martes, 22 de abril de 2014

Reino dorado




El día abre los ojos, es otoño
y una  niebla sin color cubre la calle,
quisiera que fuera azul el cielo
y las  ramas desnudas de los árboles.
Pero no hay azules en otoño,
es el reino del ocre y el morado,
de las hojas amarillas del ciruelo
y del dorado,
 que a veces el  sol
riega mezquino,
sobre mi cuerpo, ansioso de verano.

miércoles, 16 de abril de 2014

Pascua.


Foto que saqué en el Santuario de Lourdes de la ciudad de Mar del Plata.




Quisiera escribir el poema
más bonito y más sentido,
pero mi mente se cierra
y las palabras se vuelan
como las hojas que viajan
en este otoño tan frío.
Mis emociones me encierran
se burlan de mis sentimientos
y la palabra se duerme
y el milagro del poema
sólo queda en el intento.

Pascua de resurrección;
luz que abraza y que perdona
y  el regalo final,
la vida para que vivan
los hombres que te conocen,
los que te niegan o ignoran,
para todos  diste tu sangre,
camino, verdad y vida.

jueves, 10 de abril de 2014

Una palabra burda.



 Y allí  quedé, desnudando la noche, con el corazón convertido en un puñado de florcitas secas.
Y mientras regresaba, con paso lento y la sensación de andar sobre nubes,  fui recordando algunas historias, las que mi madre solía contar sobre el destino  y  yo no creía.
Ella decía que el destino era un hado que gobernaba los sucesos en la vida de los seres y los iba encadenando a su antojo. A nosotros, ese hado,  nos botó del mundo feliz, jugó  con los dos y  en ese juego estaba mi corazón palpitando enloquecido al verte. Y yo como una ilusa adolescente creí que eras el amor.
¿Te habrá sucedido igual? 
Tal vez no.
Te vi partir muy tranquilo, mientras la noche se moría recostada en la luna, sólo en tus ojos y por un instante cruzó una sombra al decir adiós, me pareció que ibas a agregar algo más y no, nada dijiste, sólo adiós. Adiós, que palabra burda y cruel. Para algunos es una apariencia que  rescata de la soledad,  para otros, un fin  sin por qué, es una palabra, nada más.



viernes, 4 de abril de 2014

Con el mismo deseo.

Pintura de Jorge Frasca, pintor Argentino.





Santos Medina levantó el vaso de vino y brindó; “Por la felicidad que espero”, dijo con la voz pastosa por tantos  brindis, el vino tinto perfumaba el aire y se elevaba como un suspiro. Su compañero, el chino  Saravia, dijo por lo bajo: “La vieja  Jacinta  es una bruja segura, no necesita grandes cosas, con una prenda de la persona, logra lo que vos le pidas, dicen que tiene tratos con el diablo, no hay otra igual para sacar del medio a parejas molestas  y con cien mangos la arreglas, vive en un rancho, frente al río, justo donde el cauce parece doblarse como un codo y rumbea pal  sur”.
Santos dejó unos pesos sobre la mesa de la fonda y salió. Afuera el sol del medio día le pegó  de pleno en la cara, el olor de la menta, agitada por la brisa le llenó los pulmones, se calzó el sombrero negro y se fue caminando para despejar el alcohol que le brillaba en los ojos y le hacía temblar las manos.  
Estaba por llegar al recodo y lo vio. Encallado en una loma y entre varios eucaliptus, asomó el rancho de la Jacinta. Se detuvo de golpe y quedó como una estaca clavado a la tierra.  Unos metros adelante caminaba la Rosa,  su mujer, llevaba una bolsita con algo dentro, la apretaba contra su pecho  y cada tanto miraba a un lado y otro con desconfianza. Él se detuvo. Se escondió. Antes de entrar, ella se volvió, pudo ver la cara de alegría que llevaba.
Santos  pensó, que era mejor que se fuera.  ¿Qué habría venido a buscar la Rosa con doña Jacinta?
Nunca lo supo, lo encontraron sin vida a media legua de su casa.

miércoles, 2 de abril de 2014

Las islas Malvinas. 2 de Abril.


Una niebla luminosa las cubre
islas queridas, 
no están olvidadas
ni lo están las cruces blancas
símbolo de nuestros valientes.
Seiscientos cuarenta y nueve hombres
dejaron sus sueños, su vida, su sangre
 en la tierra malvinense 
y el viento del sur y las olas del mar argentino,
les cantan  su homenaje.



jueves, 27 de marzo de 2014

Anuncio y Noche.


ANUNCIO.

La tarde se ha puesto triste
otoño dorado y frío
hojas volando en el viento
y  acunándose en el río.

Hasta aquel pájaro sin nombre
se ha retirado a su nido
ya no acompaña  mis tardes
me ha relegado al olvido.

Pronto cantará el invierno
en los leños encendidos
y  me dormiré en tu pecho
con tus brazos como abrigo.



NOCHE.


En el cielo no hay estrellas,
sólo la luna
como una pálida hoz,
se deja ver.
El viento trae sonidos de guitarra,
aroma a jazmín y a cigarro
y la noche se alarga
como una pesadilla
que no termina de morirse.


.

domingo, 23 de marzo de 2014

Final de la isla de los tigres.

CAPITULO Nº 3 

Era real, el árbol se movía apoyando sus raíces como pies en el suelo y avanzaba lentamente. No reconoció la especie, el tronco grueso y oscuro era flexible a cada inclinación.  Fascinado y sin poder moverse por el asombro, contemplaba la escena. Fueron desfilando otros árboles en igual movimiento, el silencio era total, ni un pájaro se escuchaba. Recordó la cámara y filmó, los siguió hasta que se detuvieron a orillas de un  río. No había visto ningún cauce en los mapas.  El grupo se detuvo. Las raíces se enterraron  en la tierra arenosa y se hacían uno con la costa. En pocos minutos fueron parte del paisaje, como si siempre  hubieran estado allí.
Se acercó.
Intentó cortar unas ramas, que se defendieron  de su ataque, finas espinas lo envolvieron dejando arañazos en su piel y  le arrancaron la cámara. Con la navaja liberó sus brazos y se alejó. Los árboles quedaron  allí.
El Chúcaro  seguía durmiendo. El aroma de las flores había desaparecido y  el sendero también. Zamarreó a su compañero, debemos regresar, le dijo.
No comentó con el Chúcaro la experiencia vivida.
Llegaron al muelle y esperaron, atardecía cuando la lancha de la vuelta los recogió. El viejo Cedrón los estaba esperando preocupado por la tardanza.

Durante la noche Leandro Bruman no durmió, estuvo de pie mirando por la ventana la selva oscura, en un momento salió y fue hasta el río, se sentó en la orilla mirando el agua serena, el grito de una lechuza lo sobresaltó, desde un travesaño del muelle, ella lo observaba con sus redondos ojos amarillos, lo impresionó. Regresó a la cabaña, no hallaba explicación a lo vivido.

Por la mañana fue a la casa del viejo, lo encontró tomando mate en la pequeña cocina, se sentó frente a él, quiso hablar de la isla de los tigres y fue imposible no le salían las palabras, su antigua seguridad no existía. Puso el arma sobre la mesa, le dio gracias a Cedrón y le dijo que esa misma tarde regresaba a la capital. El viejo lo escuchaba y observaba los arañazos en los brazos y la cara de Bruman, sin embargo nada preguntó, se puso de pie, lo abrazó y le dijo:
—No diga que no le avisé, en esa isla hay algo extraño, los isleños en nuestra ignorancia, aceptamos los enigmas que no son humanos y  nos mantenemos alejados, sabemos que ella no nos pertenece. Para su lógica Bruman, lo misterioso no existe, va a ser difícil sobrevivir con semejante experiencia y tanta duda en la mente.

Mientras viajaba de regreso en la lancha y con la vista clavada en el río, Leandro Bruman  se preguntaba; cómo sacarse el terror que llevaba en la sangre, ese miedo en escala máxima que se había adueñado de su vida… y que presentía, sería un eterno compañero  de ruta.
FIN






Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa