lunes

Destilar felicidad.




La confitería estaba colmada, era sábado por la tarde y un murmullo de voces y vajillas formaban un coro entretenido. La mayoría, como nosotras intentaba vencer el frío de julio que estremecía los arboles en ligero vaivén y penetraba los abrigos.
En un primer momento no me di cuenta de su presencia, hasta que al verlo tan quieto frente a nosotras, lo miré. El hombre observaba a Clara entre sorprendido y feliz, era alto, delgado y se apoyaba en un bastón. Cuando ella lo descubrió, sus mejillas se encendieron. Creo que fueron minutos en los que sólo se miraron, y fue ella la que pasada la sorpresa, sonrió, con un gesto le pidió que tomara asiento. Comprendí que se conocían y que yo estaba de más, me levanté, saludé al señor desconocido y dije:
—Clara, me voy, espero tu llamado.
Afirmó con un gesto y salí.
¿Quién era ese hombre?
Hacía años que conocía a Clara y jamás  había lo había visto. El cruce de miradas entre los dos fue intenso, más que elocuente, se conocían y mucho.
La conversación debió haber sido interesante, dos horas después sonó mi celular; era ella, me pedía que pasara a buscarla.
Cuando llegué, estaban tomados de las manos, se pusieron de pie y se despidieron con un beso  en la mejilla. Sara se prendió de mi brazo y caminó silenciosa las dos cuadras que nos separaban de su departamento.
—No vas a preguntarme nada —me dijo apenas entramos.
—¿Corresponde?—respondí.
—Todavía estoy emocionada, ya te voy a contar…
No la reconocía, había rejuvenecido, sus ojos brillaban y la sonrisa estaba en ella, desde su boca hasta sus manos se estremecían de felicidad.

El domingo mientras almorzábamos me dijo:
—Mañana va a venir Lucio a tomar un café, compra masitas dulces que es muy goloso.
—¿Lucio? —pregunté.
—El señor que encontramos ayer…
—Ahh..
Guardé silencio, no quería hacer notar que estaba curiosa, por saber quién era ese hombre. Clara se acercó a la ventana y de espaldas, tal vez para que no viera su emoción, me dijo:
—Él y yo nos conocimos  durante unas vacaciones en Mar del Plata, hace muchos años, nos enamoramos y continuamos el romance al llegar a la ciudad.
Se sentó nuevamente, la notaba inquieta, con sumo cuidado doblaba las servilleta hasta dejarla pequeña, creo que buscaba las mejores palabras.
—Nos amamos locamente, nos fuimos a vivir juntos, para mis padres fue un escándalo y para la madre de él, la escandalosa era yo. Las dos familias se habían unido para criticarnos, pero nada nos importaba, éramos felices, nos reíamos de todas las habladurías.
Quedó en silencio, la vi estremecerse, no sé si de frío o por los recuerdos.
—La madre de Lucio enfermó y aprovechó la situación para alejarlo de mí. Debieron viajar a EEUU  para tratarla y ese fue el principio del fin.
Se puso de pie y fue a la cocina a buscar algo, regresó minutos después con los ojos enrojecido y las manos vacías, volvió a sentase.
—Si te hace mal no me cuentes —le dije.
—Me hace bien desahogarme. Él, regresó un año después, dejó a su madre con su hermana, que hasta ese momento había eludido toda responsabilidad y retomamos nuestro amor. No fue igual, algo se había quebrado, aquel cristal tan puro que fue nuestra vida juntos, ya no existía.
Fue a buscar una botella de vino, se sirvió un poco y me dijo:
—¡Quiero brindar por el amor!
Me sorprendió verla beber, jamás lo hacía. Se puso de pie y con la copa en la mano, se acercó a la ventana, desde el ventanal del segundo piso, quedó con la mirada perdida sobre la ciudad que se había pintado de gris por el frío de julio, regresó a la mesa,  y prosiguió:
—Nos separamos. Nos habían  vencido. A partir de ahí, la felicidad fue un poema perdido en algún viejo libro y jamás la volví a encontrar, tuve otros amores, pero no fue  igual, y él, por lo que hablamos ayer; no volvió a formar pareja, sólo amores de ocasión. Al volver a verlo, mi emoción fue inmensa, volví a ser una veinteañera enamorada de la vida, no te imaginas como latía mi corazón.
—Ayer se los veía muy emocionados a los dos… ¿Y ahora qué va a suceder?
—No lo sé,  si se da, lo voy a vivir contra viento y marea,  voy a tratar de ser una equilibrista de la vida —volvió a levantar su copa y exclamó— nunca es tarde para destilar  felicidad. ¿No te parece? ¡Salud!






