miércoles, 10 de febrero de 2016

Luna compañera.


Recostada en el sillón
miro la luna
manchada  de nubes.
¿O es ella que me mira a mí?

Por cuál galería oscura
se fue el sueño,
me dejó sola,
se perdió
en el laberinto
perfumado de una rosa.

Sólo me queda la luna,
cíclope entre sombras
velando mi insomnio.








domingo, 31 de enero de 2016

El vuelo de una mariposa.



El aleteo de las alas de una mariposa  puede provocar una tormenta,  al otro lado del mundo.
Proverbio  Chino.



El día despierta  reflejando su luz sobre las hojas de los  ficus y  se filtra por la ventana de la cocina. El agua para el té hace minutos que hierve  y ninguno de los dos, ni Marcos ni su madre se han  dado cuenta.
El  dolor  late desde el centro de su  espalda, y trepa como una raíz  hasta su nuca, Marcos no da más.
—Por Dios ya no lo soporto  —su voz  suena  pastosa—  ha vuelto a resonar,  tam tam tam rataplam…
Sus ojos enrojecidos,  se cierran acosados  por  la fiebre y si intenta abrirlos, todo a su alrededor  cambia, hasta la imagen de su madre se ve distorsionada.
Ella prepara el té y dice tímidamente:
—Debemos hacer lo que dijo el doctor Racedo, pedir turno con  el neurólogo que nos recomendó.
—Mamá vos no entendés, hace seis meses que vivo en esta locura—Marcos se toma la cabeza con las dos manos, apoya los codos en la mesa, como si con ese gesto se aliviara—  ya pasamos por varios médicos, varios neurólogos  y ninguno encuentra solución. Ya no creo en ellos, esto va más allá de la medicina…
—Con tu pesimismo no vamos a ningún lado —dice su madre con fuerza.
—¿Dónde mamá… dónde querés ir…?


Las cinco de la tarde. 
Cai-yan regresa del colegio.
Las calles angostas de Ningbo parecen estrecharse más aún  al llegar al final  del empedrado. La casa rodeada de cañas de bambú, es la primera sobre la ruta de tierra y arena que desciende ondulante y  termina en el río.
Cai-yan deja sus cuadernos sobre la mesa, saluda a su madre con un beso y va en busca de su tambor.  No lo encuentra.  Llama a su mamá y  pregunta, ella no responde, mira al perro. Cai-yan  comprende, corre hasta el fondo de la casa. Allí están los  restos de su tambor.  ¿Por qué?  pregunta y la cola en movimiento de su perro le da la respuesta.  


Amanece un nuevo día, Marcos atraviesa el patio y entra en la cocina, el té y las tostadas ya están listas, el sol otoñal  parece haberse quedado dormido, Marcos mira a su madre  y le dice:
—No puedo creerlo, es la primera mañana en meses sin el  tam tam rataplan en mi cabeza, puedo respirar normalmente, giro la cabeza con naturalidad, es como si milagrosamente el sonido del tambor hubiera desaparecido.












martes, 29 de diciembre de 2015

Feliz Año 2016.




Abre los ojos
y encenderás la noche.
Mírame,
pero no me enceguezcas.





Mis queridos amigos les deseo un año nuevo feliz y en paz.


¡¡Salud y a brindar por un mundo mejor!!

Me tomare un pequeño descanso, varias semanas que alivien  el cansancio de todo un año de trabajo. Dios los bendiga y hasta  la vuelta.

María Rosa

lunes, 21 de diciembre de 2015

Navidad.




“Es Noche buena, no hay que dormir,

Dios ha nacido Dios está aquí…”



Les deseo una Feliz Navidad y un mejor Año Nuevo.

 Algunos de ustedes celebraran en una noche fría rodeados de nieve y nosotros en Buenos Aires con mucho calor, en una ciudad donde el cemento ahoga hasta la imaginación de  soñar con nieve.

Dicen que en la Navidad hay magia, que esa magia nos  haga mejores seres humanos.

Que el Año Nuevo  traiga PAZ y que los hombres nos respetemos y nos reconozcamos hermanos.

¡Felicidades!

María Rosa

lunes, 14 de diciembre de 2015

Era diferente.












Muchos  creen que soy demasiado soñador, y que mi imaginación  me hace ver irrealidades, pero ahora al recordar lo vivido, entiendo que no me equivoqué. Desde  el primer día que la vi, mi corazón me dijo, que era diferente.

Estaba gastando el tiempo en la estación,  tomando cerveza con mis amigos y esperando las novedades  del tren que llegaba  de Buenos Aires, cuando ella bajó y cruzó a mi lado, abriendo la brisa de la tarde con su paso suave, sin pisar el suelo, llevaba un bolso azul, y un sombrero  deshilachado, recuerdo que varias mariposas acompañaban su andar. Era la imagen de un cuento de hadas.

Su presencia cambió  a  mi pueblo y todos los alumnos de la primaria 16, que se deslumbraron con sus enseñanzas. Jugaba con las tizas de colores, sembrando flores entre cálculos combinados y pretéritos indefinidos.
Era amable, atendía a los ancianos, sonreía a todos los vecinos con la misma dulzura,  hasta en el aire se percibía un perfume diferente, había aroma a primavera  en cada esquina.
Comencé a seguirla sin que me viera, mis ojos no lograban separarse de ella.
Por las tardes, luego de la escuela, iba al río, caminaba por la playa de arena y tierra y cantaba, los pájaros detenían su vuelo y se posaban en su hombro y las enredaderas que caían de los aromos se inclinaban y sus flores se movían a su ritmo. Hasta la brisa se suspendía en el aire para bañarse en las notas de su voz y  las mariposas agitaban el aire con su vuelo. Yo  observaba, escondido tras de las ramas de los sauce.
Estaba enamorando de ella.

Pero todo  termina y  un día la vi con su vestido blanco, bordado con  mariposas de colores, el bolso azul y su viejo sombrero caminando hacia la estación. Comprendí que se iba. Corrí tras ella,  le grité que la amaba y ella sonrió, se acercó y me beso suave en los labios.  Le rogué que se quedara y me dijo que no, que era imposible. ¿Imposible por qué? Pregunté  y sus ojos negros con reflejo azules se mojaron en mí.  ¿Cómo olvidar su mirada? Se alejó con  paso suave, sin tocar el suelo y  quedé  bebiendo el agua salada del dolor. Y mientras subía  la escalera que llevaba al andén, vi con  asombró que las mariposas de su vestido echaban a volar y toda ella desaparecía, convertida en cientos mariposas,  elevadas hacia un arco iris infinito.








martes, 8 de diciembre de 2015

Silencio.






Algo había cambiado en la casa. Mi madre deambulaba por las habitaciones, buscando algo que ni ella misma sabía qué era; en su mano, un pañuelo blanco ajado, con el cual, secaba cada tanto sus ojos.
No cantaba como antes, con su voz gangosa, sus boleros cursis y pasados de moda. Mi padre, siempre ocupado en su taller, lo había cerrado; hasta mis hermanos mayores dejaron de discutir y molestarse. El silencio daba vueltas por los rincones, nos había transformado en otras personas. La mesa del comedor estaba en orden; nadie dejaba olvidado sobre ella, el diario, los anteojos o un vaso vacío.

Algo estaba sucediendo o, tal vez, algo faltaba y yo con mis cortos años no lo entendía. Hasta el cuarto de la abuela, desde hacía unos días, jugaba al silencio… siempre cerrado y frente al ventanal; su sillón extrañamente vacío.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Historias de la pampa.


Pintura de Jorge Frasca, pintor Argentino.






Me reía de sus historias aprendidas de memoria  cuando  era un chiquilín cebador de mate, entre   criollos de cara curtida por las lluvias y el sol, que relataban en los fogones, cuentos tan fantásticos que  al escucharlos en su voz me hacían sonreír.  Creo que el viejo los creía como si fueran reales.

Ahora el abuelo estaba cruzando el umbral de los ochenta y nueve y seguía con sus leyendas. Sinceramente ya no le prestaba atención,  se repetía demasiado.
“Voy a cumplir años y quiero volver al terruño de la infancia, la casa sigue estando allí, un sobrino mío la cuida y creo que la primavera es el tiempo justo para regresar, ya no hace frío y necesito volver”.  Necesito volver, repitió varias veces, y a mí se me cayeron los brazos, creí que iba a comenzar nuevamente con el cuento de la barca que navega por el campo y se eleva entre las nubes, pero no dijo nada, simplemente me miró esperando mi respuesta; tendría que llevarlo.

El pueblo resultó ser un pañuelo verde que guardaba algunas casas, encalladas  aquí y allá, sin orden ni diseño,  la mayoría deshabitadas.  Al final de la única calle que alguna vez había sido pavimentada y que ahora mostraba restos de cemento y tierra, encontramos la vivienda de su infancia. Tan vieja como él, pero cuidada por el sobrino, que  la mantenía limpia y pintada con cal, a primera vista me pareció irreal, creí estar viendo  una pintura o  un cuadro de Jorge Frasca.
El abuelo se adelantó, abrió la puerta y al entrar nos saludo un aroma a lavanda que desde un florero de plástico verde, presidia la mesa.  El viejo caminaba muy suave, entró con miedo de despertar los recuerdos que habitaban en los rincones.

Durante los días siguientes, el abuelo se la pasaba yendo y viniendo a la puerta de calle, a veces se iba caminando hasta la esquina, esperaba y regresaba.  ¿Qué espera abuelo?  No respondía. Una noche me dijo; “ya deben estar por llegar, los huelo en el aire”.
Su salud empeoraba y no aceptaba ir al pueblo vecino a visitar al médico, le costaba respirar y se cansaba por nada. “Regresemos abuelo”  “No puedo, debo esperar la barca”  “Es una leyenda viejo, no existe la barca”. “Vos qué sabes pendejo del diablo, la vi llevarse a mi abuelo y a mi padre, ahora le toca venir por mi y sabes, hay dos, una es oscura y va directo al infierno, en esa se fue mi abuelo por haber matado muchos indios, mi padre se fue en una celeste, recuerdo que  al verla remontando vuelo,  trozos de velámenes  se agitaban en la popa como migajas de un antiguo vestido  que alguien hubiera arrojado al viento y desde el palo mayor los restos de una bandera blanca ondeaba  orgullosa.

La tormenta se desató con furia pasada la medianoche, me desespere al notar que él no estaba en su cama, lo encontré empapado; en la puerta de calle. Lo agarré de un brazo intentando llevarlo  adentro de la casa, era imposible, era una mula empecinada. 
Fue entonces cuando la vi, creí que era una visión, que me estaba volviendo loco. Era la barca, telas deshilachadas colgaban desde la proa a la popa, las velas ni color tenían, alguien grito: ¡Agustín!  El abuelo se incorporó y subió por una escalera invisible a mis ojos, pero no a los suyos, ascendía muy seguro.  Agitó su mano y me dijo; “no te olvides de volver, ella siempre regresa”  Los vi elevarse, la barca  era un pájaro celeste perdiéndose en el horizonte.




Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa