martes

El mar de Manuel.





Perdido en la Pampa, sembrado de trigo y magia, existía un pueblo llamado Malacara, en el perdía su furia el viento pampero, ondulaba el verde del trigo y lo hacía semejante  al mar.
Allí vivían Manuel y Delia. Se habían conocido en su juventud y no se separaron más.
Se alargaban  las tardes hablando de sus sueños y habitando mundos de fantasía que sólo ellos conocían. Delia hablaba del mar,  relataba la furia de las olas, cuando  rompían estruendosas contra los acantilados y Manuel escuchaba, enamorándose de las palabras  que lo hacían viajar  con la imaginación, escuchaba con los párpados cerrados y grabando en ellos las imágenes que ella dibujaba con  palabras.
Abrigaba la  ilusión de  conocer   playas  doradas, cubiertas de espuma y el aire salado que besaba la cara.

Pero Delia se cansó de vivir y una mañana se fue, escalando nubes hasta llegar al cielo, y  los viajes de Manuel quedaron truncos.
 No volvió a sonreír. Sus vecinos le aconsejaron que buscara alguna tarea que lo alejará de tanto dolor.
Comprendió que era imposible volver atrás, debería aprender a vivir el presente y guiado por  sus amigos tomó la decisión de crear un nuevo sueño. Cada amanecer, sentado en el pescante de su carro, cruzaba el arroyo, y lentamente se perdía tras el bosque de acacias.
Curiosos los vecinos, decidieron seguirlo.  Lo encontraron en la cima de un cerro pintando.
En un lienzo, sujeto entre cuatro listones de madera, plasmaba en la tela un paisaje.
Los paisanos daban vueltas a su alrededor, no entendían esas curvas azules y verdes, ondulantes bajo cielos cargados de nubes. Hasta que uno de ellos, le preguntó:
—¿Qué  estás pintando Manuel?
—El océano  —respondió sin dejar su tarea y observando las líneas sinuosas que el viento dibujaba sobre el trigal, continuaba su trabajo. Los vecinos quedaron asombrados, nadie conocía esa veta artística de Manuel, él tampoco.

 El mar crecía, las olas, los acantilados, el amanecer en la playa y las noches de tormenta; llegaban de lejos y los pinceles de Manuel los reflejaban en la tela.

Una mañana decidió que era tiempo de viajar.  Regaló sus pinturas a sus amigos.
Las preguntas cayeron sobre él.
—¿Dónde vas a ir?  ¿Qué vas a hacer?
—Voy a buscar a Delia.
Creyeron que Manuel había enloquecido, trataron de explicarle que ese viaje era inútil, que nunca la iba a encontrar. Él los miraba con pena, como si conociera un secreto que los demás ignoraban.
Llegó el día de la partida, todos los amigos salieron a despedirlo. Lo vieron irse por la calle de tierra, a paso lento y sin valija. En un momento se volvió, agitó las manos, saludando a todos  y ante el sombro de sus paisanos, se disolvió en el aire.

Días después, hubo  conmoción en el pueblo,  corrían los vecinos de una casa a la otra. Primero sucedió un cuadro, luego en otro, hasta que en todos, afloraba el  encantamiento de ver  a Manuel y Delia, caminando por  playas desconocidas, sobre las olas, sobre un risco, sólo ellos, felices junto al mar.



Cuento ya editado y hoy corregido.






23 comentarios:

joaquín galán dijo...

Hola María Rosa,encantado de volver por tu casa literaria.
No te conocía este relato y me ha gustado mucho.Hay almas gemelas que no pueden sobrevivir la una sin la otra y es algo real.Se han dado casos de matrimonios de muchos años que, al morir uno de los dos,el otro lo ha seguido en cuestión de meses e incluso de días...

Un placer volver a leer tus bellas historias.

Y un abrazo

Franziska dijo...

¿Qué puedo decirte? La verdad que has escrito un relato lleno de sensibilidad, de encanto, de magia, de amor. Es inabarcable el sentimiento que trasciende de Manuel y el desconcierto final lo que lo hace único. Maravilloso. Logrado. Una joya.

Un abrazo y te felicito por haberlo escrito. Franziska

TIGUAZ dijo...

Lo que el amor une, la muerte nunca lo podrá separar. Mi admiracióndesiempre hoy si cabe amplificada. Mi cariño y un abrazo.

Mirella S. dijo...

¡Qué linda historia, Mariarosa! Y ese final mágico le calza a la perfección.
Besos.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

El cierre del cuento demuestra que no se ama en vano. Bellamente surreal. Un abrazo. carlos

Sara O. Durán dijo...

Me dejaste suspirando con esta historia. Que se parece mucho a una parte de la mía y con un Manuel, jaja. Mi amor eterno.
Un beso.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

A veces no hay que oir los consejos de los demás.
Bien contado

Margarita HP dijo...

¡¡Qué maravilla Rosa!! Es precioso, precioso, precioso. Me ha encantado la historia, me has emocionado con ese final.Precioso de veras. Un beso :D

Ernesto. dijo...

Un excelente relato, Mariarosa, cargado de sueños y realidades...

Abrazo.

Susana A dijo...

Preciosa historia sobre el amor eterno. Un beso.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Nos dejas un magnífico relato, totalmente mágico e inspirador, Maria Rosa. Según lo iba leyendo, lo he reconocido, amiga...Y es que tus relatos no se olvidan aunque pase el tiempo...El amor es misterioso y hace milagros, sin duda alguna.
Mi felicitación y mi abrazo por tus buenos posts.

Bertha dijo...

Se volvieron inseparables, una bella historia, donde el amor todo lo puede.

Feliz día MªRosa

Un abrazo.

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Una historia muy bonita la que hoy nos regalas, finalmente el amor tiene sus maneras para salir avante y unir las almas de quienes se aman.

Un abrazo.

ReltiH dijo...

UN FINAL HERMOSO...!
ABRAZOS

Elda dijo...

Me ha resultado un relato muy romántico y etéreo, donde el amor tiene una consistencia extrema.
Precioso como lo cuentas María Rosa.
Un abrazo.

Abuela Ciber dijo...

Fue grato visitarte, romantica aun a pesar de los años mi mente volo con tu cuento
Cariños

Geraldine, dijo...

Un gusto leerte como siempre...donde hay mar hay amor...buen finde!

Diego Sánchez dijo...

Feliz final para un relato tan hermoso.
Feliz fin semana.
Un abrazo.

Carlos Alberto. dijo...

Un final tan hermoso como toda la historia...
rencontrarse con ella, allá, donde nadie sabe y como aparecieron en las pinturas.

hermoso
me da gusto regresar por tu santuario literario, hace mucho tiempo... pero estoy aquí

abrazos
carlos alberto

Maru dijo...

Qué bonito escribes, tanta imaginación y creatividad. Felicidades y abrazos.

José A. García dijo...

Muy bueno, me recordó a uno de los Cuentos Asombrosos de Spilberg, pero más allá de eso, está muy bien escrito y con mejor calidad.

Saludos y Suerte.

J.

Lapislazuli dijo...

Increible!!!
Felicitaciones
Abrazo

Magdeli Valdés dijo...

Toda una metáfora esta historia
que me llena de sonrisas por el encanto del recuerdo de aquello momentos vividos orillas del mar...
que igual ando de recuerdos ya pasados y que fueron buenos, cuando navegue por mares desconocidos y bosques ...

las ilusiones se hacen realidad en aquellos que son de noble corazón
y despiertan la imaginación para otros...

un abrazo.

La senda.

Su padre le había hablado sobre el misterio de la muerte. Será un largo andar a oscura –le decía.  Encontrarás  caminos que se...