Duermen
los gorriones a la hora de la siesta, todo el jardín enmudece con ellos.
Hace
calor, pero en mi corazón reina el frío desde aquella mañana que te alejaste
buscando una utopía. Fue mejor así, tus palabras eran de cristal, traslucían
tus engaños y ya nada nos unía, ni el deseo, que se fue perdiendo abrazado al
silencio y a la orfandad del amor, la mentira fue ahuecando la ilusión que un
día nos unió.
Me
hundo en mi sillón y evito pensar; frente a mí, tu madre cose e hilvana un ilusorio
vestido entre un revoltijo de trapos que intentan parecerse a la seda, es lo único
que me ha quedado de vos, la pobre es un manojito de suspiros que nada entiende
y me mira con sus ojos acuosos esperando que le diga algo y yo no sé qué decirle,
le sonrió y ella suspira. Ante cada sonido que llega de la calle, levanta los
ojos y mira hacia la puerta, espera y al ver que nada sucede; continúa
cosiendo. Ella no pierde la esperanza de verte regresar, observa una imagen
religiosa que está sobre un mueble, mueve los labios en un rezo mudo y regresa
a la aguja y al dedal.
El
claroscuro del atardecer avanza entre los rosales y dibuja reflejos sobre el
piso de largas maderas opacas. Una sombra, quizá una cortina, se desliza por el
comedor y mueve el aire, debe ser el aliento del verano que deambula por los
rincones.
Ya
es hora de cenar; pero no tengo hambre,
sólo sed y en mi vaso, el vino juega con las notas musicales de un saxo lejano.
Tu madre sigue cosiendo el mismo vestido que intenta parecerse a la seda y ya
está húmedo de sal.

19 comentarios:
María Rosa, qué delicadeza tiene este relato que empieza con los gorriones dormidos a la hora de la siesta, cuando todo el jardín enmudece . Esa quietud contrasta con el frío que reina en el corazón de la narradora desde aquella mañana en que él se alejó buscando una utopía . Y qué bien trazas la verdad de ese vínculo roto: palabras de cristal que dejaban ver los engaños, el deseo perdido, la ilusión ahuecada por la mentira . La escena con la madre es de una ternura desgarradora: ese vestido ilusorio entre trapos que intentan parecerse a la seda, esa mujer que cose y suspira sin entender nada, esperando una noticia que no llega . Cada sonido la hace levantar los ojos hacia la puerta, aferrada a la esperanza de verlo regresar, rezando en silencio antes de volver a la aguja y al dedal . El claroscuro del atardecer, los reflejos sobre las maderas, la sombra que se desliza como un aliento de verano, todo construye una atmósfera donde la ausencia pesa más que el calor del día . Y ese final, con el vino jugando en el vaso mientras el saxo lejano acompaña la tristeza, y la madre sigue cosiendo el mismo vestido ya húmedo de sal, es de una belleza que duele . Un texto lleno de sombras suaves, de esperas que se estiran y de un amor que ya no está pero sigue respirando en cada gesto.
Un fuerte abrazo, María Rosa.
Un cuengto capaz de exlorar el amor en las honduras del abandono, y que en tyu relato la excusa se funda en eso de vivir la utopía que, puede ir más allá de ello, y sea la linertad para la aventura. Un abrazo. Carlos
Precioso relato, María Rosa...Esas dos mujeres esperan y juntas luchan por el amor...Suegra y nuera apoyándose mutuamente en lucha por no desanimarse ante la crueldad de la vida...Realmente son un ejemplo de vida, la una tejiendo, como la inolvidable Penélope y la otra jugando con el vaso y escuchando música;sin darse cuenta sujetan la fé y la esperanza con su fortaleza y su paciencia y a la vez se sujetan ambas, gracias a esa espera interminable...Me encantó tu relato...Qué importante es la compañía ante la soledad y el abandono...!
Mi abrazo entrañable y sigamos comunicándonos, las actualizaciones siguen paradas y es importante que sigamos comentando, amiga escritora.
Sabes poner palabras a los sentimientos y las situaciones. Un beso
Hola María Rosa. Supe que Blogger no está actualizando las entradas de los blogs, y entonces vine a ver.
¡Qué suerte lo hice! Pues he encontrado este nuevo relato tan conmovedor, tan pleno de sentimientos, de tristeza y esperanza. De dos mujeres que esperan, que comparten una utopía, que se acompañan.
Excelente narración, tanto que he podido ver , casi, a esas dos mujeres y toda la escena.
Va mi abrazo
¡Que tengas un buen finde!
Que bonito escribes, dejas las palabras abiertas, se abrazan unas con otras y coses el vestido que se parece a la seda. La imagen que relatas es entrañable, es el amor en soledad. Un abrazo
Amiga, la sucesión de oraciones en tu relato indica una gran virtud, la de la fluidez. Pero además la sensibilidad repartida entre párrafos es cautivadora, más allá de la tristeza que encierra esa soledad en la espera, porque la manera en que se muestra la tristeza puede también contener sensibilidad (que es una de las virtudes de la belleza).
Vine a visitarte porque hace unos días que no recibo notificaciones de las publicaciones amigas, algo pasa con blogger. ¿Habrás tenido el mismo problema?.
Un abrazo.
Hola Mariarosa, tu relato de hoy estremece y no deja indiferente. Dos mujeres unidas por un lazo invisible, la madre ajena a la realidad, o intentando no saber la verdad.
Abrazos y bonito domingo!
Brillante, simplemente.
Saludos,
J.
Precioso todo y con ese sentimiento que nos acurruca el corazón.
Un abrazo feliz semana 😘🌹🙋
Un entrañable relato, Mariarosa.
Unas escenas vivas de la vida!
Abrazo.
Que preciosidad, amiga, se me fue metiendo en el corazon mientras leia; me parecio especialmente conmovedora. Es una historia que deja un poquito de silencio despues de leerla. Sos una reina🌹🤗🌷💕
Hola como estas?...
La aguja y el dedal sostienen un diálogo silencioso en el arte de reparar lo que el tiempo o el descuido han roto, personificando una complicidad perfecta donde la fuerza y la delicadeza se necesitan mutuamente. La aguja, con su cuerpo esbelto y su mirada fija en el hilo, avanza decidida perforando la tela con una agudeza que lastimaría si no fuera por su eterno guardián. Es allí donde el dedal, firme y protector, se convierte en el escudo del cuerpo, recibiendo la presión del empuje para que la creación o la herida sanada no se transformen en dolor. Juntos demuestran que, en cualquier oficio de la vida —ya sea coser un vestido o remendar el alma—, la valentía de ir hacia adelante necesita siempre de la sabiduría que protege nuestra propia vulnerabilidad... Te espero AL OTRO LADO DE LA LUNA, donde muestro los diferentes matices de LA PALABRA, a traves de mis garabatos.-
Esa espera no deja indiferente, y cada una con sus pensamientos.
Buena semana Mariarosa.
Un abrazo.
Triste relato María Rosa, abandonar la familia en busca de una utopía es doloroso para los que quedan.
Abrazos.
Con ese... húmedo de sal... queda todo dicho.
Abrazo.
Para enmarcar. De lo mejor que te he leído y casi me pierdo... Abrazo admirado narradora Poeta!!
¡Qué bonito relato el que nos traes hoy! Lleno de sentimiento y de tristeza por el abandono.
Ha sido un placer leerlo y tenerte otra vez de vuelta.
Un abrazo
A pesar del silencio , existe la complicidad de la compañía
cuando se llegue a verbalizar todo...la espera para ellas no será vana
una sabe que no hay reversa y guarda piedad por la mayor...la mayor reza en silencio
al menos esa oración fortalece su existencia a diario...
Llegará el momento en que tire el vestido y salga a caminar.
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