domingo

Por Julia.


La pereza de un domingo de invierno la recibió con las calles vacías, húmedas por una llovizna que por momentos daba al barrio un aspecto gris. Entró a un almacén sobre la calle California y averiguó  por un hotel o casa dónde podría alquilar una pieza. Preguntó por preguntar, pues ya sabía  dónde iba a ir.

Era una vivienda vieja y mal cuidada, casa donde iban a parar los que no tienen dónde ir y a quienes la fortuna les da la espalda. Las habitaciones en fila sobre la derecha y en el centro el patio de baldosas negras y blancas, una escalera que llevaba a otros cuartos.
Le dijo a la encargada que se llamaba Ángela Mansilla y no le pidió documentos. La escuchaba con una sonrisa burlona, mientras la miraba de costado, le  dio una llave con un número grabado en un cartón y con el dedo índice le señaló arriba. La habitación olía a humedad y,  como único adorno en las paredes sin color, un cuadro con un  paisaje nevado.
Desde la ventana, los techos de las casas vecinas dibujaban humildes restos de tiempos mejores. A un costado observó una fábrica desmantelada y cubierta de arbustos, donde los vecinos arrojaban bolsas, desechos y muebles rotos.
Los primeros días los inquilinos la miraban con curiosidad, aunque se acostumbró a saludar a todos y a no conversar con nadie.
Buscó trabajo, preguntando en los negocios, y le hablaron de un ruso que buscaba una costurera.
Al día siguiente le trajeron una máquina y una bolsa con camisas ya  cortadas.
Se levantaba temprano, tomaba unos mates y luego se sentaba a  coser ese sueño de colores que adornarían las vidrieras de alguna casa de modas.
Al final de la tarde, los del taller del ruso pasaban a retirar las camisas terminadas.
Cosía de memoria. A veces detenía el trabajo, se preparaba unos mates y organizaba mentalmente qué iba a hacer cuando llegara el momento, ese momento tan planeado, al que no le cabían equivocaciones. Por momentos la imagen de su hermana Julia cruzaba por sus ojos, se le crispaban las manos y un rencor pesado le subía desde el estómago y se hacía nudo en su garganta. Se tomaría  tiempo para no levantar sospechas.

El frío del invierno en ese cuarto sin calefacción fue un sufrimiento. La primavera y el verano trajeron colores  que desde las macetas del patio perfumaban  su vida monótona. Pasó el otoño con su baile de hojas amarillas y nuevamente asomó el invierno, se dijo que había llegado el momento de actuar, ya era una más en la casa, a nadie le llamaba la atención su figura menuda vestida con ropa holgada y pasada de moda.
En su bolso, una caja oscura cuyo contenido esperaba el momento de ver la luz.
Sabía que el hombre que buscaba ocupaba la segunda pieza del piso de abajo. Lo había visto algunos domingos, sentado en la puerta y tomando mate. Era tiempo de cumplir con su misión, para eso estaba allí.
Eligió un  viernes a finales de junio. Resultó un día húmedo. Sobre el patio flotaba una bruma densa. Se subió la capucha del buzo, se calzó los guantes y a las siete de la mañana bajó la escalera. Todavía estaba oscuro. El frío mantenía a todos en la cama. El de la pieza dos salía puntualmente a las 7,10hs. Lo esperó. El tipo abrió la puerta y salió. Ella dijo su nombre en voz baja. Él se volvió  y, antes de que reaccionara, ella levantó el brazo y disparó; lo vio caer y mover los labios intentando hablar. ¿Por qué? pareció decir y sólo fue un ahogo. La miró sin entender. Es por Julia, le dijo con la misma voz apenas audible.
La niebla se hizo más densa y, como una cómplice muda, borró las huellas en el piso mojado. Ella subió la escalera temblando de frío y se quitó los guantes, que envolvió junto con el  revólver en un trapo viejo; los guardó en una bolsa plástica  y  los arrojó en la fábrica abandonada, el bulto rodó hasta quedar cubierto por los arbustos.  Se frotó las manos con jabón y, mientras lo hacía, la cara de su hermana Julia, cubierta de tierra y sangre, se fue dibujando  entre sus lágrimas.

El miedo mantuvo a los vecinos encerrados, hasta que alguien se asomó  desde una de las piezas y sólo vio a un hombre  caído sobre las baldosas ajedrezadas del patio.               


