jueves, 10 de abril de 2014

Una palabra burda.



 Y allí  quedé, desnudando la noche, con el corazón convertido en un puñado de florcitas secas.
Y mientras regresaba, con paso lento y la sensación de andar sobre nubes,  fui recordando algunas historias, las que mi madre solía contar sobre el destino  y  yo no creía.
Ella decía que el destino era un hado que gobernaba los sucesos en la vida de los seres y los iba encadenando a su antojo. A nosotros, ese hado,  nos botó del mundo feliz, jugó  con los dos y  en ese juego estaba mi corazón palpitando enloquecido al verte. Y yo como una ilusa adolescente creí que eras el amor.
¿Te habrá sucedido igual? 
Tal vez no.
Te vi partir muy tranquilo, mientras la noche se moría recostada en la luna, sólo en tus ojos y por un instante cruzó una sombra al decir adiós, me pareció que ibas a agregar algo más y no, nada dijiste, sólo adiós. Adiós, que palabra burda y cruel. Para algunos es una apariencia que  rescata de la soledad,  para otros, un fin  sin por qué, es una palabra, nada más.



viernes, 4 de abril de 2014

Con el mismo deseo.

Pintura de Jorge Frasca, pintor Argentino.





Santos Medina levantó el vaso de vino y brindó; “Por la felicidad que espero”, dijo con la voz pastosa por tantos  brindis, el vino tinto perfumaba el aire y se elevaba como un suspiro. Su compañero, el chino  Saravia, dijo por lo bajo: “La vieja  Jacinta  es una bruja segura, no necesita grandes cosas, con una prenda de la persona, logra lo que vos le pidas, dicen que tiene tratos con el diablo, no hay otra igual para sacar del medio a parejas molestas  y con cien mangos la arreglas, vive en un rancho, frente al río, justo donde el cauce parece doblarse como un codo y rumbea pal  sur”.
Santos dejó unos pesos sobre la mesa de la fonda y salió. Afuera el sol del medio día le pegó  de pleno en la cara, el olor de la menta, agitada por la brisa le llenó los pulmones, se calzó el sombrero negro y se fue caminando para despejar el alcohol que le brillaba en los ojos y le hacía temblar las manos.  
Estaba por llegar al recodo y lo vio. Encallado en una loma y entre varios eucaliptus, asomó el rancho de la Jacinta. Se detuvo de golpe y quedó como una estaca clavado a la tierra.  Unos metros adelante caminaba la Rosa,  su mujer, llevaba una bolsita con algo dentro, la apretaba contra su pecho  y cada tanto miraba a un lado y otro con desconfianza. Él se detuvo. Se escondió. Antes de entrar, ella se volvió, pudo ver la cara de alegría que llevaba.
Santos  pensó, que era mejor que se fuera.  ¿Qué habría venido a buscar la Rosa con doña Jacinta?
Nunca lo supo, lo encontraron sin vida a media legua de su casa.

miércoles, 2 de abril de 2014

Las islas Malvinas. 2 de Abril.


Una niebla luminosa las cubre
islas queridas, 
no están olvidadas
ni lo están las cruces blancas
símbolo de nuestros valientes.
Seiscientos cuarenta y nueve hombres
dejaron sus sueños, su vida, su sangre
 en la tierra malvinense 
y el viento del sur y las olas del mar argentino,
les cantan  su homenaje.



jueves, 27 de marzo de 2014

Anuncio y Noche.


ANUNCIO.

La tarde se ha puesto triste
otoño dorado y frío
hojas volando en el viento
y  acunándose en el río.

Hasta aquel pájaro sin nombre
se ha retirado a su nido
ya no acompaña  mis tardes
me ha relegado al olvido.

Pronto cantará el invierno
en los leños encendidos
y  me dormiré en tu pecho
con tus brazos como abrigo.



NOCHE.


En el cielo no hay estrellas,
sólo la luna
como una pálida hoz,
se deja ver.
El viento trae sonidos de guitarra,
aroma a jazmín y a cigarro
y la noche se alarga
como una pesadilla
que no termina de morirse.


.

domingo, 23 de marzo de 2014

Final de la isla de los tigres.

CAPITULO Nº 3 

Era real, el árbol se movía apoyando sus raíces como pies en el suelo y avanzaba lentamente. No reconoció la especie, el tronco grueso y oscuro era flexible a cada inclinación.  Fascinado y sin poder moverse por el asombro, contemplaba la escena. Fueron desfilando otros árboles en igual movimiento, el silencio era total, ni un pájaro se escuchaba. Recordó la cámara y filmó, los siguió hasta que se detuvieron a orillas de un  río. No había visto ningún cauce en los mapas.  El grupo se detuvo. Las raíces se enterraron  en la tierra arenosa y se hacían uno con la costa. En pocos minutos fueron parte del paisaje, como si siempre  hubieran estado allí.
Se acercó.
Intentó cortar unas ramas, que se defendieron  de su ataque, finas espinas lo envolvieron dejando arañazos en su piel y  le arrancaron la cámara. Con la navaja liberó sus brazos y se alejó. Los árboles quedaron  allí.
El Chúcaro  seguía durmiendo. El aroma de las flores había desaparecido y  el sendero también. Zamarreó a su compañero, debemos regresar, le dijo.
No comentó con el Chúcaro la experiencia vivida.
Llegaron al muelle y esperaron, atardecía cuando la lancha de la vuelta los recogió. El viejo Cedrón los estaba esperando preocupado por la tardanza.

Durante la noche Leandro Bruman no durmió, estuvo de pie mirando por la ventana la selva oscura, en un momento salió y fue hasta el río, se sentó en la orilla mirando el agua serena, el grito de una lechuza lo sobresaltó, desde un travesaño del muelle, ella lo observaba con sus redondos ojos amarillos, lo impresionó. Regresó a la cabaña, no hallaba explicación a lo vivido.

Por la mañana fue a la casa del viejo, lo encontró tomando mate en la pequeña cocina, se sentó frente a él, quiso hablar de la isla de los tigres y fue imposible no le salían las palabras, su antigua seguridad no existía. Puso el arma sobre la mesa, le dio gracias a Cedrón y le dijo que esa misma tarde regresaba a la capital. El viejo lo escuchaba y observaba los arañazos en los brazos y la cara de Bruman, sin embargo nada preguntó, se puso de pie, lo abrazó y le dijo:
—No diga que no le avisé, en esa isla hay algo extraño, los isleños en nuestra ignorancia, aceptamos los enigmas que no son humanos y  nos mantenemos alejados, sabemos que ella no nos pertenece. Para su lógica Bruman, lo misterioso no existe, va a ser difícil sobrevivir con semejante experiencia y tanta duda en la mente.

Mientras viajaba de regreso en la lancha y con la vista clavada en el río, Leandro Bruman  se preguntaba; cómo sacarse el terror que llevaba en la sangre, ese miedo en escala máxima que se había adueñado de su vida… y que presentía, sería un eterno compañero  de ruta.
FIN






viernes, 21 de marzo de 2014

2º capitulo La ista de los tigres.


La lancha era rápida, cortaba en dos el río generando una espuma que lograba que el alemán no pudiera quitar sus ojos de ella.
Desembarcaron en un muelle  deteriorado por el abandono y los años. Durante la primera hora de camino sólo encontraron Sauces,  Espinillos y Lianas y algún conejo que les llamó la atención por su gran tamaño.  Más adelante comenzaron a aparecer juncos y helechos gigantes y un verde profundo que daba a las especies la impresión de haber salido de la sinfonía verde  de Monet. 
Leandro  fotografiaba y anotaba en un cuaderno todo lo que llamaba su atención.  Al medio día se sentaron a comer, estaban cansados, caminar se hacía difícil sobre un piso  acolchonado de hojas que se hundía al andar. Continuaron la marcha, ningún animal salvaje les había salido al paso, los anuncios de don Cedrón no se concretaron.
A medida que avanzaban la selva se cerraba  entre raíces y lianas.  Algunos gatos salvajes cruzaron ante ellos, tan asustados como los exploradores. La cámara del alemán los robó en el aire. Árboles altos poblados de flores blancas y muy perfumadas surgieron de pronto, se detuvieron,  el alemán  guardaba muestras  e imágenes.
El extraño aroma que llenaba el ambiente; dulce y con resabios de limón los envolvió. A poco de andar, un sopor fue menguando sus fuerzas. Por primera vez Leandro se sintió inseguro, no era una sensación placentera, producía somnolencia,  Chúcaro se dejó caer sobre unas raíces y se acomodó con su mochila para dormir. De nada sirvieron los gritos del alemán tratando de mantenerlo despierto, al fin se cansó de gritar y se sentó, en pocos minutos se dejó ganar por el cansancio.

Frente a él, fue cayendo una lluvia blanca  de flores, formando  un camino que  al igual que una alfombra invitaba a seguirla. Dejó atrás a Chúcaro  y avanzó, el perfume lo mareaba. De pronto el  sendero se fue cerrando, la selva  ponía un freno a su asombró. Lapachos, urunday y  helechos diferentes a los que observó al entrar, cerraban su paso, eran enormes, su copa se perdía en la altura ocultando el cielo,  el piso  se hundía  en la humedad de hojas amasadas por  los años y  hacía que su pelo cayera sobre su frente,  lacio y mojado. 
Algo se movió a su costado, se detuvo, vio a lo lejos deslizarse un árbol, creyó que el aroma de las flores lo había  drogado y estaba viendo visiones.




El lunes va el final....

jueves, 20 de marzo de 2014

La isla de los tigres.

La isla del tigre es un cuento fantástico que se desarrolla en nuestras islas del Tigre, bella zona de Buenos Aires y donde su salvaje floresta motiva la escritura. Lo presentaré en tres capítulos para no cansar vuestra lectura.


1º CAPITULO DE LA ISLA DE LOS TIGRES.

Los argumentos del viejo Cedrón eran imposibles de rebatir; siempre tenía razón, Leandro Bruman lo escuchaba muy atento, sus palabras le importaban  poco o nada.
En el bar unos pocos hombres rodeaban  al recién llegado. Había alquilado una cabaña cerca del río y a pesar de ser un tipo amable, su extraño acento  llamaba la atención y lo miraban con desconfianza. El viejo Cedrón intentaba persuadirlo del viaje, pero el alemán  o no lo entendía o no quería entenderlo.
— La isla de los tigres es impenetrable –le dijo— y aunque creemos que ya no hay tigres, queda algo peor, jabalíes salvajes, le puedo asegurar que los intrépidos  que entraron allí,  no regresaron y fueron  muchos.
El alemán quedó en silencio y el viejo insistió:
—Yo le aconsejaría que no se meta en esa isla, hay algo misterioso en ella…

Leandro había llegado para identificar y catalogar la flora y la fauna de la isla de los tigres que se había extendido sin intervención del hombre y que por lo que se veía desde el helicóptero,  era diferente a lo conocido, pero imposible de abordar por aire.
—¿Y eso a quién le importa? —Había preguntado don Cedrón y agregó—  los ceibos,  los sauces y  el lapacho van a seguir estando allí por más que usted los ponga en una lista certificada.
—Tiene razón —respondió  Bruman con paciencia—  pero mi trabajo es estudiar la biodiversidad, al menos comenzar con el tema si resulta interesante, otros seguirán los estudios. Debo ir mañana ¿alguien me puede guiar?   Puedo pagar el día y muy bien…
Sólo el chúcaro aceptó la invitación. Se pusieron de acuerdo y a las seis de la mañana se encontrarían en el  muelle del Carapachay, de allí tal vez en una hora, llegarían a la isla de los tigres.

El chúcaro llegó  antes de las seis, el viejo Cedrón lo acompañaba, recién comenzaba a amanecer  y un cielo bañado de nubes anaranjadas anunciaba que iba a ser un bello día. Cargaron sus mochilas  y subieron a la lancha que los llevaría  hasta el muelle donde comenzaba  la selva.  El viejo los despidió, pero antes de que salieran le entregó a Leandro un arma.
—Tengo mi navaja —dijo Bruman.
—Guárdela en su mochila, esta es más rápida –le dijo—  nunca se sabe que puede suceder en esa isla…



SIGUE….


Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa