domingo

Mi hermana Elena.








Después de que sucedió aquello, mi madre pasaba casi todo el día tirada en la cama, cuando se levantaba, era para gritar y hacer un escándalo por cualquier pavada.
Mi hermana Elena desapareció sin dejar huellas. Una mañana mi madre nos fue a despertar  y ella no estaba, tampoco había dormido en su cama.
Mamá inició un peregrinar, primero por todas las habitaciones y rincones  nuestra casa, miraba sin ver, solo deseaba escuchar la voz de Elena, luego, fue   a los vecinos, ninguno la había visto y por último a la casa de Jacinto el enamorado de Elena. El joven quedó perplejo, nada sabía de mi hermana. Mamá hizo la denuncia y en la poli le dijeron que era seguro que una quinceañera que se va de la casa es porque se había escapado con un chico.
Yo tuve una sospecha, cuando se la comenté a mi madre, me mando a callar.
Días después volví a insistir con mis dudas, no hubo caso, mi madre no me creyó y me trato de loca. Tal vez mi mente imaginaba tonterías, yo nunca fui inteligente como Elena, ella guardaba secretos que cuando los  compartía conmigo yo no los entendía, y en ese mundo tan suyo, estoy segura; está ahora.
Elena era un ser espiritual, amaba la libertad y cuando mi madre no estaba en casa, ella  salía al campo a correr, andaba a caballo, bailaba sobre el sembradío de amapolas, con una música que sólo ella escuchaba. A veces salía a caminar con Jacinto, iban tomados de la mano hasta el borde del lago, se sentaban sobre las piedras y  yo los miraba de lejos, curiosa por saber de qué hablaban durante horas. Cuando mi madre regresaba, salía a buscarla y la traía a casa a los empujones, quería tenerla encerrada, era su hija, suya y de nadie más.
Creo que Elena se cansó y al buscar escapar del sojuzgamiento al que mi madre la sometía, encontró algo, más allá de la realidad, más allá del entendimiento y ese algo; fue su salvación.
Cuando Elena me hablaba de otras dimensiones, yo no lograba entenderla, hasta que desapareció y entonces fui comprendiendo.
En su afán de tranquilidad, solía esconderse en un cuarto donde mamá amontonaba los cachivaches en desuso, y se metía en un viejo ropero a leer. Ese fue el último lugar donde la vi.

Una tarde en que mi madre había salido, abrí de par en par las puertas del mueble, nada extraño encontré en él, sólo vestidos y abrigos pasados de modas, que colgados de antiguas perchas de madera, se amontonaban uno abrazado sobre otro. ¿Qué encontraba allí mi hermana, para pasarse largas horas, meditando quién sabe qué? Hasta el olor a naftalina era insoportable, pero a ella no le importaba.
Quise correr o quitar  las perchas y fue imposible, parecían pegadas al travesaño. Abrí la ropa, algo superior a mí me dijo que empujara el fondo del ropero, al hacerlo este se abrió y pude contemplar con gran sorpresa, un paisaje encantador; flores de amapolas, pinos y al fondo entre  tantos árboles divisé el celeste verdoso del lago. Quedé muda.
¿Allí estaba mi hermana?
Grité su nombre una y otra vez, hasta que apareció como un ángel  ante mí. Quise  abrazarla y no me lo permitió, le dije: ¿Te extraño, no quieres regresar? Su respuesta me dejo helada:  No quiero, aquí soy libre y feliz, por primera vez en mi vida. Sonreía. Muchas veces volví a abrir el ropero,  intenté quitar los viejos modelos y fue imposible, el fondo de madera, parecía de hierro, y a pesar de mis golpes y mis gritos llamándola, la respuesta, siempre fue el silencio.

Un mediodía al regresar del colegio, encontré un enorme camión en la puerta, dos hombres cargaban sillas rotas, las bicicletas en desuso de nuestra niñez y bolsas gordas y más bolsas. Entré corriendo y con asombro vi que un individuo desconocido, desarmaba el ropero del cuarto de los cachivaches. Apilaba las maderas y las ataba, un joven que debía ser su ayudante, las iba llevando al camión.  Mi mochila resbaló de mi espalda y cayó al suelo, quedé sin poder moverme, miraba y no lograba entender por qué mi madre había roto el único lazo de esperanza que me acercaba a Elena. Me encerré en mi cuarto a llorar, mi madre entró y al verme tan afligida, habló y habló, su voz se fue elevando con palabras sin sentido, me resultaba un sonido lejano. Cerró el cuarto con llave y la escondió.

De tanto escuchar a mi madre, he llegado a dudar de lo que viví aquella tarde, tal vez fue mi imaginación que dibujó aquel momento, pero mis dudas desaparecieron cuando meses después, giré el picaporte y la puerta se abrió. Asombrada, vi una amapola roja, bella, fresca, recién cortada; sobre el piso del cuarto  vacío.
Sonreí, mi hermana Elena ya era feliz.



20 comentarios:

Elda dijo...