Un sol pálido surgió apenas para dibujar  el día, mientras la sirena policial quebraba la quietud de la mañana.

22 comentarios:

Rosana Marti dijo...

Inquietante relato, la venganza será terrible, decimos por estos lares, te felicito amiga me ha gustado mucho.

Besos y feliz semana.

Tot Barcelona dijo...

temo las venganzas, y esta será sonada.
Salut

Elda dijo...

Una venganza servida en plato frío, tuvo paciencia la protagonista para cumplirla y de ello ha salido un fantástico relato.
Un abrazo Rosa María y buena semana.

TIGUAZ dijo...

Inquietante, intrigante y como siempre, bello. Un abrazo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Todo un policial, mezclarse con el ambiente para vengarse.
Bien planteado.
Un abrazo.

Mirella S. dijo...

Es muy triste tener que recurrir a la justicia por mano propia porque a que los que les corresponde hacerlo, no se ocupan como debieran.
Narrado con tu pericia habitual.
Besos, Mariarosa.

Sara O. Durán dijo...

Son una preciosidad de letras. Lograste el ambiente, intrigarnos para seguir, tratando de saber porque ese bajo perfil de la protagonista, hasta Rosa, parecía, jaja... luego desviar la atención al mencionar a la hermana Julia. Para darnos la sorpresa del crimen. ¡Te quedó genial!
Un abrazo de anís estrella.

Ambar dijo...

Un relato estupendo, bien narrado, bien ambientado y con suspense. Me gusto mucho.
Besos

Mari-Pi-R dijo...

Tus escritos como siempre captan toda la atención del lector, pero éste es como ver una película de cine negro. La justicia por uno mismo no es lo que lleva a tranquilizar el espíritu.
Un abrazo.

Franziska dijo...

Desde las primeras líneas estalla el suspense y consigues mantener la intriga y la terrible tensión que la genera. ¿Fué el crimen perfecto? Si no, al menos si ha sido el relato perfecto. Un abrazo.

Diana de Méridor dijo...

Lo malo es que no vinieron en su día a por quien tendrían que haber venido, y en cambio ahora sí vendrán a por ella. No creo que pueda escapar. ¿O sí, madame?

Feliz día

Bisous

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

La vindicta para un buen cuento, del cual se sospecha, pero que al final, la sospecha deja ser y otra es la razón. UN abrazo. Carlos

maría del rosario Alessandrini dijo...

Leerte querida María rosa es muy placentero, sé, que desde las primeras líneas me iré integrando a tus personajes, y así, se hace más interesante participar, eres una gran narradora amiga.
Abrazo

Ernesto. dijo...

Excelente historia, Mariarosa. Siempre un placer adentrarse en tus misterios..., que lo son hasta el final.

Un abrazo.

Julia L. Pomposo dijo...

Me ha encantado el relato, a veces hay que tomarse la justicia por su mano porque las leyes no funcionan como debieran y muchos sinvergüenzas quedan impunes. Me quedo en tu blog
Saludos

Sneyder C. dijo...

Un buen relato lleno de tensión y suspense.

Un cálido abrazo

Diego Sánchez dijo...

Otro hermoso relato para guardar y leer muchas veces.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Un comentario breve,..dos palabras...¡¡¡¡ MUY BUENO.!!!!JUAN ÁNGEL PETTA

Lujan Fraix dijo...

Excelente relato de suspenso, la protagonista que decide quedarse con la última palabra. Es fría y calculadora aunque no lo parezca. Muy bueno querida amiga.
Abrazo

José A. García dijo...

El amor fraternal hace milagros, convierte en bestia a los hombres y en seres impensados a las mismas bestias que nos negamos a dejar de ser.

Saludos,

J.

el oso dijo...

¡Qué relato! ¡Brillante!
No me quedan palabras, me ha encantado como lo mires.
Besos

Carmen Estany dijo...

Un relato con suspense hasta el final. Una costurera aparentemente insignificante, que quería pasar inadvertida para llevar a cabo su crimen perfecto...o no.
Me ha gustado mucho
Un abrazo

Gracias por pasar....

Cada palabra es el eslabón de un rosario que va enlazando cuentos y poemas, historias que alguna vez imaginé, que me han contado o que escuché el un micro de viaje y hoy nacen para ustedes.
Gracias por acompañarme en esta dicha de escribir.

María Rosa