martes

Una desconocida 3, 4 y 5 parte.


 

3º parte.

Salcedo cambio el gesto amable y la palidez se fue adueñando de su cara. Ariel dio vueltas por la oficina, buscaba las mejores palabras y no las encontraba, Sergio estaba mudo, se lo veía demacrado.

—Me enteré de lo de ustedes por casualidad, Laura falleció hace una semana en un accidente automovilístico.

—Lo sé. —dijo Sergio con un hilo de voz, ya no era el hombre seguro  que lo había recibido minutos antes. Ariel se sorprendió de que estuviera enterado.

—Carla la amiga de Laura me aviso, creí que me moría con la noticia.

La amiga sabía de su engaño y ¿cuántos más?  Guardó silencio. Seguramente el esposo de Carla también estaba enterado, que papel de cornudo consciente era el suyo.

—Usted se moría, vos te morías —lo tuteó— ¿y yo qué…?  Saber que mi esposa me engaño durante más de veinte años.

—Es que nos amábamos, yo la amaba con locura, no sé si ella me amó de la misma forma, con la misma intensidad que yo lo hice.

Sergio apoyó los codos  en el escritorio, y se sostuvo la cabeza entre las manos, ocultando la cara.

Ariel se acercó y con rabia le dijo:

—¿Por qué mantener una relación  clandestina si de verdad se amaban? Separarse hubiera sido mejor para todos, y no jugar al gato y al ratón enamorado durante tanto tiempo, yo me siento estafado. 

—Mi esposa no me daba el divorcio y Laura no quiso separarse.

—Si me hubiera hablado con sinceridad, diciendo  que amaba a otro… con todo el dolor del alma… me separaba, la dejaba en libertad.

—Era ella la que no quería separarse,  le dije que yo la amaba con locura, pero nunca supe si ella me amó igual.

Ariel quedó sorprendido.

—Qué querés decir, ¿qué me amaba a mí y se acostaba con vos? —No pudo contener la risa—.Por favor… de que me querés convencer: ¡Que vos eras un amante perfecto y yo un papa frita!

—No dije eso, creo que te amaba y que yo era un pasatiempo.

—¡¡Un pasatiempo que duro veinte años!! No lo creo.

Se abrió la puerta y apareció el secretario con una bandeja de café.

Ariel volvió a sentarse y con voz dolida dijo:

—Me parece que vos y yo, fuimos dos marionetas en manos de Laura.

—Yo estoy seguro de que lo fui. Mi esposa no me daba el divorcio, pero me abandono, mis hijos me hicieron a un lado, solo me vienen a ver cuando necesitan plata y ahora con la muerte de Laura, he perdido todo, hasta  las ganas de vivir.

Sergio se recostó en su silla y miró a Ariel a los ojos y le dijo:

—Perdón. Lo que al principio me resultó un placer y una forma de colmar mi vida de felicidad, con los años se transformo en una desesperación por verla, por escucharla, a veces la llamaba a cualquier hora del día, de la noche…últimamente estaba enloqueciendo.

—¿Así que la llamabas de noche? Varias veces la descubrí  hablando en la madrugada, y ella me decía que era su psicólogo, me pareció una locura llamar a un profesional a esa hora, pero, lo creí… que iluso he sido…

En ese momento  el celular de Ariel, lo interrumpió. Atendió. Escuchaba en silencio, los colores se agolpaban en su cara, sólo dijo:

—Está bien, voy para allá.

—¿Alguna mala noticia? —dijo Sergio al ver su cara.

—El detective Garmendia me dice que el accidente de Laura fue provocado.

—¿Qué?

Ariel se levantó para irse y dijo:

—Seguiremos la conversación otro día.

—¿Puedo acompañarte? 

—No, sólo una pregunta más: ¿Por qué en el inició del romance se comunicaban por carta?

—Capricho romántico de Laura, decía que era más emocionante esperar cada correo...

Ariel movió la cabeza, nunca hubiera pensado que su esposa era romántica.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Salió apurado y dejando  a Salcedo con una cara de estupor y angustia que lo demacraba más aún, pero no le importó. Presentía un nuevo problema. Iría primero a su casa y luego al departamento de policía.

 



4º Parte

Lo que menos esperaba era encontrar al detective Garmendia esperándolo  en la puerta de su casa. Al verlo llegar, el detective bajo de su coche, se acercó y extendió la mano.

—¿Qué tal Montillo?

—Bien Detective ¿Qué novedades tiene?

Al ver que Ariel, quedaba frente a él, sin intención de hacerlo pasar a su casa, le dijo:

—Que le parece si me invita con un café, y mientras le cuento las últimas noticias…

Entraron. Garmendia miró detalle por detalle la sala. Ariel le dijo:

—Vamos a la cocina, que le preparó el café… ¿Qué sucedió con el coche de Laura?

—Encontramos que los frenos fueron manipulados, la manguera tenía un corte provocado, no fue casual, alguien quería ver muerta a su esposa.

Ariel sirvió el café, no sentía furia, ni pena, era como estar hablando de una desconocida, se sentó  y quedó mirando al detective, esperando sus palabras. Sólo dijo:

—¿Quién y por qué?

—Eso es lo que vamos a averiguar. Por ahora, le voy a pedir nombres y direcciones de la gente con la que se conectaba la señora Laura, dígame; ¿tenía enemigos?

—No, que yo sepa…

Garmendia quedó en silencio, bebía su café despacio, saboreando cada sorbo.

—Montillo, piense, su esposa se dedicaba a la moda, en su negocio puede que  hubiera competencia, deudas, venganzas… algo que ella haya comentado y que usted no le dio importancia en su momento…

Ariel movía la cabeza negando, volvieron a su mente las palabras de Sergio: “Yo la amaba con locura, ella no” ¿Habrá sido él? No se animaba a contarle la historia al detective, también podía creer que él era un marido celoso y un sospechoso.

—¿En qué piensa Montillo? Desembuche, que en estos casos el primer sospechoso es el marido.

Comprendió que era mejor decir la verdad, volvió a servir café y le relató paso a paso la odisea de encontrar las cartas y conocer a Sergio Sandoval. Garmendia no parecía sorprendido, Ariel se lo comentó:

—No Montillo, ya nada de estas cosas me sorprende, son muchos los inocentes personajes, en apariencias,  que los policías encontramos en nuestro rodar buscando aclarar crímenes,  su esposa no es un caso único, lo debe ser para usted que no sabía nada del engaño, pero a mí, me resulta un caso más.

Garmendia se puso de pie y le dijo:

—Necesito nombres y direcciones de ese tal Sergio y de los integrantes de la empresa de modas.

—Le doy la dirección de la casa de modas, allí puede pedir la información que necesite, y de Sandoval, ya le doy los detalles.

 

Carla Zurriaga era la socia de Laura, lo recibió muy amablemente  y  a poco de estar hablando entró un tipo muy elegante, que se detuvo sorprendido al ver al detective.

—Perdón, no sabía que estabas ocupada.

—Adelante, es Lucas, mi esposo, Lucas Foressi —le dijo  Carla a Garmendia.

El detective se puso de pie para estrechar la mano del recién llegado y le dijo:

—Es bueno que si los dos conocieron  a la señora Laura y trabajaron con ella, me puedan dar datos que  aclare su muerte, el accidente no fue casual, fue provocado, alguien alteró los frenos.

Carla y su esposo abrieron los ojos, fingido o natural; demostraron sorpresa, ella comentó.

—Pero, quién pudo hacer algo así, Laura era una persona muy estimada…

Lucas tomó asiento a un costado de Garmendia y este le dijo:

—Siéntese frente a mí, me gusta verle la cara a la gente cuando hablo con ella.

Lucas cambió de lugar, se lo advertía nervioso. Garmendia lo notó y no dejaba de observarlo, él preguntaba  y siempre era Carla la que respondía, según ella Laura fue buena persona, generosa y jamás hubo discusiones por dinero, ni por las clientas. Garmendia viendo a Lucas callado le preguntó:

—Y usted qué opina ¿Qué le parecía Laura?

 

Lucas abrió la boca para decir algo pero fue Carla la que respondió:

—Mi esposo no estaba en todo el día en el negocio, él se ocupa de la contaduría, del personal, de las compras de telas y accesorios y a veces del mantenimiento del salón.

—Señora le estoy preguntando a él…

Las palabras de Garmendia sonaron lentas y mordaces. Lucas carraspeó y dijo:

—La veía por la mañana, luego me ocupaba de ir al banco, y los tramites que hiciera falta, a veces íbamos juntos a Once a comprar telas y  me resultaba una mujer atenta y siempre amable, no sé qué más decirle.

—Usted era el contador de la empresa, ¿nunca hubo discusiones por falta de dinero o alguna compra que realizó y la señora no estuvo conforme?

—No. Ya le dije, las compras en la mayoría de las veces las hacíamos juntos.

—¿Y quién se relacionaba con la clientela?

—Las dos —respondió Carla— había clientas que preferían que ella las atendiera, otras me querían a mí, nos repartíamos  ese trabajo.

Garmendia se puso de pie.

—Bueno parece que por aquí todo ha funcionado bien, tal vez regrese en unos días.