21 comentarios:

Sandra Figueroa dijo...

Bella historia......ese hombre era su felicidad...su eterno amor...la vida siempre nos da lo que merecemos.....ella se merecía ese amor...esa felicidad....un gusto leerte...saludos

Susana dijo...

A veces las familias son el peor enemigo. Un beso

Rafael dijo...

Es cierto, "nunca es tarde" para vivir la vida.
Un abrazo.

Rebeca Gonzalo dijo...

Una historia muy real y muy bien llevada.

Meulen dijo...

La vida dicen da sus revanchas
puede que ahora sin más que querer por quererse
la vida siga fluyendo más agradable

y salud por eso!

J.P. Alexander dijo...

Uy nunca es tarde para un gran amor. Genial historia

Sara O. Durán dijo...

Una historia romántica muy bien lograda, con tu sello.
Besos.

Elda dijo...

Jamás será tarde para vivir una felicidad como la que habían vivido aunque sea menos intensa.
Una preciosa historia que recobra belleza con tu espléndida forma de escribir María Rosa.
Siempre es un placer leerte.
Un abrazo.

Maru dijo...

Claro que no, la felicidad en realidad la decidimos disfrutar o no cada uno de nosotros, seguramente los momentos de felicidad que habían pasado juntos aún permanecían en sus corazones, ahora era el momento de volver a sentir. Abrazos María Rosa

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Nunca es tarde para ser feliz, que bonito es el amor.

Un abrazo.

Margarita HP dijo...

¡Qué preciosidad María Rosa! En efecto, nunca es tarde para destilar felicidad. Voy a volver a leerlo, de veras, qué bonito.
Muchos besos :D

Mari-Pi-R dijo...

Unos desunen y con el tiempo se une de nuevo, el amor sigue vivo.
Un abrazo.

lichazul dijo...

felicidades Mariarosa, lo tuyo es el relato , nadas como pez en el agua

saludos

Ernesto. dijo...

La historia es muy bella, así como real. Delicada en la exposición de los sentimientos...

Por ello me ha llamado la atención la expresión: "...No fue igual, algo se había quebrado, aquel cristal tan puro que fue nuestra vida juntos, ya no existía."

Encierra una profunda realidad que suele darse en ciertas parejas...

Si bien el relato termina con la determinación de vivir contra viento y marea... y destilar felicidad.

Abrazos Mariarosa.

lanochedemedianoche dijo...

Quien no reviviría una historia de amor inconclusa y tan bella como la de tu narración, si al menos en sueños volvieran las faces vertidas en una carrera de pasión y amor olvidada, seguro que allí en segundos eternos la vida volvería a empezar, me encanto María Rosa.
Abrazo

Mª Jesús Muñoz dijo...

Paso a paso hemos disfrutado tu relato, María Rosa...La vida ofrece nuevas oportunidades y los protagonistas debían aprovecharlas. El amor es un regalo de la vida, que cuando es auténtico nos enseña a ser mejores personas.
Mi felicitación por tu sencillez y encanto en las letras.
Mi abrazo y feliz semana, amiga.

AMALIA dijo...

Una excelente historia que me ha encantado leer.
Un relato real y muy bien escrito.
Un abrazo

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

El amor no tiene edad. Y siempre hay una segunda oportunidad. Un abrazo. carlos

Macondo dijo...

Cada uno tiene que vivir su vida. La gente se empeña en tratar de redimir a los demás imponiéndoles su criterio.

VENTANA DE FOTO dijo...

Espero que ahora no haya ninguna cosa que enturbie su gran amor. Ya tienen años suficientes, para saber lo que quieren y poner barreras a aquellos que no estén devivirla acuerdo con su proceder. Ellos son los dueños de su vida.

Me ha gustado mucho la historia que has escrito.

Besos

Dj...flor. dijo...

Hola guapa , bien por ella , siempre hay esperanza comenzar de nuevo , y darle una oportunidad al amor , me a gustado mucho tu relato , te deseo una feliz noche besos de Flor.

Pd , No veo la foto de tu avatar entre mis amigos ¿ Es que te has ido , espero que no ? o sera cosa de que blogger esta reajustando a los seguidores de G+

En un mundo de sal y reflejos.

Hay una barca solitaria sujeta a uno de los pilotes del viejo embarcadero. La sal y el yodo gastaron su madera. Olvidó los meses...