sábado

Cuando no puedo dormir.










Arrastrando velos de color indefinido y flotando en el aire, la abuela aparecía. Eran las  horas en que mamá dormía  y yo, con los ojos muy abiertos  miraba  con temor las sombras  que se dibujaban  amenazantes  en el techo de mi cuarto.
Ella se sentaba al borde de mi cama y con voz suave me preguntaba por el colegio, por mis amigos. Luego me cantaba las mismas nanas que me hacían dormir de pequeño.
Mamá no me creía, decía que eran imágenes flotando entre sueños  y que era difícil  entenderlo para un niño de nueve años.
Yo sabía que no era un sueño, estaba bien despierto cuando la abuela me hablaba, pero mamá era dura de entendimiento y ciertos temas no le interesaban y menos si la abuela se mezclaba en ellos.
Siempre se habían llevado mal, no parecían madre e hija. Discutían por  todo en especial por mí. Mamá era severa,  me imponía  penitencias  que cuando ella se iba a trabajar, la abuela no  respetaba.
Una tarde discutieron por algo, creo que el motivo, nuevamente fui yo. Mamá le dijo con furia palabras hirientes, la abuela no respondía; ante su silencio ella se ofusco más. Yo las espiaba desde la cocina, mamá la tomó de los hombros y la abu que era pequeñita parecía una muñeca zamarreada.  Mamá le grito: “Nunca aceptaste mi forma de vida, siempre me criticaste  y cargué con esa culpa porque me negaste  tu ayuda, “¡Y sabés bien de qué estoy hablando!” La abu lloraba y mamá seguía; estaba enloquecida, yo no entendía qué significaba esa culpa, pero creí entender que tenía que ver conmigo.
No se hablaron más.
A partir de ese día, la abu  pareció achicarse;  una mañana se sintió mal, vino la ambulancia y la abuela se fue en ella. Me quedé en la puerta  hasta que fue un punto blanco y el sonido  de la sirena  no se escuchó más. La abu nunca regresó.
Me quedé solo. Mamá trabaja todo el día y cuando llega está cansada, casi no me habla, me mira y me hace sentir culpable de algo que no entiendo.
Debe ser por eso que la abuela me acompaña cuando no puedo dormir, para que no la extrañe tanto.







30 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

como me gusta como escribis si querés charlamos mi email esta en mi blog
mil besos

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Parece que el pequeño tiene una especial percepción, que no logra entender. que le hacer ver a quienes murieron. O conectarse con ellos. Por eso la compañía de la abuela.
Bien contado

Elda dijo...

Que historia más entrañable y más triste. Me da pena pensar que una madre y una hija se lleven mal, pero claro cada cual tiene sus circunstancias.
Muy bonito escrito María Rosa, como siempre un placer leerte.
Un abrazo.

Mirella S. dijo...

Quién sabe qué cosa no le perdonó la hija a la madre o en qué no la apoyó. Sin embargo, ella repite la incomprensión con el niño. Menos mal que la abuela lo acompaña.
Un relato lleno de ternura, Mariarosa.
Besos y buen domingo.

Susana A dijo...

Al menos tiene a alguien que le comprende. Un beso.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Una historia entrañable con un matiz de tristeza, la relación madre-hija, que el tiempo se encargará de suavizar...Y más, habiendo un niño inteligente y agradecido, que transmitirá a su madre el amor de la abuela...y ella acabará entendiéndolo...
Mi felicitación por esta bella historia, que nos dejas abierta para que cada cual aporte su granito de arena, Maria Rosa.
Mi abrazo y mi cariño siempre, amiga.

José A. García dijo...

Los peores infiernos son los reales, no los metafóricos, ni los religiosos, sino los que están allí cerca, al alcance de las manos...

Saludos,

J.

MaRía dijo...

En su intuición me temo que está su certeza
y en su soledad su abu lo acompaña
Quien no tiene alguien con quien hablar y que nadie más vea?
Yo creo que todos - claro que algo loca estoy-

:-)

un abrazo y feliz semana !!


Lujan Fraix dijo...

Que bueno que en esa soledad, el niño pueda encontrar el abrigo de su abuela aunque ella no esté. Esas cosas suceden cuando existen demasiados vacíos dentro de uno o fuera en el entorno de una familia que no comprende, que no apoya, que es indiferente.
Muy hermoso relato María Rosa.
Feliz semana amiga.

Margarita HP dijo...

Maria Rosa, es precioso. Tierno, emotivo, esa soledad de esa criatura, esas desavenencias entre adultos que él siente y sufre, esa abuela protectora y maravillosa, y esa madre, posiblemente cargada a tope de todo... Una historia sin lugar a dudas magnífica. Has contado muchísimo en poco. Preciosa.
Muchos besos :D

José Manuel dijo...

A veces de la tristeza surgen las más entrañables historias y preciosas como ésta.

Feliz día
Un abrazo

Mari-Pi-R dijo...

Las dos querian hacer el bien para la pequeña pero dificil de conseguir por diversidades, que bonito y sensible escrito, como siempre amiga.
Un abrazo.

Sara O. Durán dijo...

La fuerza del cariño no tiene límites, que la abuela allí está acompañando y cuidando a pesar de todo.
Estás maravillosa con tus relatos!!!
Un abrazo mágico como ellos.

Embrujo dijo...

hola buenas noches llego a tu bloc de casualidad creo que si que tu abuela te acompañaba para no estar solo y pudieras dormir tranquilo, te creo te creo y poe eso me quedo, con tu permiso claro feliz noche dulces sueñossssssss

Franziska dijo...

¡Pobre niño! Sufría alucinaciones, diría un médico. Sin embargo, yo quiero aferrarme al realismo mágico. Algo que el niño sueña y luego, en su ans´´ias y necesidades de afecto, lo convierte en real. El cuento tiene un enorme significado y es muy hermoso y está lleno de interés, como todo lo que escribes. Un abrazo. Franziska

el oso dijo...

Hay compañías que llevamos toda la vida. Como la abuela del relato, están. Y más si es alguien castigado o contrariado, lo buscamos para redimirlos y no al revés.
Besos

Pluma Roja dijo...

No sé por qué siempre pensamos en las abuelas más que en las madres. Llevamos el recuerdo de las palabras. Las madres trabajan todo el día para llevar el sustento.

Lindo.

Un saludo María Rosa.

Pedro Luso dijo...

Olá Maria Rosa.
Uma bela história, adequada ao Dia das Mães. Parabéns.
Um abraço.
Pedro

soy beatriz dijo...

Hola Maria Rosa, hace mucho tiempo que no ando por estos lares y en esta noche de insomnio entre y me encuentro con este cuento, lleno de profundidades, dolores escondidos per la luz de una abuela siempre disipa las sombras nocturnas.
Gracias por la entrega tan bella.
Un abrazo en la distancia !!

AdolfO ReltiH dijo...

COMO SIEMPRE MUY INTERESANTE TU HISTORIA.
ABRAZOS

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Una ternura de cuento. UN beso. carlos

María Socorro Luis dijo...


Es un relato precioso y tan creíble... Eres una gran conocedora del alma humana; de los niños en especial...

Enhorabuena, mil veces.

maría del rosario Alessandrini dijo...

El relato es bello y creíble, aquel que siente puede percibir lo que ama.
Abrazo

Navegante dijo...

Tremenda historia, muy bien llevada. El eje aparece de a poco y si bien no se lo menciona se comprende perfectamente cual es. Realmente un logro de relato.
Saludos.

Magdeli Valdés dijo...

Un niño no miente...su corazón y sus ojos internos
están preparados para ver más allá de lo que nostros
ya como adultos olvidamos y dejamos de percibir
en esa soledad él está resguardado
a su tiempo comprenderá el dolor ...
pero lo que su abu le regaló lo sostendrá como un bello tesoro
y sin dudas comprenderá a esa madre
que a diario debe bregar para su sustento

aunque las madres nunca deberían olvidar
que el primer alimento del alma
de un niño es el amor y cuanto más es para un hijo o hija

Besos.

Ernesto. dijo...

Un relato lleno de vida y sentimiento. Un relato verídico en cuanto que es algo que muchos han/hemos podido experimentar...

Abrazos, Mariarosa.

Josefa dijo...

Prtecioso y emotivo relato. Las abuelas para los niños son muy especiales. No saben el mal que hacen algunos padres por negarle su compañia. Me encantó el relato.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Una historia que te deja pensando, que por un momento te aleja de la vida actual, para sumergirte en el temido plano de espacio y tiempo....Muy bueno el relato,...Yo no creo que sea invento de la mete de un niño....Saludos María Rosa...Juan Angel Petta.

TIGUAZ dijo...

hermoso escrito como todos a los que nos tienes acostumrados Mi sincero aplauso y mi cariño.

Diego Sánchez dijo...

Impresionante y maravillosa historia.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

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