Saludó y se fue, no sin antes darse cuenta de la cara de alivio que pusieron los dos al darle la mano y saludarlo.

 

Llegó a Pilar cerca de las tres de la tarde, Sergio lo esperaba en el salón de entrada de la editorial, se saludaron y fueron directo a la oficina de Salcedo.

Garmendia no necesito hacer preguntas, Sergio fue soltando toda su vida con Laura,  la había amado con locura y la seguía amando a pesar de haberla perdido, con lágrimas le relató su desesperación, al enterarse por Carla, de la muerte de su querida.

Entre las confesiones dijo algo que sorprendió al detective: “En tantos años de amantes, nunca  se había dado cuenta de que Laura tenía  otros amoríos, de corto tiempo,  pero engaños al fin. Hoy al  recordarlos seguían doliendo como fue en su momento. Siempre la perdono por miedo  de perderla, pero últimamente, ella lo estaba dejando de lado, sabía que cuando eso pasaba… alguien  la estaba robando y descubrió que debía ser muy importante para ella, esta vez estaba verdaderamente enamorada.”

 

Mientras regresaba por la Panamericana no dejaba de pensar en Salcedo, sabía que ella lo engañaba y continuaba la relación. ¿Y el esposo, puede ser que nunca se dio cuenta que ella le era infiel? Tal vez si lo sabía, y fingía ¿Habrá sido Sandoval quién provocó el accidente para librarse al fin de Laura?

Qué tontos podemos ser los hombres cuando nos enamoramos, dijo mirando la ruta  y recordando sus locuras por amor.

Mientras manejaba razonaba:

Carla debía saber de las andanzas de  su socia, si ella le avisó a Sergio del accidente, significaba que sabía de su existencia y  celular y seguro conocía los otros amores de Laura. ¿Por qué no le había hablado del tema?

El caso de Laura Estrada ya lo estaba mareando, todos ocultaban algo…

 

Continuará…

16 comentarios:

Elda dijo...

Ah, qué interesante María Rosa!!. A ver quien resulta ser el asesino. La verdad que la historia está tan bien diseñada por su autora, que de momento no sospecho de nadie en concreto.
Como siempre un placer leerte.
Un abrazo y buen día.

Margarita HP dijo...

¡Qué interesanteeeeee! Deseando saber más :D

Campirela_ dijo...

Muy bueno pero que ha pasado con la entrega tres ajjajaj. La cosa se esta poniendo a rabiar aj. Gracias MARIAROSA .

Juan L. Trujillo dijo...

¿Permites mi comentario, cuando esté todo publicado? Ando un poco ocupado.
Gracias y un beso.

Susana Moreno dijo...

Qué intrigante. Un beso

José Luis Asensi dijo...

Interesante y muy buena, más que relato, casi novela.En algún momento me parece estar leyendo una novela del género negro al estilo de los mejores del mismo.
A seguir leyendo, que cada vez promete más.

Laura. M dijo...

Me he leido todo de un tirón y sigo estando en ascuas y sospechando de todos. Vamos espabila y cuéntalo ya todo seguidito porfa Mariarosa.
Buen miércoles.
Un abrazo.

eli mendez dijo...

Pero que interesante que se ha puesto esto!!!! Menos mal que aproximaste varios capitulos esta vez... porque ahi vamos de un tirón leyendo todo y pensando que definitvamente podria haber sido cualquiera quien deseara su muerte...lejos estaba de ser una santa Laura, aunque obvio no era para asesinarla!!! ajajjajaja
excelente tarde de dia miercoles Maria Rosa!!!! Besos

J.P. Alexander dijo...

Me encanta el detective Garmendia. Tiene un caso dificil de resolver . Te mando un beso

Sandra Figueroa dijo...

Que interesantes capítulos, me quedo esperando el próximo y pensando quien puede ser el asesino...... Saludos amiga.

Elda dijo...

Ya leí el tercero, me encantó.
Un abrazo y gracias.

Malindha Erba dijo...

Super interesante ♥

Meulen dijo...

Que interesante relato estimada...se escabroso, es de esperar que el que investiga de con la verdad...

veremos...

Campirela_ dijo...

Leído el tercero ajajaj gracias .

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Bueno la historia se hace nudo. Muchos sospechosos. Saludos. Carlos

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Todavía no hay nada turbio, no lo es que Laura haya tenido relaciones simultaneas.
Pero sí que alguien oculta algo, vaya saber que es. Y hay alguien que se puso incómodo.

Y además, no fue un accidente.
Que intriga tiene tu historia.

Un abrazo.

El estanque.

"El estanque de los nenúfares", Claude Monet. Mi hermana Lili decía que en el fondo del estaque, jugaban  ángeles, algunos  blanco...