Vaya, qué intrigante y misteriosa historia!, muy bonita María Rosa. Al leer el final he sentido por un instante ese desconsuelo al ver que ese hilo de esperanza de la hermana se rompía.
Me ha gustado mucho porque tu forma de contar, es fantástica, igualmente que la terminación con esa amapola.

Un abrazo y buena semana.

Susana dijo...

Bonita historia. Un beso

Campirela_ dijo...

Que linda historia nos contaste , la verdad que todo lo relacionado con la espiritualidad va más allá de la imaginación , es una creencia en ella está que se crea que hay mundo paralelos ..a veces pienso que si los hay ..que a nuestro alrededor hay seres que somos incapaces de ver o de sentir pero tan bien que hay personas con una gran sensibilidad que si son capaces de sentirlos ..Bueno amiga un precioso texto con muchas incógnitas ..por descubrir . Abazos y muy feliz semana.

Margarita HP dijo...

Qué preciosidad María Rosa. Como siempre me has tenido leyendo con el alma en vilo. Que historia más preciosa y a la vez, eriza la piel. Me ha encantado María Rosa, me ha encantado.

Muchos besos :D

José A. García dijo...

Ante semejantes familias, lo único posible es huir, sin importar mucho dónde.

Saludos,

J.

Sandra Figueroa dijo...

Misterioso y hermoso cuento, me encanta. Yo creo en esas cosas, las e sentido, visto y vivido alguna vez que es difícil de explicar porque no me creen, dicen que estoy loca... Saludos amiga.

Alís dijo...


Cuando el mundo no nos gusta, debemos buscar otro paralelo. Todo por estar feliz.

Bonito cuento fantástico

Un abrazo

Mirella S. dijo...

Me gustaría que hubiera un mundo al que se pudiera acceder para descansar del real, sobre todo y como en el caso de Elena, teniendo una madre tan posesiva.
Los toques mágicos que le das a algunos de tus relatos están siempre estupendamente logrados.
Me gustó mucho esta historia.
Besos, Mariarosa.

Meulen dijo...

Que mágico , es un relato que nos abre o nos invita al conocimiento ...desconocemos mucho
estamos atrapados en lo material,no debemos dejar de asombrarnos...
buscar siempre, la belleza de lo desconocido en inconmensurable.

Estrella Amaranto dijo...

Este tipo de madres tóxicas o vampiros emocionales suelen apropiarse de la energía de esas personas de su entorno que inconsciente o conscientemente se lo permiten, con lo que les anulan y les destruyen, como «marionetas»... Por consiguiente es lo mejor que pudo hacer Elena, desaparecer y ser libre en otra dimensión, en otro lugar o junto a la persona que eligiera.

Es un texto fantástico y con un gran mensaje sobre la libertad que me ha gustado mucho.
Cariños y feliz semana!!!

Ángeles dijo...

Mª Rosa, has escrito un texto lleno de sensibilidad y misterio que atrapa a quien lo lee. Precioso, yo creo que existen puertas y las almas sensibles como Elena pueden verlas y escapar por ellas a otras dimensiones, es un recurrentes de muchos de los cuentos que escuchábamos en nuestra infancia.
Me recuerda las Crónicas de Narnia...El león, la bruja y el armario... ojalá, todos supiésemos donde están esas puertas y pasar a nuestro paraiso imaginado.

Un abrazo con cariño.

Lia dijo...

Una bella historia, con su cuota de misterio y fantasía. Muy bien relatas eres fantástica. Un beso

lanochedemedianoche dijo...

Bellísima historia que me fascina y me emociona, cuanto puede ser verdad y fantasía, nunca lo sabremos, felicitaciones María Rosa.
Abrazo

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Encantador y mágico. UN abrazo. Carlos

Joaquín Galán dijo...

La imaginación al poder que se decía allá por los años 60.Un relato fantástico en todos los sentidos y nunca imposible,pues nada hay imposible cuando de soñar e imaginar se trata.

Abrazo Mª Rosa.

Ernesto. dijo...

Un relato perfecto con ese tinte de medio realidad que protagonizan, en parte, ambas hermanas y la madre. Quiero decir que siendo un relato imaginado, hay partes de la historia que son reales. Hermanas así, y madres, hailas.

Abrazos Mariarosa.

PD: ¡Feliz cumpleaños? :)))))

VENTANA DE FOTO dijo...

Buenas dotes imaginativas para una gran historia. Soñar es gratis y nos libera de la monotonía de la vida diaria.

Besos

Navegante dijo...

Veo en este relato una mezcla de imaginación, misterio y espiritualidad que me resulta cautivante. Y algo muy importante en la literatura: un buen remate final.
Todo lo que escribís es muy fluído, otra virtud.
Abrazo.

Marina Filgueira dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marina Filgueira dijo...

Es un exquisito e importante relato que, imagino sea ficción, pero bien pudiera se realidad, puesto que, si hay madres con una mentalidad corta, igual piensan que lo hacen bien, se equivocan y anulan el crecimiento de sus hijos como personas, aunque serán las menos, pero seguramente algunas haylas.

Me ha gustado muchísimo esta lectura, gracias, junto a mi felicitación.
Te dejo mi inmensa gratitud y mi estima.
Un abrazo y se muy, muy feliz.

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