viernes

El anillo.


 

Lucky Visconti, era un ladrón solitario, solía entrar a robar después de haber estudiado minuciosamente el movimiento del lugar, cuántos habitaban la vivienda, horarios y lo esencial, su poder económico; salvo sus familiares y su novia, nadie conocía su ocupación.

Era un fanático de la limpieza y el orden, solo tenía un rechazo, casi terrorífico a las lauchas a las que sacaba de circulación apenas veía.

La casona de los Visconti era muy antigua, motivo por el cual los pequeños roedores se las ingeniaban para vivir en oscuros pasadizos lejos de los ojos de Lucky.   

El motivo de esta historia es relatar la angustia de nuestro protagonista al descubrir que le habían robado su joya más preciada, su anillo de oro. ¿Qué tenía de interesante ese anillo?

Haber pertenecido al abuelo de Lucky, un mafioso que en la década del treinta estremecía con sus robos a la ciudad de Rosario. El anillo era una reliquia para su nieto y solía relatar su historia a quien quisiera escucharla.

“Durante un robo a una rica familia, don Roque, el abuelo mafioso, había arrancado el anillo del dedo del millonario dueño de casa, Roque y su banda, escaparon con un importante botín compuesto por joyas, dinero y obras de arte valuadas a muy alto valor.

Las obras de arte fueron vendidas en el mercado negro y las joyas desaparecieron en las cajas fuertes de los integrantes de la banda. Todo fue repartido, menos el anillo de oro con una piedra azul, que quedó en poder de don Roque y cuando el viejo partió al otro mundo, fue legado a las manos de su hijo y con los años pasó a su nieto, que lo admiraba como su joya más preciada.”

Lo que Lucky nunca hubiera imaginado, era que alguien tuviera el coraje de robarlo en su propia casa. Una noche, luego de una juerga, llegó muy borracho y lo dejó como siempre sobre la mesita de noche, por la mañana había desaparecido.

¿Quién pudo ser?

Confiaba en el personal, la mayoría trabajaba desde hacía años, la casa era antigua, varias generaciones de Visconti habían vivido en ella y a pesar de los años, la había modernizado, tenía alarmas y cámaras estratégicamente colocadas.

Esa noche las alarmas no sonaron y las cámaras no mostraron el mínimo movimiento de intrusos.

La desesperación por encontrar el anillo se hizo una obsesión en él.

Comenzó por dudar de su primo Carmelo, de su hermana Renata, luego de su novia Matilde, todos negaron el robo. Lucky desconfiaba hasta de su sombra, hizo dar vuelta la casa de todos sus parientes, la habitación de su hermana y a Matilde luego de revisar su departamento la despidió de su vida. Una extraña fiebre hizo que se recluyera, se volvió huraño, se fue abandonando y la desconfianza se convirtió en su forma de vida, quedó solo en la enorme casona, caminaba de un cuarto a otro buscando algo que con el tiempo olvidó qué era.

La otrora hermosa vivienda, se convirtió en un lugar oscuro, las arañas fueron tejiendo sus telas sobre los muebles y el techo, el polvo fue una capa gris que cambió el color del ambiente y bajo la mesita de noche del cuarto de Lucky, sobre una grieta en el piso de madera, las lauchas formaron su nido y protegían celosas un hermoso anillo, que por años durmió el sueño de los justos entre la tierra acumulada y las piedritas que los ratones juntaban y custodiaban con celo.

 



 

3 comentarios:

Ester dijo...

Y el anillo al final encontró la libertad y el cobijo desinteresado. Gracias por el relato, abrazos

lanochedemedianoche dijo...

Muy buen relato, como siempre.
Abrazo

Campirela_ dijo...

Qué chulada de relato, ese anillo custodiado por los ratoncitos. Bueno, al final se liberó de una forma un tanto extraña. Un besote, feliz noche.

El anillo.

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