jueves

Esa extraña sensación.



Celina cruzó Libertador y fue directo a la terminal de Retiro. Temblaba. En el andén  no había muchos pasajeros, sin embargo,  le cosquillaba en la nuca,  algo que no lograba detectar qué era, presentía que la observaban, comprendió que necesitaba despejarse, caminar; volvió a la calle y llegó a la plaza San Martín.
Los temblores se acentuaban,  al igual que la sensación de que las personas que cruzaban a su lado, la miraban de reojo. Caminó. Dio vueltas hasta cansarse, se sentó en un banco de la plaza, el aroma de los jacarandás le llegaba dulzón, respiró hondo, un gato gris se acercó a jugar con sus zapatos. Un niño cruzó frente a ella, zigzagueando en su bicicleta.  Había dejado de temblar. El gato se echó a su lado, la miraba  y cada tanto dejaba oír un maullido triste. Las imágenes vividas saltaban por su mente como escenas de  una película.
¿Había procedido mal?
Seguro que sí, pero no le importaba y si no le importaba, por qué se encontraba tan molesta.

Hacía  cuatro años que trabajaba con don  Jaime, siempre había tenido que discutir con él  por cuestiones de dinero. El viejo regenteaba un grupo de costureras  que le trabajaban por un mísero jornal, Celina se encargaba de preparar los recibos de pago y varias veces le dijo que debía ser más generoso, que era muy baja la paga, don Jaime la mandaba a callar, él sólo se interesaba por las partidas de póker con sus amigos, para él lo demás carecía de importancia.
Una semana atrás le había pedido a don Jaime un préstamo y se lo había negado. Su madre que vivía en  Mendoza,  necesitaba una prótesis para su cadera.  Se cansó de buscar ayuda, todos sus amigos y familiares eran pobres lauchas como ella.

Volvieron los temblores. El gato  pareció darse cuenta de su malestar porque saltó y se acomodó sobre su falda, debía tener hambre, sus maullidos eran un lamento.

Esa mañana notó que don Jaime estaba muy pálido, se lo hizo notar, son los años;  le respondió. ¿Por qué no se hace ver, insistió, el viejo  no le hizo caso.
Llegó un cliente de Córdoba, se saludaron efusivamente. Ella seguía con los ojos  en la pantalla de la PC  y cada tanto los miraba de reojo.
El cliente y el viejo hablaban en voz baja, don Jaime recibió un pequeño bulto que guardó en el bolsillo interior de su saco. Al fin se estrecharon las manos y fueron juntos hasta la puerta de salida. El viejo entró, se sentó y le pidió agua, cuando Celina regresó con el vaso, él tenía la cabeza caída sobre el pecho. Le habló  y  no respondió. Le tomó el pulso, era muy débil. Inmediatamente llamó al 107,  quince minutos después llegó la ambulancia.
Luego todo fue sucediéndose como las escenas de una película, don Jaime había sufrido un infarto. Cuando llegó la esposa, ya era tarde, antes de  subir a la ambulancia la mujer le dijo; 
—Será mejor que se vaya, voy a cerrar el local. No sé cuando voy a abrir, ya la voy a llamar.
Ella quedó en la vereda mirando a la ambulancia que se alejaba con su ulular  quejumbroso.

No era la muerte  lo que la perturbaba, era otra cosa. Era el dinero que vio asomarse del interior del saco del viejo  y que parecía decirle; "soy tuyo, llévame".  Guardó el paquete en su cartera y volvió a la computadora, el dinero no estaba asentado, no hubo recibos.  ¿Quién iba a notar su falta? Todos sabían que el viejo era un jugador  empedernido.

El gato saltó  y fue a buscar a unos niños que jugaban en un banco cercano, se puso de pie, apretó la cartera contra el pecho y a paso lento cruzó Libertador rumbo  a Retiro.



21 comentarios:

Rafael dijo...

Curiosa historia la que nos dejas.
Un abrazo.

Rafael dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
TIGUAZ dijo...

No siempre la vida es justa, en ocasiones debemos ponerla como nos es mejor para cada cual. Me encanta profundizar eb tus historias y beber de tu fantasía. Siempre da para aprender un tanto. ¿Vamos mejorando? Se te aprecia. Desde tu otra casa mi cariño.

Volarela dijo...

Un relato genial. Todo el tiempo te envuelve; la inquietud de la protagonista se contagia, y el final inesperado me encanta, con ese pequeño detalle del gato, que a lo largo del relato a contribuido a crear un ambiente natural y a la vez algo extraño.
Tienes una enorme habilidad narrativa.

