarita HP dijo...

Hola. Acabo de descubrir tu blog y me ha gustado mucho. La forma tan hermosa en la que describes ese encuentro en el subterráneo y sus repercusiones. Te expresas muy bien. Me quedo por aquí y te voy leyendo. (Me encantan los cuentos y la poesía :D )

MaRía dijo...

Con tus giros siempre bordas las historias María Rosa

a pesar de su picaresca, la niña siempre será ternura, siempre... al menos para mí

ay pero eso sí que no me robe la cartera , ehhh

Un abrazo inmenso

Rosana Marti dijo...

El engaño esta servido. Es una pena ya no poder confiar en nadie, pero el hambre les puede a los niños, no deberían pasar por estas situaciones, crecen antes de lo debido. Besos!!

Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé, que me han contado o que escuché el un micro de viaje y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa