martes

El caso del gitano. Nº III


 


 

. Investigaron y en casa de los Benítez no había un auto  azul.

— ¿Tal vez lo pidió prestado a una amiga?

—Será mejor que lo averigües —respondió Garmendia— este caso se complica y sin embargo creo que la solución está frente a nosotros y no la vemos.

 

En el pasado de la señora Benítez, sólo hallaron su tiempo de actriz del under. Sus viejos compañeros la recordaban como una chica encantadora y muy buena actriz. Nada anormal.

Carmona llegó a la oficina de Garmendia con la novedad de que, en el entorno de la señora Benítez  nadie tenía un auto azul.

—Creo que estamos poniendo los ojos en la mujer equivocada. La gitana que iba a ver a Montoya a finales de mes, ¿Quién era? ¿A qué iba? A hacer el amor, no lo creo, en tan corto tiempo no se puede hacer nada. ¿Para qué visitarlo mensualmente? 

—Puede que fuera a pagar la cuota de un coche… —Garmendia no estaba convencido — o una deuda.

—O un chantaje —dijo Carmona.

El detective saltó de su silla y comenzó a dar vueltas.

—Eso me parece creíble y cercano a una verdad y al tipo de persona que era Montoya. ¿Pero dónde encontrar a esa  gitana?

—Hay que averiguar si hay comunidades gitanas o familias en la zona cercana a Pilar y si conocían a Montoya.

 

Mientras Carmona investigaba, Garmendia  volvió a la casa del gitano. Revisó cajones, estantes, ya la policía científica había pasado por todos los escondites, pero él esperaba encontrar algo, ese algo que le diera una pista.  Cuando ya desistía de su reconocimiento, comenzó a sacar unos diarios apilados en un estante y entre ellos, apareció un  álbum de fotos.  Varias fotografías habían sido quitadas, la cartulina más oscura demostraba que había sido recientemente. Se llevó el álbum.

No se había equivocado, los especialistas corroboraron su primera idea. Tal vez no tuviera que ver con el crimen, tal vez sí.

Varios días después Carmona trajo la novedad, ninguno de los gitanos de Pilar se conectaba con Montoya; pero, y eso sí fue una novedad: la madre de Soledad Benítez tenía un Ford fiesta azul y la patente terminaba en 15. La citaron.

 

Cecilia Sepúlveda se mostró sorprendida  al verse frente al detective Garmendia. Tendría unos sesenta años, muy bien vestida y con una sonrisa simpática, lo contrario de su hija. Cecilia no entendía por qué  estaban interesados en  su coche. Presentó sobre la mesa de trabajo del detective los papeles de su auto.

—Como ve señor Garmendia tengo  los documentos de mi coche al día.

El detective sonrió.

—Señora no es mi intención controlar sus papeles, simplemente quiero preguntarle si usted fue alguna vez hasta Pilar a ver a un vendedor de autos usados, un tal José Montoya.

—No  hago viajes largos, solo me muevo en la capital.

— ¿Acostumbra a prestar su auto a alguna amiga?

—No. ¿Por qué tantas preguntas?

—Tenemos un caso policial y debemos investigar detalles, su auto, marca y color combina con el que estamos buscando. Nada más que eso. ¿Está segura que nunca prestó su coche?

—Sólo a mi hija cuando lo lleva a lavar o al taller… el de ella.

La sonrisa de Cecilia Sepúlveda se convirtió en una mueca de hielo al decirlo, pareció arrepentirse.

—No se preocupe debemos estar equivocados —dijo Carmona mientras la acompañaba hasta la salida.

Al entrar, el detective  le dijo a su compañero:

—Vamos a ver a la señora Benítez.

 

La palidez de Soledad Benítez acentuaba la blancura de su piel.

Los invitó a tomar asiento y escuchó  a Garmendia sin interrumpirlo. En un momento entró Vicente Benítez, saludó y quedó de pie, mientras Garmendia explicaba los pormenores del caso. Al terminar el detective, ella intentó hablar y la voz se le ahogó; fue el esposo quien dijo:

—Montoya fue pareja de mi esposa, él  era tan mala persona que ella lo abandonó y permaneció escondida en casa de una amiga por meses. Él la buscó, la consideraba su propiedad; en ese tiempo la conocí, la ayudé  y nos fuimos juntos,  yo estudiaba fuera del país, regresamos hace pocos años, se ve que cansado de buscarla la olvidó. Habían pasado veinte años, cuando ese delincuente la encontró, no sé cómo consiguió nuestro número telefónico y comenzó a amenazarla con hacer públicas algunas fotos comprometedoras de aquellos años en que vivieron juntos. Mi esposa por temor a perjudicar mi carrera aceptó pagarle una cuota mensual exorbitante, hasta que ya no pudo más y le dijo que no  podía seguir así. Fue a verlo,  intentó llevarla a la cama, ella se negó y él la amenazó con una navaja…

Soledad hizo un gesto con la mano para que callara, se puso de pie y dijo:

—Quiso seducirme, me arrancó la rosa que llevaba en el pelo,  me negué a sus requerimientos y se ofendió, sacó una navaja y me amenazó, en el forcejeo él mismo se clavó el arma, al caer al suelo y me pidió ayuda, y yo salí corriendo, lo dejé herido y escapé. Mi crimen fue abandonarlo, tenía tanto miedo que temblaba, no sé cómo llegué a mi casa sin tener un accidente y  manejando en esas condiciones por la Ruta.

--Murió desangrado….—dijo Garmendia.

Soledad no pudo evitar el llanto.

—¿Se vestía de gitana? —Preguntó Carmona.

—Sí, era una forma de que algún vecino de Montoya,  pensara que era un familiar o una amiga.

En la cabeza de Garmendia las ideas batallaban con su conciencia. Este era uno de esos casos en que el detective no quería proceder según marcaba la ley. Pero no podía hacer otra cosa, estaba seguro que la señora Benitez saldría libre, pero él no era juez, ni fiscal, sólo le dijo:

—Señora Benítez lo siento, un juez debe analizar su caso,  pero yo  debo cumplir con mi deber y detenerla.

Esa noche mientras cenaba solo en su casa, recordaba la cara de angustia de la señora Benitez y se arrepentía de ser tan fiel a su deber.


                                                              FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21 comentarios:

Rafael dijo...

Final sorprendente y la línea del cuento. Felicidades.
Un abrazo.

Milena dijo...

Muy buen relato... intriga y misterio hasta el final, todo muy bien hilado, pensado, relatado.
Enhorabuena Maria Rosa.

Susana Moreno dijo...

Una gran historia. Un beso

eli mendez dijo...

Espectacular MariaRosa!
Cuantas veces nos preguntamos si lo que llamamos "justicia" o disponernos a "hacer lo correcto" en realidad termina siéndolo
Lamentablemente al menos aqui sabemos que muchas veces todavía hay que hacer honores al criminal y que la victima es quien termina pagando.. Muy bueno, fluido, interesante con suspenso hasta el final.Besosss

" R y k @ r d o " dijo...

Texto muito bem escrito que me fascinou ler. Uma bela estória.
.
Uma semana feliz … Cumprimentos.
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Pensamentos e Devaneios Poéticos
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J.P. Alexander dijo...

Pobre Señora Benitez ella podía llamar a la policía y no lo hizo. Te mando un beso y buen relato.

Margarita HP dijo...

¡Me ha encantado María Rosa! ¡Qué bien llevado! ¡Qué conseguido! ¡Qué intriga! Y menudo desenlace. Enhorabuena :D

José Luis Asensi dijo...

Es un buen relato que me ha tenido en vilo de cabo a rabo. Un relato que ha llevado la intriga y la duda hasta ese final que no esperaba,al menos tal cual.
Lamentablemente, no siempre se hace justicia por igual y esa persona que fue agredida y tal vez, apunto de morir, pasa a ser la acusada.
Te felicito.
Abrazos.

Volarela dijo...

¡Fenomenal! Estaba esperando las tres partes juntas para leerlas de un tirón.. Porque es así como mejor se siente la historia.

Eres buena con el misterio sobrenatural... ¡pero es que también con el suspense policial! Uf, con lo difícil que es.
Perfecta narración, sin hilos sueltos. Muy amena.
Felicidades.

Un abrazo grande, M. Rosa :)

Mª Jesús Muñoz dijo...

Me encantó la fluidez, el misterio, la intriga y la claridad rotunda con que lo cuentas, María Rosa. He leído las tres partes y comprendo perfectamente el desasosiego del investigador. La vida pone a cada cual en su lugar y la justicia humana, no siempre hace bien las cosas, porque las leyes no son perfectas.
Mi felicitación y mi abrazo admirado por tu excelente y bien llevado relato, amiga.

Sandra Figueroa dijo...

Muy buen investigador, al fin la atrapo. No hay crimen sin castigo.... Buena historia amiga, llena de misterio e intriga. Saludos Mariarosa.

Ernesto. dijo...

Abrazo Mariarosa.

Buen finde!

José A. García dijo...

Por algo dicen que la justicia es lenta...
Cuando la hay.

Saludos,
J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que increíble. Anticipé algo clave para la resolución, las dos mujeres resultron ser la misma. Soledad usó su talento de actriz, para ocultar su identidad.
Que conflicto el de Garmendia, tener que detener a una mujer que era inocente, que se resistió a ser victimizada.
Un gran relato.
UN abrazo.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Me encanta Garmendia. Se está convirtiendo en mi Poirot. Un abrazo. Carlos

Contratar a Los Bonnitos dijo...

Hola!
Un excelente relato hasta el final, te felicito.
Un abrazo

Jorge M dijo...

Un muy buen relato amiga mariarosa, como todo lo que escribes y a mi me gusta tanto leerte.
Una decisión difícil, creo que en temas de la ley hay cosas que se deberían analizar , en que es lo correcto y que es lo justo.

Una disculpa amiga por estar alejado de ti blog un buen tiempo, batallaba con problemas de salud, pero nome olvidaba de ti, poco a poco voy regresando mientras me voy sintiendo mejor.
Un abrazo y se feliz

Meulen dijo...

Casos hay en este mundo...lo malo es que siempre o muchas veces terminan muy mal...

Interesante este relato del detective.

Abrazo.

Laura. M dijo...

Leido de un tirón. Buena intriga hasta el final para descubrir a Soledad, al final se mató el mismo.
Cuídate.
Un abrazo.

Rajani Rehana dijo...

Awesome post

Hada de las Rosas dijo...

Que tal amiga! interesante tu cuento y muy vernaculo
e idiosincratico a la vez. Siempre me siento dentro de tus historias,
las siento muy vividas.
Te dejo un besote, buenas noches.

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