Un abrazo muy cordial (y mi gratitud por tus palabras hacia mi poema en el blog de Mª Carmen)

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Si ese tal don Jaime, hubiese sido considerado con ella o con los demás. Celina tal vez no se habría quedado con ese dinero.
Logras que el lector se ponga del lado de la protagonista.

José Manuel dijo...

Aunque no actuó bien, los acontecimientos la empujaron a éllo. Como reaccionar ante esa situación es imprevisible como tu relato.

Un abrazo

Mª Jesús Muñoz dijo...

María Rosa, consigues que el lector sienta la ansiedad y la duda de la protagonista...Y que al final no pongamos de parte del destino...El trabajo, la esperanza y la necesidad
dieron lugar al resultado final...Ojalá el dinero estuviera siempre cerca de quien verdaderamente lo necesita, amiga.
Mi felicitación y mi abrazo grande por tu maestría y genuina naturalidad contando historias.
M.Jesús

maria del carmen nazer dijo...

Hola María Rosa ! ¡Buenísimo ! siempre me tenés en vilo.
¡me encantó !
No sé si la protagonista hizo bien o no, pero don Jaime era un miserable y la mujer tampoco era una buena persona.
Mirá lo que le dice al final !
Claro que seguramente la pobre mujer, que sí era una buena persona , se quedó con ese remordimiento de conciencia.
Luego pasaría ...
Besotes.

Diego Sánchez dijo...

Uno más, para la colección de hermosos relatos. Solo para ella y para el gato daba muestra de malestar su conciencia.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

PEPE LASALA dijo...

Muy buen relato amiga. No estoy seguro si actuó bien o no porque hay condicionantes, en cualquier caso me ha encantado cómo has narrado la historia. Un fuerte abrazo y buen fin de semana. @Pepe_Lasala

Mirella S. dijo...

Es difícil juzgar a Celina, tuviste la maestría de presentarla de tal manera que el lector se pone de su parte.
Muy bien arquitectado el relato.
Un abrazo, Mariarosa.

Magdeli Valdés dijo...

El gato le olfateo la equivocación...

pobre mujer ...vivir eternamente en ese dilema...

Abuela Ciber dijo...

LLoremos cada pérdida....aunque sea inmensa.

Celebremos cada logro...aunque sea pequeño!!!!!!!!!!!!

Buen día Mujeres del Mundo!!!!!!!!!

Abu

José A. García dijo...

Los pérfidos siempre tienen lo que se merecen...

Suerte

J.

Abuela Ciber dijo...

Por aca los jueces nos defienden, adems tenemos leyes importantes al respecto.
Pero aunque parezca mentira a veces on las mujeres que permiten la violencia
Unas porque no encuentran otra salida, si bien hay albergues y cada dia luchamos por que se abran mas
Otras por comodidad, unos moretoncitos bien valen auto y casa.
Es asi cruelmente es asi
Pero no importa seguiremos las mujeres por aca marchando y logrando cada vez mas mas espacio, sin ir mas lejos el gabineta actual es de mayoria de MINISTRAS

Cariños y buena semana

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

La vida nos da compensaciones, tal vez Celina se lo merecía, después de una vida de sacrificios.

Un abrazo.

María Socorro Luis dijo...

Como siempre, un relato magníficamente narrado y resuelto. Enhorabuena.

Karima Zouine García dijo...

Una situación que invita, cuando menos, a la reflexión. ¿Qué haríamos nosotros en tal caso? Las certezas se tambalean...
Un abrazo, Maríarosa.

Joaquín Galán (Jerónimo) dijo...

La tentación era fuerte porque la necesidad era mucha.Creo que yo hubiera hecho lo mismo teniendo en cuenta la procedencia del dinero.
Otro relato brillante María Rosa.Enhorabuena.

Un abrazo

Anónimo dijo...


María Rosa,...tu relato, tan crudo y tan humanola vez.nos pinta una escena, un aguafuerte de las a relaciones entre persona,...Es una instantánea de un hecho,que desglosándolo, nos brinda es pizca de picardía, de antipudor, de cosa aceptada aunque no sea moralmente impecable....¿o tal vez no?. Besos
juan Angel Petta

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Rosa, aquí juega papel relevante la moral sartreana: la decisión que ella tomó era la justa: se le explotaba. UN abrazo. carlos

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